La independencia implica libertad para tomar decisiones, las que cualquier persona considere para su vida. Como cualquier 15 de septiembre miles de personas se reúnen en la Plaza Juárez de Pachuca, Hidalgo, con la única intención de conmemorar el grito que inició la guerra que dio vida a una nación, México.
Al fondo resuenan melodías que ya son tradicionales, la gente presente canta y baila, pero algo no está tan presente como en años anteriores, décadas e incluso centenarios. Hoy los símbolos que representan ser mexicano parece que pasan desapercibidos, aunque presentes parecen olvidados.
Las notas del himno nacional resuenan y las transporta el viento de la Bella Airosa a muchos rincones de la capital mientras la bandera ondea en lo alto; sin embargo, pocos responden el llamado y entonan la letra con pasión. Mientras pocas personas permanecen y admiran a la enseña nacional, la gran mayoría camina sin el mayor interés a sus símbolos patrios, sino que las pantallas de sus celulares mantienen toda su atención.
En contraste, una persona disfrazada de "payasita", quien vende banderas en la plaza pública, junto a su pequeña hija, fueron de las pocas personas presentes en saludar a la bandera y entonar el himno nacional sin mayor reparo. Mientras otras personas con vestimenta, la cual destaca el tricolor, con costosos sombreros tipo vaquero y otra indumentaria alusiva al estereotipo mexicano no muestran interés alguno en conmemorar el inicio de la lucha que dio la independencia al país.
Dinero y ambulantaje, los únicos símbolos de valor real para la población
El crecimiento de la fiesta se nota en la cantidad de puestos ambulantes que se instalan en los alrededores de la sede de la celebración "oficial", en años anteriores la comida acaparó estos espacios; ahora éstos comparten su espacio con venta de juguetes, joyería, ropa y más productos, la otra cara de la libertad y la independencia.
Poco a poco las personas llegan y su primer instinto es comprar, capitalismo puro en acción, y cómo no hacerlo si se tiene la libertad para ello, y al final todo es motivo de celebración. Las filas de puestos ambulantes, comerciantes informales, lucen abarrotadas, mientras la ceremonia para rendir honores a la bandera carece de espectadores.
Curioso caso, los niños y niñas, entre más pequeños más patriotas, pues son el grupo que más respeta los símbolos patrios, a los héroes que vieron nacer una nación; incluso, perdido entre la muchedumbre pasea un pequeño disfrazado de Vicente Guerrero, primer presidente de la República Mexicana, pero al parecer no llama la atención.
Contrario a esto, un personaje de dibujos animados, un Coyote, recorre el lugar cobrando 10 pesos por foto, él no pasa desapercibido, personas hacen fila por una foto que las personas toman con sus propios celulares. Emprendedurismo le llaman, una secuela de la libertad donde en dinero cobra mayor importancia ante un México que vive dos realidades, algunos tienen en su corazón el amor por el país, otros sólo buscan explotar este tipo de celebraciones para su beneficio, "para todos hay", dice una persona cuando ve la vendimia y los productos que no tienen nada que ver con la guerra de independencia, una situación que deja mucho que pensar.
¡Que Viva México, Que Viva Hidalgo!
El reloj marca la hora, el gobernador del estado, Julio Menchaca, sale al balcón con la intención de replicar las campanadas que dieron inicio a la lucha por la libertad mexicana; reconoce a los héroes que nos dieron patria, la gente vitorea.
Sin embargo, los gritos y la alegría no se compara con la mostrada ante la salida de los artistas que ofrecen el espectáculo de cierre de esta fiesta nacional en la entidad, cantan con mayor fervor que el himno nacional y muestran mayor euforia que cuando la bandera tricolor ondea en el cielo, al final para eso tienen libertad, independencia.
Al final, la plaza pública se iluminó con la pirotecnia, explosiones que hace 216 años daban cuenta de una lucha por la independencia con estruendo de cañones y rifles, hoy sólo iluminan el cielo y conceden a los presentes una sonrisa en sus rostros.