• Aldo Rendón, el hombre que parece imposible de cancelar en ‘La Casa de los Famosos’

  • ‘La Casa de los Famosos’ es el reality que reúne a celebridades de la televisión y creadores de contenido en un momento en que el escándalo ya no destruye carreras: las impulsa cada domingo.
Ciudad de México /
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DOMINGA.– Hoy inicia La Casa de los Famosos México y debo confesar que es la primera vez que me emociona el arranque de este reality. Hago esta confidencia con bastante pena porque no deja de hacerme sentir expuesto el cubrir –y sobre todo disfrutar– este tipo de contenido frente a mis colegas periodistas que, es verdad, cubren un mundo noticioso evidentemente más urgente. 

Sin embargo, pudor aparte, no le confiero la razón al periodismo “serio” en eso de que lo que ocurre en la televisión o en las redes sociales en torno al espectáculo es trivial. Veo en esa postura desprecio disfrazado de análisis. Más aún, mirando el pasado reciente de este programa se vuelve evidente que se trata de un artefacto cultural importante: 

La primera temporada hizo de Wendy Guevara, una mujer trans, la reina del espectáculo en un país con una crisis de transfeminicidios; la segunda reabrió conversaciones sobre la violencia machista y su mutación gracias al comportamiento del participante Adrián Marcelo; y la tercera –aunque tuvo un impacto mediático mucho menor– sirvió para detonar una reflexión acotada, a partir de Abelito, sobre el capacitismo en nuestra sociedad.

El regreso de La Casa de los Famosos México reabre la disputa entre la vieja televisión y los nuevos ídolos nacidos en internet | Javier Ríos


Esta cuarta temporada creo que logra en su reparto poner en escena la disputa sobre quién define realmente
la agenda cultural de una sociedad y los valores que de ella emanan. Si lo sigue haciendo la televisión tradicional o fue ya completamente eclipsada por las redes sociales y el streaming.

Por eso vemos personajes que apelan a la nostalgia de esa televisión hegemónica, que era la única institución capaz de crear fama y carreras, como son Yahir, quien logró hacer una carrera de cantante después de participar en el reality La Academia; Ernesto Laguardia, que pasó de protagonizar telenovelas a convertirse en un referente de presentador de los programas matutinos; o Cynthia Klitbo, actriz que formó parte del mundo de las telenovelas de los años noventa, cuando eran todavía la joya más valiosa del entretenimiento.

En contraste, están los personajes que deben su fama a las redes sociales. Entre el puñado de creadores de contenido –concepto usado muchas veces como eufemismo de falta de talento– que estarán en La Casa de los Famosos destaca, por mucho, el perfil de Karina Torres. La licenciada –como le apodan sus seguidores, un poco en tono de burla, por haberse graduado con toga y birrete de una academia de estilismo– forma parte del universo de “Las Perdidas”.

Se trata de una mujer trans originaria de León, Guanajuato, que participaba en los videos que Wendy y sus amigas grababan en YouTube. Sin embargo, Karina Torres alcanzó notoriedad propia durante su cobertura de los Juegos Olímpicos de París en los que consiguió integrar información –tampoco se crean que muy educativa– con entretenimiento de una forma mucho más exitosa que los programas hechos por las televisoras mexicanas.

Cuando las opiniones “funables” o “incorrectas” te hacen famoso

Ahora bien, no quiero decir que esta cuarta temporada será una pelea de lucha libre entre rudos y técnicos a partir de la cuál sabremos si el poder del entretenimiento mexicano reside en la televisión o nuestro celular. La realidad es que en este momento no hay un ganador concreto de esta disputa. Es más un asunto gramsciano porque nos hallamos justo en “la hora de los monstruos”, entre un mundo que no termina de morir y otro que no acaba de nacer.

