El caso de Noelia Castillo ha vuelto a poner sobre la mesa un tema complejo, incómodo y, al mismo tiempo, inevitable: cómo enfrentar el final de la vida cuando ya no hay opciones de cura.
En medio de esta discusión, un término comienza a tomar relevancia fuera del ámbito médico: la ortotanasia.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, este concepto forma parte de la bioética, una rama que analiza las decisiones médicas en situaciones límite, especialmente cuando la vida de un paciente está en riesgo y las posibilidades de recuperación son mínimas.
En estos escenarios, como ocurre en enfermedades terminales o avanzadas, no solo se enfrentan decisiones clínicas, sino también dilemas éticos: prolongar la vida a toda costa o priorizar la calidad de los últimos días.
Aquí es donde aparecen conceptos clave como eutanasia, ortotanasia y distanasia.
La eutanasia, en términos generales, implica una acción directa e intencional para terminar con la vida de una persona que padece una enfermedad grave e irreversible, generalmente con el objetivo de evitar sufrimiento.
¿Qué es la ortotanasia y qué enfoque plantea?
Se trata de permitir que la muerte ocurra en su momento natural, sin acelerar el proceso, pero también sin alargarlo de manera artificial.
Es decir, los médicos brindan todos los cuidados necesarios para aliviar el dolor y acompañar al paciente, pero evitan recurrir a tratamientos extraordinarios que solo prolongan la vida sin mejorar su calidad.
En palabras más simples: no se busca adelantar la muerte, pero tampoco aplazarla innecesariamente.
Este enfoque está estrechamente relacionado con los cuidados paliativos, cuyo objetivo es reducir el sufrimiento físico y emocional tanto del paciente como de su entorno.
De acuerdo con especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en México la ortotanasia también se conoce como “limitación del esfuerzo terapéutico”. Esto implica que, en acuerdo con el paciente, se pueden rechazar procedimientos médicos invasivos o extraordinarios cuando ya no ofrecen beneficios reales.
Este tipo de decisiones puede dejarse por escrito a través de la Ley de Voluntad Anticipada, un instrumento legal que permite a las personas expresar cómo desean ser tratadas en caso de enfrentar una enfermedad grave o terminal.
Mediante este documento, una persona puede establecer que no desea ser sometida a medidas que prolonguen artificialmente su vida, lo que da certeza tanto a familiares como a médicos.
Sin embargo, el panorama en México sigue siendo complejo. Aunque existen mecanismos legales para respetar la voluntad del paciente en el final de la vida, no hay una legislación específica que regule prácticas como la eutanasia.
Además, factores como las limitaciones del sistema de salud, el debate ético y la influencia de posturas religiosas siguen influyendo en la discusión pública.
Especialistas también advierten que la sociedad aún no ha participado de forma contundente en este debate, a pesar de su relevancia creciente.
En este contexto, el caso de Noelia Castillo no solo reabre la conversación sobre la eutanasia, sino que también pone bajo los reflectores alternativas como la ortotanasia, que buscan un equilibrio entre la atención médica, la dignidad del paciente y el respeto por el proceso natural de la vida.
JCM