Eficiencia operativa: el reto cultural de las empresas mexicanas en la gestión de contratos

La firma global Docusign analiza las barreras de adopción tecnológica y los mecanismos estratégicos para optimizar los flujos de trabajo corporativos

La digitalización de acuerdos permite reconfigurar los flujos de trabajo, reduciendo los tiempos de semanas a solo unos minutos. (Cortesía)
Mónica Villegas
Ciudad de México /
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La evolución del comercio electrónico en México ha llevado a que la discusión sobre las firmas electrónicas deje de centrarse en su validez jurídica, plenamente reconocida por la legislación mexicana, para enfocarse en la eficiencia operativa. Con un marco normativo ya consolidado, el reto de las organizaciones consiste ahora en convertir los contratos digitales en herramientas dinámicas dentro de la operación diaria.

En la práctica, la adopción tecnológica no siempre se traduce en mayor eficiencia. Para Jorge Valencia Ostos, Especialista Jurídico en Docusign México, uno de los errores más frecuentes es implementar herramientas digitales sin tener claridad sobre el proceso que se busca optimizar. “Muchas empresas quieren digitalizar por digitalizar. El problema es cuando no hay claridad sobre qué proceso se quiere volver eficiente”, explicó.

La gestión digital de acuerdos permite automatizar pagos, renovaciones y obligaciones contractuales. (Cortesía)

El choque cultural: replicar lo físico en lo digital

Uno de los principales frenos para acelerar la transformación de los procesos corporativos en México sigue siendo cultural. Las empresas suelen trasladar hábitos del mundo físico al entorno digital, incluso cuando la tecnología ya resolvió esos problemas. Un ejemplo frecuente es la exigencia de rubricar cada página de un contrato electrónico por temor a que el documento sea modificado posteriormente. “Nos decían: ‘quiero rúbrica en cada hoja digital’. Y después entendimos que lo hacían por miedo a que alguien pudiera alterar el documento”, recordó Valencia.

Sin embargo, los sistemas modernos de firma electrónica, como Docusign, incorporan mecanismos que garantizan la integridad e inalterabilidad de los documentos, permitiendo detectar cualquier modificación posterior a la firma. El reto, explicó, no es tecnológico, sino cambiar prácticas que durante años formaron parte de la cultura organizacional.

Contratos activos: de archivos estáticos a fuentes de datos

La transformación más relevante en la gestión de acuerdos no ocurre en el momento de la firma, sino después. Tradicionalmente, los contratos se almacenaban en archivos físicos o repositorios digitales y permanecían inactivos hasta que surgía un problema o una controversia. Hoy, la tendencia apunta a convertirlos en herramientas activas dentro de la gestión empresarial. “El contrato ya no debería quedarse en un cajón digital; debe ayudarte a operar el negocio”, afirmó Valencia.

Bajo este enfoque, los acuerdos pueden activar procesos automáticos como avisos de pago para el área financiera, alertas de cumplimiento de entregas, seguimiento de obligaciones contractuales o recordatorios de renovación.

Para el directivo, la firma electrónica representa apenas la punta del iceberg. El verdadero valor está en la gestión integral del ciclo de vida del acuerdo, desde su creación y negociación hasta el seguimiento posterior de cada compromiso adquirido.

La adopción de plataformas de gestión de acuerdos avanza impulsada por la necesidad de automatizar procesos y aumentar la eficiencia. (Cortesía)

Inteligencia artificial y contratos como fuente de información

La evolución de estas plataformas también está transformando la forma en que las empresas aprovechan la información contenida en sus contratos.

Un ejemplo es la plataforma Docusign IAM, que gestiona acuerdos con IA nativa, usando una expertise de más de 20 años. La IA de Docusign permite consultar repositorios completos mediante lenguaje natural, identificar vencimientos, localizar acuerdos específicos, detectar obligaciones pendientes y generar reportes sin necesidad de búsquedas manuales.

Este enfoque permite convertir documentos tradicionalmente estáticos en una fuente de inteligencia de negocio para respaldar la toma de decisiones y mejorar la visibilidad sobre compromisos comerciales, financieros y operativos.

Un mercado más maduro y enfocado en la eficiencia

La conversación dentro de las empresas mexicanas también ha evolucionado. “Durante muchos años la pregunta era si una firma electrónica era legal en México. Hoy las organizaciones buscan procesos más seguros, eficientes y con mejores mecanismos de autenticación para cada tipo de operación”, explicó Jorge Valencia. En este contexto, las empresas han comenzado a centrar su atención en la optimización de sus procesos internos, incorporando herramientas que no sólo permiten formalizar acuerdos, sino también automatizar tareas, mejorar la trazabilidad y fortalecer el control sobre el ciclo de vida de los contratos.

Como resultado, cada vez más empresas incorporan distintos niveles de autenticación según el riesgo de cada operación, incluyendo códigos de acceso, validación por SMS, verificaciones biométricas y el uso de certificados digitales, como la e.firma del SAT, cuando el nivel de autenticación de la operación así lo requiere.

Además de la seguridad y el cumplimiento normativo, el interés se ha desplazado hacia aspectos como la automatización, la trazabilidad de la información y el control de procesos, reflejando una mayor madurez en la adopción de herramientas digitales para la gestión de acuerdos.

Las PYMEs avanzan más rápido

Contrario a la percepción de que la transformación digital está reservada para grandes corporaciones, las pequeñas y medianas empresas suelen tener una ventaja estructural para implementar cambios.

Valencia compara este proceso con la diferencia entre mover un kayak y un transatlántico: mientras las grandes organizaciones deben modificar estructuras complejas y procesos heredados durante años, las PYMEs pueden rediseñar sus flujos de trabajo con mayor rapidez y flexibilidad. “Las PYMEs tienen menos procesos heredados y pueden adaptarse más rápido”, señaló. Esta capacidad de reacción les permite incorporar herramientas de automatización desde etapas tempranas y construir modelos operativos más ágiles frente a competidores de mayor tamaño.

Un cambio de enfoque

La gestión digital de contratos en México ha entrado en una nueva etapa. Ya no se trata únicamente de sustituir papel por herramientas electrónicas, sino de transformar la manera en que las organizaciones administran sus acuerdos.

En este escenario, el desafío ya no gira en torno a la validez jurídica de las firmas electrónicas. El verdadero reto consiste en romper inercias culturales y convertir los contratos en activos estratégicos capaces de generar información, automatizar procesos y acompañar la toma de decisiones mucho después del momento de la firma.


GCM

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