Las amistades son de las pocas relaciones que escogemos por voluntad propia, ya que las consideramos como un lugar seguro para ser nosotras y nosotros mismos. Es por ello que resulta complicado no sólo terminar una relación de amistad, también identificar cuando ese gran amigo o amiga ya no tiene un lugar en nuestra vida.
¿Cuándo terminar una amistad?
La amistad se caracteriza por tener un vínculo mucho más flexible que una relación de pareja o, incluso, de hermanos.
Por ello, una pequeña inconformidad o discusión puede ser irrelevante; toda vez que no se convierta en un patrón recurrente. A ese punto, explica Gio Dolcecore, profesor de la Universidad de Mount Royal, ya se podría hablar de una “amistad tóxica”.
“Que un amigo cancele una cena una vez es diferente a que alguien ignore tu tiempo constantemente. Que un amigo esté menos disponible durante un periodo difícil es diferente a una relación donde el apoyo fluye siempre en una sola dirección”, ejemplifica en su artículo para The Conversation.
¿Cómo reacciona a las conversaciones incómodas?
La “toxicidad” que Dolcecore mencionó puede derivar en actos de manipulación, violación de límites, indiferencia e incluso manipulación emocional. Y esto se manifiesta hasta en las conductas o en las emociones más “simples”, por ejemplo, cuando “después de salir, llegas a casa y sientes malestar, incomodidad, culpa o minimización”.
“No necesitamos llegar a un extremo para saber que algo ya no funciona”, señaló la psicóloga, Isela Guadalupe Román Tirado, en entrevista con MILENIO.
Así, y antes que se convierta en un patrón, la especialista recomienda externar sus inconformidades, reconocer las virtudes de la relación (y de la persona), y, de ser necesario, renegociar los límites que rigen a la amistad.
Claro que dichas pláticas pueden resultar incómodas, pero también son claves para decidir si “salvar la amistad” o poner punto final.
Por ejemplo Dolcecore propone “seguir intentando” cuando, pese a los conflictos y dificultades, ambas partes aún se valoran, reconocen sus sentimientos, asumen sus responsabilidades y buscan la manera de seguir adelante. Aunque, destacó, esto “no significa fingir que no ha pasado nada”.
Por su parte, Isela Román recomienda prestar atención no sólo a cómo el o la amiga reacciona durante la conversación, también a cómo actúa a partir de ella en los siguientes días. ¿Hay reciprocidad? ¿Aún trabaja en equipo en pro de la relación? ¿Es responsable con sus actos?
“Si tu ya intentaste hablar y simplemente no dio resultado, ahí te recomendaría distanciarse. Porque no podemos obligar a las otras personas a escucharnos, pero tampoco vamos a desgastarnos emocionalmente”.
Por el contrario, si hay comprensión, reciprocidad y las acciones posteriores demuestran intención de sanar o de seguir creciendo; podría decirse que hay “terrenos” para salvar la amistad.
ASG