Cirugía robótica revoluciona la oncología en el Incan

Aunque no es aplicable a todos los casos, representa un avance institucional que busca generar evidencia de impacto en supervivencia y recurrencia.

Tecnología y humanidad: el impacto clínico de la cirugía robótica en cáncer. (Archivo)
Ciudad de México /

En las salas de operación del Instituto Nacional de Cancerología (INCAN), el bisturí tradicional ha cedido espacio a brazos robóticos que, mediante incisiones de apenas ocho milímetros, extirpan tumores de recto, próstata, endometrio, pulmón, hígado, páncreas, colon, esófago y estómago.

Itzel Vela Sarmiento, coordinadora del programa de cirugía robótica del instituto, explicó que lo que antes implicaba cortes de 20 a 30 centímetros, hospitalizaciones prolongadas y secuelas permanentes como colostomías o pérdida de continencia urinaria y sexual por daño nervioso en la pelvis profunda, hoy permite egresos en 24 a 48 horas y una recuperación más rápida en pacientes del sistema público.

Sarmiento, cirujana oncóloga adscrita al Departamento de Tumores de Tubo Digestivo, agregó que el proyecto inició en agosto de 2024 y está por alcanzar 300 procedimientos.

“Estamos consolidando un programa institucional. No es un caso aislado. Son casi 300 cirugías robóticas realizadas en menos de un año”, afirmó en entrevista con MILENIO.

El programa integra equipos de cirugía de tórax en resecciones pulmonares; colon y recto; ginecología oncológica en cáncer de endometrio; urología en próstata; hepatopancreatobiliar para hígado y páncreas; y tumores de esófago y estómago.

Beneficios clínicos medibles

Los resultados, sostuvo, son concretos y verificables. “Pacientes que caminan e inician alimentación oral en las primeras 24 horas, con sangrado transoperatorio mínimo que evita transfusiones e infecciones”, señaló.

En estancia hospitalaria, la cirugía robótica reduce el internamiento a dos o tres días, frente a cinco a ocho días en cirugía abierta o laparoscópica.

“El impacto no es solo comodidad. Menos días hospitalizados significan menor riesgo de infecciones y una recuperación más rápida”, explicó.

En sangrado transoperatorio, se reporta como bajo y sin transfusiones, mientras que en la técnica convencional puede ser alto y requerir transfusiones frecuentes.

En cáncer de recto, agregó, la cirugía robótica preserva el esfínter hasta seis por ciento más que la laparoscopia.

“Para el paciente eso significa evitar una ostomía permanente y conservar funciones urinarias y sexuales. Estamos hablando de calidad de vida”, afirmó.

El instituto atiende una población compleja: alrededor de 30 por ciento de los pacientes llega con enfermedad metastásica y entre 40 y 50 por ciento con tumores localmente avanzados.

“Trabajamos en pelvis profunda, en espacios estrechos rodeados de nervios. La visión diez veces magnificada en 3D y alta definición nos permite identificar estructuras críticas con mayor claridad”, explicó.

¿Cómo se realiza la intervención?

La cirugía robótica no es un procedimiento automatizado. Todo está controlado por el cirujano desde una consola.

“Cada movimiento lo ejecutamos nosotros. El robot no toma decisiones. Es una extensión de nuestras manos dentro del paciente”, comentó.

El procedimiento inicia con el posicionamiento del paciente y la colocación de trócares a través de incisiones de aproximadamente ocho milímetros. Por esos accesos se introducen los brazos robóticos articulados y la cámara de alta definición.

“El primer paso es colocar estratégicamente los puertos. Eso define el acceso al tumor y la seguridad de la cirugía”, detalló.

Desde la consola ergonómica, el cirujano controla la cámara y los instrumentos mediante pedales y mandos manuales.

Los movimientos son filtrados, precisos y libres de temblor fisiológico.

“La plataforma elimina el temblor y permite movimientos que la muñeca humana no puede hacer en espacios reducidos”, agregó.

En tumores de recto, la disección ocurre en la pelvis profunda, una zona anatómica compleja.

“Podemos identificar estructuras nerviosas con mayor claridad y preservarlas. Esa es la diferencia”, sostuvo.

El objetivo es lograr márgenes negativos, es decir, retirar completamente el tumor sin dejar enfermedad residual. “No solo es quitar el tumor. Es hacerlo con precisión y preservar función”.

El equipo incluye anestesiología, enfermería instrumentista, técnicos en robótica e ingeniería biomédica. Mientras el cirujano opera desde la consola, un segundo cirujano permanece junto al paciente. “No es un trabajo individual. Es cirugía en equipo”.

¿Quiénes son candidatos?

La cirugía robótica no es para todos los pacientes. “No todos son candidatos. Seleccionamos tumores no voluminosos ni extensamente metastásicos”, precisó.

La decisión se toma en equipos multidisciplinarios con oncología médica y radioterapia. “La cirugía es parte de un tratamiento integral. No sustituye quimioterapia ni radioterapia”, sostuvo.

En algunos casos se realizan resecciones simultáneas de colon y metástasis hepáticas limitadas tras quimioterapia.

“Hay escenarios donde lo que antes se consideraba inoperable puede tener intención curativa, pero siempre bajo criterios estrictos”, explicó.

La cirugía robótica no elimina riesgos. “No es infalible. Puede haber fugas, sangrado o complicaciones como en cualquier cirugía mayor”, advirtió.

“El robot no sustituye al cirujano. Es una herramienta que amplifica nuestra capacidad”.

La diferencia, explicó, está en la precisión milimétrica y en la capacidad de trabajar en anatomías complejas con mayor control visual.

Aunque la inversión inicial es elevada, Vela Sarmiento sostuvo que la reducción en complicaciones, estancias hospitalarias más cortas y menor incidencia de infecciones quirúrgicas puede generar ahorros indirectos.

“Menos días en cama significan menor consumo de recursos y menor riesgo de eventos adversos. Eso también es eficiencia”, afirmó.

El instituto consolida datos prospectivos de supervivencia y recurrencia para medir el impacto a largo plazo.

“Estamos generando evidencia institucional. No solo operamos, documentamos resultados”, subrayó.

En un país donde el cáncer es la tercera causa de muerte, la cirugía robótica no sustituye la estrategia oncológica integral, pero redefine el componente quirúrgico del tratamiento.

“La tecnología no vence al cáncer por sí sola. Pero sí nos permite enfrentarlo con mayor precisión y preservar calidad de vida”, puntualizó.

LG

  • Blanca Valadez
  • Periodista formada en la UNAM. Con 33 años de oficio, impulsada por la curiosidad y la aventura. Ha captado la voz de ilustres como Octavio Paz y Carlos Fuentes. Hoy explora los enigmas del cuerpo y la mente en relatos que resuenan en prensa, TV, radio y web.

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