Uno de esos monstruos –metafóricos, evidentemente– es Aldo Rendón. Un fashion stylist de 47 años que se volvió en menos de un año una de las celebridades más importantes no sólo de TikTok, sino de la industria que genera entretenimiento desde redes sociales. Ya sea en La Cotorrisa o en La Más Draga, programa en el que pone un pie y toma el micrófono desata controversia y consigue la preciada viralidad. Su impacto y atractivo reside en sus opiniones “funables” o “incorrectas”. Esto ocurre cuando critica lo que hace o usa la gente en términos de moda, desde un tono mean girl, pasivo-agresivo, haciendo comentarios sobre el cuerpo de la gente, pero también hablando de forma coloquial, intercalando groserías y aderezando con su sello: el uso indiscriminado de la palabra “naco”.


Rendón es un personaje fascinante por híbrido. Parece entender todas las referencias del mundo digital, pero pertenece a una generación que formó su criterio cultural con las revistas, la televisión y las películas que se rentaban en un videoclub. Forma parte de un mundo, como es el de la moda, que se precia de ser liberal y vanguardista, pero él es más bien conservador. Se enorgullece de su origen muy clasemediero en Culiacán, Sinaloa, pero constantemente hace burlas clasistas.

Para acabar pronto: resulta fascinante que alguien que es amanerado, moreno y con sobrepeso logre invocar todo el lenguaje e imaginario con que se discrimina a las personas que se ven como él y aún así resultar vencedor en el juicio de la imagen pública. Aldo Rendón es contradictorio, inconsistente y, por boquiflojo, muchas veces divertido. Dicen muchos de los comentarios que le dejan, en sus videos de TikTok, que dice lo que “todos pensamos pero nadie se atreve a decir”. Un desliz freudiano en tiempos donde parece que la discusión pública siempre está al borde de voltear la mesa y agarrarse de los pelos.

Un crítico de las redes, salido de la televisión

El origen de Aldo Rendón como stylist está vinculado a las revistas y suplementos de moda de los periódicos, pero su éxito lo construyó al amparo de la televisión. Él mismo admite que el trabajo que marcó un antes y un después en su vida fue trabajar con el productor Pedro Torres en la serie Mujeres asesinas en 2009. A partir de ese momento, según él relata, es que pudo comenzar a vestir cantantes y actrices.

Sin embargo, se trata de un personaje que siempre habitó espacios tras bambalinas. Quizás la única participación suya frente a cámara que se rescata es el refrito de Fashion Police llamado Cuídate de la cámara y que era conducido por Edy Smol y producido por la división mexicana de E! Entertainment.

Aldo Rendón llevó la crítica de la televisión al universo digital y convirtió sus opiniones sobre influencers en un fenómeno viral | Especial


Hay que decir que el programa era bastante malo. Tenía ese tono televisivo propio de los años noventa e inicios de los dos mil que usaron personajes como El Burro Van Rankin, Esteban Arce, Facundo, Adal Ramones y Horacio Villalobos que buscaba ser irreverente –como para desmarcarse del concepto tradicional de televisión– pero que terminaba por caer en la risa fácil a través de chistes misóginos y clasistas. Cuídate de la cámara pecaba de los mismos vicios de esa escuela de hacer televisión, pero en el año en que se transmitía, 2014, terminaba por resultar más paródico que provocativo.

La vida y obra de Aldo Rendón fue irrelevante para el grueso de las audiencias en los años subsecuentes. Se pueden rastrear algunas de sus apariciones en las páginas de sociales de los diarios junto a las herederas de familias ricas, pero nada notable hasta finales del año pasado. Regresó a hacer videos en su canal de YouTube y los clips de éstos se hicieron ferozmente virales en redes sociales.

Uno de los aspectos que explica el despunte meteórico que ha tenido la carrera de Rendón es que supo adaptar la noción de crítica de formatos, que dio origen a programas de televisión tan exitosos como Ventaneando, al universo de las redes sociales. En sus videos e intervenciones realizadas como invitado de pódcast, Rendón suele criticar que las personas que son famosas en internet se consideren celebridades.

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Un ejemplo nítido es cuando le preguntaron en La Cotorrisa sobre la boda de Un Tal Fredo, que había sido ampliamente comentado en redes sociales. “La gente cree que es una boda de primer mundo porque van los influencers. No sean gatos, por favor. Los influencers son unos gatos todos y más los que fueron a esa boda”.

