Un geólogo desmonta el mito del Cinturón de Fuego: “Lo que pasa en Japón se queda en esa zona. Si estoy en México o Colombia ya no tiene nada que ver”

Lo que popularmente se conoce como “el Cinturón de Fuego” comprende los límites de una placa que lleva activa más de 200 millones de años.

El cinturón de fuego se ha convertido en una analogía útil pero imprecisa para el complejo fenómeno sísmico | Antonio Texta
Ciudad de México /
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M+.- Nos inventamos historias para comprender mejor al mundo: el Cinturón (o Anillo) de Fuego es una de ellas, se caracteriza por concentrar algunas de las zonas de subducción más importantes del mundo en donde se concentra una intensa actividad sísmica y volcánica. Algunas ilustraciones lo enmarcan como una especie de herradura que bordea las costas del océano Pacífico.

Lo que rara vez se menciona es que geológicamente no existe, pues como precisa el ingeniero geólogo del Instituto Politécnico Nacional y miembro de Equipo Humanitario de OpenStreetMapAlejandro Salazar Méndez, el planeta no posee una única estructura geológica continua: lo que hay son distintas fracturas, fallas y sistemas volcánicos que se entretejen, hunden y colapsan desde hace más de 200 millones de años.

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“Todas estas estructuras geológicas no están interconectadas, tenemos que entender que cada sección es única y especial”, comparte el especialista durante una charla con MILENIO.

Si no existe el Cinturón de Fuego, ¿hay algo que conecte a los grandes sismos?

El concepto que engloba a una cuenca en forma de herradura de 40, 000 kilómetros, evolucionó a partir de las observaciones de cadenas volcánicas globales realizadas a principios del siglo XIX hasta convertirse en una idea reproducida por medios y expertos que buscaban una analogía para comprender la complejidad de la Tierra.

"El anillo de fuego, es un término más coloquial, más periodístico. Como tal en la geología no existe. Esta estructura geológica que se marca en los mapas no existe tal cual", comparte el experto. 

Los sistemas tectónicos y volcánicos no están interconectados entre sí a gran escala, pero la idea sobre el Cinturón de Fuego parece hermanar temblores y volcanes de diferentes países cuyo territorio conecta con las aguas del océano Pacífico.

Esto incluye a Chile, Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala, México, Estados Unidos y Canadá; pero también a las Islas Aleutianas, entre Alaska y la península de Kamchatka. Se prolonga hasta las costas e islas de Rusia, Japón, Taiwán, Filipinas, Indonesia, Papúa Nueva Guinea y Nueva Zelanda.

Sin embargo, aunque esto parezca unir al monte Fuji en Japón y el Popocatépetl en México, debido a dinámicas similares dentro del margen del pacífico, sus cámaras magmáticas, química, evolución e historia son completamente distintas. Ni siquiera el volcán Iztaccíhuatl, que se encuentra a unos 18 kilómetros, está conectado a Don Goyo. Algo similar ocurre con los terremotos.

El ingeniero considera que la gente suele olvidar lo inmenso que es el planeta y lo resistente y diversa que es la roca, por lo que, a más de 300 kilómetros de distancia, la influencia directa de un evento sísmico prácticamente desaparece.

“Lo que pasa en Japón se queda en esa zona. Si estoy en México, Colombia o Chile ya no tiene nada que ver”, aclara.

En general, para que se desarrolle un terremoto de gran magnitud se necesita de una acumulación de décadas o siglos de energía. “Un sismo de magnitud 7 puede requerir entre 30 y 40 años de acumulación en una zona muy activa, o entre 100 y 200 años en zonas menos activas”, detalla.

Unas personas pasan junto a los escombros de un edificio derrumbado tras un terremoto en Pereira, Colombia. | AFP

Lo que sí se desplaza a grandes distancias es la energía transmitida por la columna de agua. Un gran terremoto oceánico en Chile o Japón puede generar un tsunami que cruce todo el océano Pacífico e impacte costas lejanas horas después, pero este comportamiento es propio del agua, no de las estructuras que conforman la estructura interna del planeta.

¿Por qué hay tanta actividad en ciertas regiones?

Existen un sinfín de imágenes que indican la forma del Cinturón de Fuego, pero las versiones son más fieles a la imaginación humana que a lo que realmente ocurre debajo de la superficie. Al respecto, el geólogo acota: la historia que narra la Tierra es mucho más fascinante.

Se ha señalado que el cinturón de fuego "cruza" diferentes países | IA Discover

Este planeta es el único cuerpo del sistema solar con placas tectónicas, gigantescas estructuras rocosas que flotan sobre el manto e interactúan como barcos. “Chocan, se mueven, se hunden (subducción) o se separan y en otras partes se mueven lateralmente”, como explica el geólogo.

La zona más activa del planeta en cuanto a actividad sísmica es la placa del Pacífico. Expertos como el vulcanólogo Erik Klemetti la describen como “un vasto océano sostenido por múltiples placas oceánicas que interactúan con numerosas placas continentales y otras placas oceánicas”. Su comportamiento genera la mayor cantidad de actividad volcánica y sísmica en sus bordes, de ahí que se le describa como un anillo de fuego.

Aunque la idea puede ser útil para ilustrar, no es del todo precisa y deja de lado la razón por la que es tan activa: se está reduciendo y consumiendo (subducción), de hecho, los estudios sugieren que la placa se hace más pequeña cada año, mientras que otros han documentado que se está desgarrando.  


De acuerdo con Alejandro S. Méndez, en el fondo del océano Atlántico existe una gran cordillera submarina llamada la Dorsal Mesoatlántica. Ahí brota magma continuamente, creando nueva corteza oceánica que empuja a Norteamérica hacia el oeste y a Europa y África hacia el este.

Este proceso fue el que rompió el supercontinente Pangea hace millones de años y sigue alejando a América de Europa.

Para compensar la nueva tierra que se crea en el Atlántico, en el océano Pacífico la corteza se destruye: la placa del Pacífico se está reduciendo porque se hunde (subducción) por debajo de otras placas continentales. Es un equilibrio constante: unos lados se expanden y otros se hunden.

El planeta conserva su tamaño general, pero se ensancha en un sitio y se consume en otro. El proceso es tan lento que apenas lo notamos, por ejemplo, en México, la placa de Norteamérica se mueve entre 2 y 3 cm al año hacia el oeste (llegando a 6 cm cerca de Mexicali).

Así que, la próxima vez que alguien diga “el anillo de fuego está muy activo”, es más bien una percepción dentro de su breve periodo sobre la Tierra ya que el sistema de placas no ha tenido vacaciones desde hace más de 200 millones de años.

“Todos los días tiembla, ya sea de magnitud 1, 2, 3 o 4. Si ves el mapa, cada segundo hay un sismo ocurriendo en algún lugar de esta gigantesca estructura”.

LHM 

  • Lizeth Hernández
  • Más que contar, me gusta escuchar historias. Egresada de la FCPyS, UNAM, escribo para interpretar a una ciudad que se devora a sí misma. Actualmente cubro temas de ciencia, salud y en ocasiones, relatos del pasado.

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