La primera vez que Dromeda usó un traje de licra que cubrió todo el cuerpo, incluida la cara, sintió nervios, pero la sensación pronto se transformó en comodidad.
Al frotar la textura del traje, tersa, y observar sus patrones y colores, entró en un estado de relajación que le permitió realizar una sesión fotográfica de estilo Zentai, una subcultura originaria de Japón que poco a poco suma adeptos en México.
“Me buscaron para modelar y en la primera sesión me enamoré de los trajes. Es una experiencia anormal, pero muy bonita”, recuerda la joven de 24 años en entrevista con MILENIO.
El sentido del Zentai
A esa primera sesión, que tuvo lugar hace cuatro años, la convocó Zentai México, una comunidad digital que se define con tres palabras: “cultura, estilo, libertad”, y que reúne miles de seguidores: 7.3 mil en Instagram, 4.9 mil en Facebook y 2.9 mil en X.
“Somos un grupo de modelos, entre 12 y 15 chicas, y fotógrafos, y venimos a ser la primera comunidad Zentai en México. El organizador vive en Estados Unidos y nos convoca con cierta regularidad a hacer sesiones”, detalla Dromeda, quien prefiere guardar su nombre de pila.
En su primera interacción con un traje — generalmente de licra, aunque también puede ser de látex —, la modelo conoció lo básico de esta subcultura.
De ahí, decidió investigar más y descubrió que es un movimiento muy fuerte en Japón con un origen artístico que data de los 80, y que se ha ramificado hacia expresiones fetichistas, el cosplay o la simple ornamentación.
“Es algo bello que satisface la visión”, apunta Dromeda, quien pronto le tomó “cariño” al Zentai porque, además de que “fue un boom para mis redes sociales”, le dio un sentido de pertenencia a una comunidad y la llevó a reflexionar sobre la identidad y el anonimato.
“Siento que es una manera de camuflaje; (con el traje) llegas a un lugar donde solo eres tú y tu mente, como una meditación en la que puedes alcanzar una comodidad contigo mismo. No lo veo en función de los cuerpos, sino de lo que provoca, el sentimiento”.
"No es ocultarse, es algo más emocional"
Tras casi un lustro en el movimiento, la joven se siente contenta practicando esta expresión artística. Sus seguidores, dice, han aumentado gradualmente no solo en México, también en otros países.
Por ejemplo, un fan viajó desde Inglaterra para conocerla "y pasar un momento en Zentai; al principio se me hizo raro, pero hasta me regaló un traje”.
Un obsequio valioso, considerando que una pieza de “muy buena tela” puede costar “de 2 mil pesos para arriba”. También influye encontrar a un sastre que sepa trabajar estos materiales, apunta la modelo, quien actualmente posee cuatro trajes, comprados por mil 500 pesos a una colega que ya no planeaba usarlos.
Sobre el enfoque fetichista del Zentai, aclara que ni ella ni Zentai México venden contenido de este tipo, aunque reconoce que es una decisión personal incursionar en ello.
“Me he dado cuenta de que quienes tienen cierto fetichismo es por la sofocación que pueden sentir con el traje”, añade.
Dromeda cuenta que le gusta acudir a las sesiones porque, además de compartir tiempo y anécdotas con sus compañeras modelos, disfruta la reacción de las personas: “A la gente le impacta ver a alguien vestido así, genera un atractivo visual y se acercan a preguntar. Y eso tiene un impacto emocional en mí”.
En Zentai México toman precauciones. “Si va a ser al aire libre, no damos la ubicación porque somos varias señoritas y por lo regular solo vienen uno o dos fotógrafos”.
También señala que se trata de una actividad para hombres y mujeres, y recuerda que en alguna ocasión un joven se animó a modelar.
“Si quieren saber más, la manera más directa es acercarse a Zentai México o su modelo de preferencia y nosotras proporcionaremos la información en nuestras manos”.
Dromeda cierra la charla con una idea clara: “No quiero que piensen que solo es fetichismo o algo extremo. Que se entienda que es algo artístico. Siempre habrá prejuicios, pero para mí no es ocultarse, es algo más emocional”.
hc