También el hecho de que su video más popular en TikTok –10.6 millones de vistas– sea uno en que critica a las personas que participan de la dinámica del get ready with me donde, mientras eligen qué ponerse para hacer alguna actividad, ofrecen tips de belleza para sus seguidores. El que Aldo Rendón voltee a ver las dinámicas de las celebridades de las redes y denuncie que son ridículas es un acto que resulta novedoso en nuestro contexto, pero tiene sus raíces en una cultura televisiva emanada de la década de los noventa.

Más de la mitad de los jóvenes quieren ser creadores de contenido

Después de la privatización de Imevisión y el surgimiento de Tv Azteca en 1993, se dio un periodo conocido como “La Guerra de las Televisoras” en la que era habitual que se comparara la calidad entre lo emitido por Televisa y la televisora de reciente creación. Ventaneando, conducido por Pati Chapoy, tuvo un rol fundamental en ello porque fue el primer espacio donde se empezó a criticar las actuaciones exageradas y los guiones delirantes que se utilizaban como si nada en las telenovelas.

Además, fue en esa década que se comenzó a parodiar el contenido y los personajes que aparecían en televisión, primero en los sketches realizados por Eugenio Derbez y, ya llegado el nuevo milenio, en programas como La Parodia.

Aldo Rendón se hizo adulto en ese contexto y justamente eso vuelve interesante el que su crítica, tan con tufo a la televisión, sea bien recibida en este momento. Desde hace veinte años y hasta la fecha, YouTube y después el resto de las redes sociales permitieron crear toda una generación de personas que podían con poco presupuesto hacer “programas” similares a los de la televisión sin la necesidad de formar parte de las dinámicas, grillas y palancazos de las televisoras.

Millones de jóvenes sueñan con vivir de las redes, mientras internet comienza a parecerse cada vez más a la televisión que buscó reemplazar |Cortesía


La democratización del acceso para ver y producir estos programas fue entendida, sobre todo por la gente joven, como
una posibilidad de conseguir fama y éxito gracias a su creatividad o belleza. Sin embargo, esa democratización también ha traído consigo la idea de que cualquiera puede convertirse en influencer y tener éxito como para vivir de ello. 

Hay un puñado de estudios –todos elaborados por consultoras un poco dudosas– que se vuelven virales año con año porque dicen que más de la mitad de los jóvenes pertenecientes a la Generación Z y Alfa –nacidos entre los 2010 y 2025– quieren ser creadores de contenido. Aunque las cifras y metodología son endebles, es verdad que la industria de la educación ha buscado capitalizar esas tendencias y no sólo hay en México escuelas especializadas, sino que universidades como la UVM integran materias de creación de contenido en sus planes de estudio y la Universidad Anáhuac hasta ofrece un diplomado en “Imagen, influencia y marca personal”.

El que Aldo Rendón diga que los famosos del internet no son realmente famosos y que su comentario sea abrazado con millones de vistas habla de algo más grande que él mismo. Ya no es tan claro que el internet sea origen de un cambio creativo en el entretenimiento, sino que comienza a transformarse en un espacio con vicios televisivos, como el repetir las fórmulas exitosas hasta desgastarlas y volverlas insoportables. Sí, gracias a los smartphones cualquiera que tenga un celular puede fantasear con ser estrella de televisión, pero tiene que lidiar con el hecho de que en cada uno de nosotros vive también un ejecutivo falto de ideas.

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El antídoto a la cultura de la cancelación


Hay un segundo motivo por el cuál la presencia de Aldo Rendón, en la televisión o en las redes sociales, es magnética: su propensión a la incorrección. Su presencia ejerce una constante curiosidad respecto a si dirá algo que es “cancelable” y si podrá salirse con la suya de una forma que resuena con una tensión muy vigente sobre la posibilidad de las contradicciones en un mundo culturalmente polarizado entre el conservadurismo político y la cultura woke.

El asunto no es menor. Tan sólo hace unos días fuimos testigos del problema corporativo que generó Pedro Sola al olvidar que estaba al aire en televisión abierta y decir que le dan ganas de envenenar a los perros que llevan a restaurantes y tiendas departamentales y hasta de balacear a sus dueños. El tono en que dice todo lo anterior es de burla y las risotadas de Pati Chapoy así lo demuestran, pero no deja de ser un error bastante gratuito por parte del conductor.

