Hay eventos pequeños que, en suma, pueden desatar una avalancha. Los microinfartos, también conocidos como accidentes cerebrovasculares silenciosos, pasan desapercibidos para la mayoría de quienes los sufren, pero dejan pequeñas lesiones acumulables.
Aunque no siempre derivan en problemas, diversos estudios —incluido un artículo publicado en el Journal Clinical Medicine— alertan sobre su papel en el deterioro del cerebro y los riesgos de demencia, por lo que, conocer cómo prevenirlos se convierte en una herramienta de protección para el funcionamiento del cuerpo.
La causa invisible del daño en el cerebro: qué son los microinfartos
Los microinfartos son pequeñas lesiones causadas principalmente por la obstrucción o ruptura de vasos sanguíneos diminutos, conocidos como arteriolas o capilares, ubicados en todo el cerebro.
El nombre hace evidente su tamaño: las lesiones miden muy poco, algunas apenas alcanzan los 0.05 milímetros, de ahí que resulten prácticamente invisibles en las tomografías convencionales, de hecho, son difíciles de detectar en las resonancias, la mayoría de los estudios al respecto se han centrado en el análisis del cerebro post mortem.
¿Por qué ocurren?
Un grupo internacional y multidisciplinario a cargo de la investigación Cerebral microinfarcts: the invisible lesions, publicada en The Lancet Neurology destaca que a menudo, el daño es provocado por enfermedades de pequeño vaso relacionadas con hipertensión, diabetes y aterosclerosis.
Básicamente ocurren debido a “tapones” locales ocasionados por coágulos pequeños que viajan desde el corazón o las arterias carótidas, como explica un análisis Practical Neurology. Dependiendo de su ubicación, se dividen en dos tipos:
- Corticales: Ocurren en la capa exterior del cerebro
- Subcorticales: Se presentan en zonas profundas del órgano
Los estudios proponen que su mapeo es crucial, pues sus efectos a largo plazo parecen estar asociados a la zona en la que se distribuyen.
Pese a que son pequeños y silenciosos pueden causar que áreas del cerebro se “desconecten” limitando la red y circuitos. Cuando un vaso pequeño se bloquea las neuronas dejan de recibir oxígeno y mueren, lo que con el tiempo, contribuye a la pérdida de conectividad, limitando el acceso a recuerdos o funciones.
¿Qué tan comunes son?
Se ha detectado que los microinfartos son frecuentes durante las etapas avanzadas de la vida. De acuerdo con una revisión del Journal of Cerebral Blood Flow & Metabolism se estima que están presentes en gran parte de los cerebro de quienes tienen 70 o más, aunque la mayoría de los afectados nunca experimenta síntomas inmediatos.
Expertos sospechan que la presencia de un sola lesión detectada a través de resonancias magnéticas podría ser señal de cientos o miles más a nivel microscópico, como plantea la investigación publicada en Practical Neurology.
¿Quiénes tienen más probabilidades de sufrir microinfartos?
El desgaste del cerebro con el paso del tiempo por sí mismo implica un mayor riesgo de sufrir microinfartos, sin embargo, y como han detectado diversas investigaciones, nadie envejece de la misma forma, por lo que se deben considerar otros factores como:
- Hipertensión y enfermedades cardiacas: la primera es considerada una “muerte silenciosa”, dentro de los múltiples efectos negativos que ocasiona en el cuerpo, la hipertensión es la culpable de dañar las paredes de los vasos finos localizados en el cerebro. Quienes padecen fibrilación auricular (el tipo de arritmia más común) también tienen mayor riesgo debido a que la condición reduce la eficiencia de bombeo del corazón, limitando así que el oxígeno que viaja en la sangre alcance cada rincón del cerebro.
- Pacientes con angiopatía amiloide: esta enfermedad se caracteriza por acumular una proteína que usualmente se desecha de forma natural. Conocida como amiloide, su presencia va obstruyendo las paredes de los vasos pequeños.
- Diabetes: el centro de control de los nervios es sensible a la glucosa (azúcar) que recibe, de hecho, tanto los niveles bajos como los elevados de la misma pueden dañar los vasos sanguíneos, como explican los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus sigla en inglés).
- Tabaquismo: además de un mayor riesgo de enfermedades pulmonares y varios tipos de cáncer, los componentes del cigarro provocan inflamación, estrechamiento, aterosclerosis en los vasos sanguíneos reduciendo el flujo de oxígeno que recibe el cerebro.
¿Por qué están tan relacionados con la demencia?
Conforme se acumulan, estas pequeñas lesiones aumentan el riesgo de demencia. Un artículo en Journal of Clinical Medicine subraya que los microinfartos son terreno fértil para el deterioro cognitivo e incluso, Alzheimer.
Al verse interrumpidas las redes de conexión cerebral comienza a disminuir la velocidad en la que se procesa la información, se dificulta recordar cosas, así como la planificación y la toma de decisiones.
¿Cómo blindar al cerebro?
Estudios centrados en los cerebros de “super ancianos” han detectado que el daño no es necesariamente obligatorio durante el envejecimiento. Al respecto, un artículo de Mayo Clinic destaca: los mismos hábitos de vida que reducen el riesgo de enfermedad, diabetes y cáncer también reducen el riesgo de deterioro cognitivo.
Cómo detectar el Alzheimer antes de los primeros síntomas graves, el Dr. Diego Apreza explica
Dado que el tejido cerebral perdido por un microinfarto no se recupera, la vía más adecuada para evitar sus efectos es la prevención a través de:
- Control estricto de la presión arterial: es la medida más efectiva para proteger los pequeños vasos.
- Gestión de la salud cardiovascular: mantener niveles óptimos de colesterol y evitar el sedentarismo.
- Nuevas terapias: un reporte en International Journal of Stroke explora fármacos que protegen el endotelio vascular para evitar que los vasos se vuelvan "permeables" o se obstruyan
LHM