“Le arrebataron la vida a mi hijo a cinco casas de mi casa”; madre pide ayuda a Sheinbaum en Sonora

En la víspera del Día de las Madres, Mar Stephanie interceptó la camioneta de la Presidenta para exigir justicia por Sergio Daniel, un estudiante de 16 años asesinado en Ciudad Obregón tras negarse a trabajar para la delincuencia.

La mandataria tomó los datos de la madre de Sergio Daniel para contactarla. | Foto: Rafael Montes
San Ignacio Río Muerto, Sonora. /

Es la víspera del Día de las Madres y Mar Stephanie, con dos de sus familiares, lleva al menos dos horas esperando a la presidenta Claudia Sheinbaum bajo la sombra de un árbol, en el caluroso municipio de San Ignacio Río Muerto, Sonora, sosteniendo fotos de su hijo, Sergio Daniel Gaxiola, para pedirle a la mandataria que le ayude a hacer justicia por el asesinato de su muchacho, boxeador, estudiante, alegre.

La Presidenta llegará a esta comunidad indígena yaqui para encabezar uno de sus actos de la gira de este fin de semana. Pero Mar quiere hablar con ella, contarle de la muerte de su hijo.

“El día 5 de mayo le arrebataron la vida, a cinco casas de mi casa”, dice la mujer llorando al contar su historia a medios de comunicación, quien reclama que “los autores intelectuales siguen sueltos”.

Al joven de 16 años lo mataron en Ciudad Obregón, en la calle San Dimas, de la colonia Santa Fe, cuando venía de entrenar box, a las 21:00 horas. Dieciocho casquillos quedaron en el asfalto.

Los verdugos llegaron en una moto. Fueron otros muchachos de su edad, compañeros del CETIS 69.

“Iban por él porque él no quiso trabajar para esa gente. Él no hizo caso y por no caer caso, en esa colonia, corremos peligro”, asegura su madre.

Detuvieron a tres, menores de edad.

Era estudiante y deportista: madre de Sergio

Sergio Daniel entrenaba en el gimnasio Los Ángeles. Tenía dos años practicando box. Por eso, además de las fotos del muchacho, su familia también sostiene un cinturón de boxeo que sería el trofeo de la pelea que protagonizaría este sábado.

“El muchacho fue bueno, de corazón puro… Le arrebataron la vida”, insiste la mujer.
“¿Tú crees que él pudo haber hecho algo en la vida? ¿Tú crees que él pudo haber hecho algo malo?”, exclama mientras muestra a su hijo sonriente en las fotos; en una, luce su traje de chambelán para una fiesta de XV años, en otra se le ve con una medalla deportiva colgando del cuello.

Su mamá enseña también la playera del uniforme. Estaba estudiando el cuarto semestre de Administración de Recursos Humanos, una carrera técnica.

Su madre cuenta que no había ninguna razón para que lo mataran. No se metían con nadie. Pero tras su muerte, encontró mensajes en su teléfono celular en donde decía que temía por su vida. Lo habían golpeado. Pero calló por temor.

“Mi hijo pequeño de siete años miró cómo le pegaron, le pusieron una pistola en la cabeza a mi hijo y le pegaron una patada en sus partes inferiores”, recuerda Mar, pero ninguno de ellos lo dijo en su momento por temor.
“Vivir en la colonia Santa Fe es vivir en una colonia llena de problemas, llena de gente mala, llena de gente que se dedica a las cosas malas y gente que se sienten superiores por tener una pistola en la mano”, lamenta.

Ella vendía cenas afuera de su casa, pero “a las 23:30, 00:00 horas, ya nos teníamos que meter porque se oyen los balazos de los chamacos”.

Ahora no puede ir a su casa porque teme por su vida. Dejó a un perro y cosas personales.

Pese a que es consciente del riesgo, Mar lo dice claro: “yo necesito justicia no nada más por él, (sino) por todos los alumnos del plantel, del CETIS, y todas las mamás saben ahorita y a lo mejor sus hijos no les han dicho, pero muchos han sido amenazados, muchos saben que no pueden hablar por temor a que les hagan algo”.

A Sergio Daniel lo despidieron con homenajes en su escuela y en su gimnasio.

De manera simbólica le entregaron el cinturón por el que competiría.

“¿Usted cree que si él hubiera sido malo lo hubieran reconocido?”, repite Mar.

"No pido venganza", madre de Sergio habla con la Presidenta 

Han pasado cuatro días desde el homicidio de su hijo y no ha dormido bien, no sabe bien qué día es hoy, pero aún así, espera paciente, de pie, en el camino terregoso y árido por el que llegará Sheinbaum al acto.

“No pido venganza, Dios sabe, solo pido justicia porque luego van a matar a alguien más; el día de mañana no voy a estar aquí, pero me quiero ir en paz y decir que luché por él hasta el último momento”, solloza.

A las 13:43 horas, crece el rumor de que la camioneta de la presidenta se acerca y entonces, Mar y sus familiares corren y se acercan a la ventanilla del vehículo de la mandataria, que viene con el vidrio abajo, saludando gente.

Mar la tiene enfrente, duda en hablar, está llena de nerviosismo. Pero se anima. Se le quiebra la voz y le salen lágrimas, pero alcanza a decirle a Sheinbaum unas palabras.

La camioneta se frena. La mandataria entiende el dolor, lo percibe. La escucha, saca su celular y le pide su número de teléfono a Mar. Lo anota.

Más tranquila, Mar Stephanie se aleja del vehículo oficial unos segundos después para volver a resguardarse en la sombra, reconfortada.

“Me va a atender, me dijo que me va a atender”, confiesa a MILENIO. Lo logró, logró acercarse a Sheinbaum. Está segura de que la va a ayudar.
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IOGE 

  • Rafael Montes
  • Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Reportero desde 2008. En 2016 se incorporó al equipo de Grupo MILENIO para cubrir Política y asuntos especiales para diario, web y televisión. Aunque sus temas favoritos actuales son transparencia y rendición de cuentas, también le gustan las historias de la gran ciudad.

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