No es la primera vez que Sola hace comentarios así escudándose en el “humor negro”, pero la diferencia es que hoy las redes sociales hacen que esos dichos no se pierdan en un mar de emisiones, sino que los pueden sacar a relucir una y otra vez. En situaciones así lo dicho desata rabia de multitudes y con ello atención que se puede monetizar. Sin embargo, Aldo Rendón rara vez sufre lo que padeció Pedro Sola. ¿Por qué parece que es incancelable?

El éxito de Aldo Rendón también reside en su capacidad para provocar sin quedar atrapado por la cancelación digital |Especial


La filósofa Judith Butler en su libro
El género en disputa escribe sobre las drag queens como un dispositivo que opera en la contradicción. Artistas hombres que usan vestido, tacones, maquillaje y se mueven con una gracilidad que le atribuímos como sociedad a lo feminino. Sin embargo, la drag queen no busca sólo pasar por mujer, sino habitar las contradicciones que se hacen evidentes entre lo que representa su cuerpo y lo que manifiesta su vestuario y su forma de conducirse.

Por eso vemos que la ropa “femenina” y el maquillaje es muy exagerado y busca también aprovechar las características físicas “masculinas” –como la estatura o las facciones del rostro– para crear ilusiones que terminan por expresarse en un punto medio entre lo masculino y lo femenino.

Algo similar ocurre con Aldo Rendón. En este tipo de programas usualmente el público habla de que los participantes tienen una persona y un personaje con el que “juegan” para conseguir la simpatía del público y de los otros integrantes del reality. De ese modo pueden conseguir votos y en última instancia ganar la competencia. En el caso de Rendón pareciera que existe una persona y el personaje de un crítico de moda, imprudente, agresivo y un largo etcétera. Sin embargo, es tanta la distancia entre lo que representa su cuerpo y su biografía frente a la forma en que habla, critica y se viste su personaje, que termina por construir una parodia de sí mismo.

Hablar desde lo paródico le permite adoptar el rol del niño en la fábula de “El traje nuevo del emperador” y gritar que el rey va desnudo. Es decir, puede decir cosas cancelables, conservadoras, groseras y colar una crítica al absurdo del sistema de celebridades que ha creado el internet y la televisión porque constantemente él renuncia, no sólo en su performance público, a ser una voz autorizada para hablar de medios o política o cultura porque pide explícitamente “no esperen nada de mí”.

En ese rol radica la importancia y la novedad respecto a esta nueva edición de La Casa de los Famosos. La discusión que pone sobre la mesa con su reparto es, como escribí antes, sobre el futuro del entretenimiento y la disputa por el poder entre las redes sociales y la televisión. Habrá quien diga que ese pleito está ya saldado y la tele está acabada, pero entonces ¿qué hacen todos esos influencers peleándose por entrar a un formato de televisión que tiene más de tres décadas de existencia?

Por el contrario, la presencia de Aldo Rendón creo que puede catalizar la discusión al evidenciar no sólo los vicios de cada grupo, sino las similitudes entre lo que hoy se consume en TikTok y lo que se consumía antes en la televisión. Si el formato cambia en el tiempo, pero la calidad del contenido se estanca, ¿qué tanta culpa tenemos de ello como audiencia?, ¿por qué una generación que supuestamente creció sin televisión está haciendo contenido de la misma calidad de la televisión?

Esta Casa de los Famosos pinta para ser un gran experimento. No sociológico, como trata de justificarse desde un tono academicista. Es un experimento que pone a prueba la tolerancia de una compañía de televisión y de nosotros como usuarios de redes sociales para escuchar que se denuncien los mitos que han construído sobre la fama, el entretenimiento, el empoderamiento de las audiencias que nos gusta creer que son ciertos. Atestiguar qué pasa cuando griten que el rey va desnudo.


GSC / MMM


  • Luis Mendoza Ovando
  • Periodista de investigación en la productora Detective y columnista en el periódico El Norte. Cuenta con una maestría en Periodismo de Investigación en Políticas Públicas por el CIDE.

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