Julio Menchaca Salazar, gobernador de Hidalgo, afirmó en entrevista para MILENIO que el principal desafío de la entidad es consolidar un desarrollo que llegue a todas las regiones, sin perder de vista la seguridad, la reconstrucción tras los desastres naturales y el fortalecimiento institucional.
Entre los retos más importantes, Menchaca identifica el cierre de brechas históricas en servicios básicos como agua, movilidad y educación. El segundo desafío, dijo, es sostener un crecimiento económico que ya es tangible. El fortalecimiento de las instituciones es el tercer eje.
“Sin instituciones fuertes no hay seguridad, no hay justicia y no hay bienestar que sea duradero”.
De cara a la segunda mitad de su gobierno, el mandatario fijó tres metas: concluir la reconstrucción, consolidar el crecimiento económico y profundizar el cambio educativo, sector al que se destina el 46% del presupuesto estatal.
¿Qué lo motivó a buscar servir a su estado mediante la gubernatura de Hidalgo?
Julio Menchaca: Siempre he tenido un profundo cariño por Hidalgo y un respeto enorme por su gente. Soy resultado de una familia trabajadora, de una vida construida en esfuerzo y disciplina, y eso me permitió ver muy de cerca lo que funciona y lo que no funciona en nuestro estado. Durante muchos años recorrí los municipios, conocí comunidades, escuché historias y acompañé causas".
Y llegó un punto en el que entendí que no bastaba con señalar lo que debía mejorar: había que asumir la responsabilidad de transformar. Buscar la gubernatura fue un compromiso que asumí con seriedad con el firme compromiso de devolverle a Hidalgo algo de lo mucho que me ha dado, y para demostrar que cuando un pueblo se organiza y exige resultados, las cosas sí pueden cambiar.
¿Cuáles considera que son los retos más importantes que enfrenta actualmente la entidad?
JM:Hidalgo, como el resto de las entidades federativas, enfrenta varios retos, pero podría mencionar tres en los que hemos destinado toda nuestra atención.
El primero es cerrar las brechas históricas. Hay regiones enteras donde el acceso al agua, la movilidad o la educación se habían rezagado durante décadas. Hoy estamos invirtiendo como nunca, tan solo en infraestructura hemos destinado más de 19 mil millones en tres años, pero todavía falta consolidar ese piso parejo.
El segundo es sostener un crecimiento económico que ya es real. Desde el inicio de la administración 104 proyectos productivos han presentado su carta de inversión. Eso implica garantizar certeza jurídica, formación de capital humano y una infraestructura que acompañe el desarrollo.
Y el tercero es fortalecer nuestras instituciones. Sin instituciones fuertes no hay seguridad, no hay justicia y no hay bienestar que sea duradero. Por eso estamos modernizando el servicio público, combatiendo la corrupción y profesionalizando a nuestros cuerpos policiacos. La transformación tiene que ser integral.
En materia de seguridad, Hidalgo se mantiene entre los estados con menor incidencia delictiva. ¿Cómo visualiza este panorama en los próximos años?
JM: La seguridad no es un logro permanente: es una tarea diaria. Hoy estamos entre los estados más seguros del país gracias a una estrategia que combina inteligencia, presencia territorial y atención a las causas. Hemos capacitado a más de 5 mil elementos, incrementamos el Certificado Único Policial en un 66%, y ampliamos la red de Centros de Atención Temprana para combatir la impunidad.
Todos los días trabajamos arduamente para consolidar este esfuerzo, para que ninguna familia tenga miedo de salir a trabajar, estudiar o disfrutar sus espacios públicos. La seguridad es un derecho, y en Hidalgo estamos demostrando que se puede avanzar sin violar la ley y sin discursos de mano dura que no resuelven nada. Vamos a seguir fortaleciendo esta ruta con apoyo de la presidenta Claudia Sheinbaum y con una coordinación absoluta entre instituciones.
Este 2025 ha sido un año clave por la inversión histórica que ha recibido Hidalgo. ¿Qué ha hecho diferente su gobierno para convertir al estado en un destino atractivo para las inversiones?
Lo que hicimos fue recuperar la confianza que es lo más difícil y lo más valioso.
Cuando iniciamos la administración nos comprometimos a que Hidalgo sería potencia, pero no como un eslogan, sino con hechos: orden financiero, cero tolerancia a la corrupción, trámites claros y un gobierno que acompaña y cumple. Eso cambió la percepción que tenían de nosotros.
Hoy podemos decir que 117 mil millones de pesos en inversión privada no llegaron por casualidad. Llegaron porque el estado envía señales claras de estabilidad, porque tenemos finanzas sanas, al punto de liquidar casi 2 mil millones de deuda heredada, y porque trabajamos de la mano con la federación y con las empresas para que cada proyecto se traduzca en empleos reales.
