Gilberto Lozano, el hombre que quiso dar un golpe de Estado a AMLO

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Quienes lo conocen aseguran que no puede durar mucho haciendo equipo y sus rupturas suelen ser agresivas y amenazantes.

Gilberto Lozano González, presidente del Congreso Nacional Ciudadano.

Luis Petersen Farah

Sí, es cierto que estudió en el Tecnológico de Monterrey, que dio clase ahí y que trabajó en la iniciativa privada. Gilberto Lozano, líder del Frente Nacional Anti Andrés Manuel López Obrador (FRENAAA), que se encuentra de plantón en Ciudad de México “hasta que el Presidente dimita”, fue también presidente del equipo de Futbol Rayados de Monterrey y directivo en FEMSA, gigante empresarial regiomontano. Un perfil suyo que circula en redes sociales lo vincula con un crecimiento excepcional de este grupo y con el despegue definitivo del equipo de fútbol. Esta valoración es claramente forzada.

El equipo Monterrey quedó en manos de Hacienda tras la presidencia de Jorge Lankenau. Cuando después lo tomó FEMSA, ofreció a Lozano el puesto. Desde ahí invitó a Benito Floro, que había sido técnico del Real Madrid. Hubo mejoría notable. Pero Rayados fue campeón después, en 2003, ya dirigido por el argentino Pasarela y presidido por Jorge Urdiales. Gilberto Lozano estuvo en los tiempos difíciles del equipo.

Con Santiago Creel fue oficial mayor de la Secretaría de Gobernación en el sexenio de Vicente Fox, se alejó porque no lo convencía el nuevo gobierno. A partir de entonces se centró en el activismo político. 

Fue compañero de Tatiana Clouthier en Evolución Mexicana, una organización ciudadana con sede en Nuevo León. Tras una ruptura ruidosa, Lozano estuvo en Canadá, donde formó parte y fue expulsado, según fuentes cercanas, de al menos dos organizaciones similares.

A su regreso a Nuevo León fundó el Congreso Nacional Ciudadano (CNC). Bajo esa bandera participó activamente en la protesta contra el gasolinazo y contra El Bronco que en Monterrey, el 5 de enero de 2017, desembocó en disturbios y particularmente en la destrucción de los vitrales históricos del palacio de Gobierno de Nuevo León. A Lozano se le recuerda arengando desde el propio Palacio, pasando la valla de seguridad. Cuando las cosas se salieron de control, desapareció. Después fue acusado de sedición, de conspiración y de daños al patrimonio.

Quienes lo conocen, estén o no de acuerdo con el gobierno de López Obrador, aseguran que no puede durar mucho haciendo equipo y sus rupturas suelen ser agresivas y amenazantes. Varios participantes de una de las organizaciones por las que ha pasado Lozano se expresaron de su actividad y su estilo como “altamente tóxicos”.

Tóxicas o no, sus exigencias caen más en la grandilocuencia y bravuconería que rebasa incluso los márgenes de la ley, porque además de exigir esta vez la dimisión del Presidente para levantar su plantón, muchos ya olvidaron que hace 10 meses, en noviembre de 2019, se presentó en la Séptima Zona Militar con sede en Nuevo León con un oficio en mano y acompañado de ocho personas, para exigir a las fuerzas armadas un "golpe de estado" para derrocar al Presidente de México.

La "petición" de Lozano al Ejército se dio en el marco del asilo temporal que México brindó al ex presidente de Bolivia, Evo Morales, quien fue rescatado por un equipo diplomático mexicano que lo trajo de aquel país en un avión de la Fuerza Aérea Mexicana, hecho que exacerbó los ánimos de Lozano, quien llamó a evitar la "instauración del comunismo" en México.

Y como muestra, un botón de lo que declaró en aquella ocasión: “Los mexicanos vamos a defender nuestros principios y valores, y hoy que el traidor de López Obrador está dirigiendo todas sus acciones verdaderamente a empujar una agenda extranjera, que es la agenda del foro de Sao Paulo, nos resistimos a que ellos como traidores sigan pisando la tierra mexicana”.

jlmr

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