Además, Hidalgo tiene algo que pocos estados ofrecen: logística, una ubicación estratégica que nos permite cercanía con el centro del país y un sistema educativo muy robusto colmado de jóvenes que quieren trabajar y salir adelante.
Las lluvias de octubre representaron uno de los momentos más difíciles de su administración. Cuando conoció la magnitud del desastre, ¿qué fue lo primero que pasó por su mente?
La vida de las personas. Cuando recibimos los primeros reportes de la vaguada monzónica, que terminó afectando a 28 municipios, nuestra preocupación inmediata fue proteger a las familias, evacuar a quienes estaban en riesgo y activar todos los mecanismos de emergencia.
En Hidalgo hemos sufrido los estragos de varios fenómenos naturales, pero nunca algo de esta magnitud. Saber que cientos de familias estaban perdiendo su patrimonio en cuestión de horas te mueve, te duele y te obliga a reaccionar con rapidez, pero también con serenidad.
En ese momento no piensas en cifras ni en protocolos: piensas en la gente, en sus rostros, en sus casas, en su seguridad pero sobre todo en el poder garantizar que cada una y uno de ellos se encuentren bien.
¿Cómo logró el estado enfrentar ese episodio y cuáles fueron los factores clave para sacar adelante a la entidad?
Lo logramos gracias a la coordinación y a la solidaridad del pueblo hidalguense.
Desde las primeras horas trabajamos junto a la federación, con el respaldo absoluto de la presidenta Claudia Sheinbaum. Activamos un operativo histórico con el Ejército, la Guardia Nacional, Protección Civil y miles de voluntarios que no esperaron instrucciones para ayudar.
Hubo algo muy importante: la gente. Esa fuerza colectiva permitió que, en días, Hidalgo estuviera de pie. Y ahora estamos en uno de los puntos que más nos exige como autoridad: la reconstrucción, pero no descansaremos hasta que cada uno de los 28 municipios regrese a la normalidad.
En lo personal, ¿Qué significó para usted encabezar la respuesta a esta emergencia y ver de cerca cómo los hidalguenses afrontaron la tragedia?
Significó un aprendizaje profundo y también un recordatorio del enorme sentido de responsabilidad que implica gobernar.
Estar en las comunidades, caminar entre el lodo, escuchar a las familias… eso te marca. Te muestra la fragilidad humana, pero también la grandeza de nuestra gente.
Vi cómo personas que también habían perdido algo eran las primeras en extender la mano. Esa solidaridad es el corazón de Hidalgo, y me llena de orgullo.
Y, al mismo tiempo, me reafirmó que no podemos fallarle al pueblo. Esa cercanía es la que nos obliga a seguir trabajando con más convicción.
¿Cómo se logró la coordinación histórica que permitió hacer llegar de inmediato el apoyo a las zonas afectadas?
Se logró porque había trabajo previo. No es posible improvisar una respuesta de esa magnitud en unas horas. Desde el inicio de la administración fortalecimos la comunicación interinstitucional, la planeación de riesgos y la vinculación con la federación.
Cuando llegó la emergencia, cada institución sabía exactamente qué hacer. Además, los municipios hicieron su parte con enorme compromiso, y la ciudadanía se organizó con una rapidez admirable.
Esa mezcla de planeación, voluntad y solidaridad permitió que la ayuda llegara el mismo día a comunidades que hace años habrían esperado muchísimo más.
Este año marca la mitad de su administración. ¿Cuáles son los tres retos más importantes para los próximos tres años?
Primero, la reconstrucción total de las zonas afectadas por la vaguada monzónica. No vamos a descansar hasta que cada familia tenga estabilidad y seguridad en su entorno.
Segundo, consolidar el crecimiento económico. Estamos recibiendo inversiones históricas y necesitamos traducirlas en empleos bien pagados, en infraestructura moderna y en oportunidades para jóvenes, mujeres y comunidades rurales.
Y tercero, profundizar el cambio educativo. Hoy destinamos el 46% del presupuesto estatal a este sector, porque estamos convencidos de que ahí se juega el futuro de Hidalgo. Queremos más acceso, más calidad, más tecnología, más espacios dignos.
¿Cuál es el rumbo que desea para Hidalgo? ¿Y cómo le gustaría ser recordado?
Quiero un Hidalgo que siga creciendo, pero que no pierda su esencia: un estado justo, solidario y con oportunidades para todos.
Un Hidalgo donde los jóvenes tengan futuro, donde las mujeres vivan seguras, donde los municipios avancen juntos y donde las decisiones se tomen con honestidad.
En lo personal, me gustaría ser recordado como alguien que nunca se alejó del pueblo.
Alguien que gobernó con cercanía, que actuó con transparencia y que entregó resultados.
Si algo quiero dejar como legado es que demostramos que se puede transformar un estado con trabajo, con orden, con disciplina y con el corazón puesto en la gente.