El Caribe alberga una de las cinco “Zonas Azules” del mundo, específicamente en la península de Nicoya, Costa Rica, cuya población ostenta una longevidad excepcional que (al igual que otras áreas) ha sido objeto de estudio.
Esta particularidad se le atribuye a diversos factores, tales como una dieta mesoamericana, el entorno, la genética o vínculos sociales de calidad. Sin embargo, una investigación de la Revista Cuidado y Ocupación Humana identificó cinco actividades que dotaron a la población nicoyana una longevidad activa.
1. Actividades religiosas o espirituales
A grandes rasgos, la espiritualidad es la búsqueda y conexión con algo más grande que uno mismo; mientras la religión es mucho más institucionalizada, estructurada y que abarca actividades más tradicionales, de rituales y prácticas.
Respecto a su papel en la vejez, es difícil demostrar sus beneficios en las y los adultos mayores apegados a algún tipo de espiritualidad, especialmente para evitar la depresión y soledad no deseada.
No obstante, una investigación sugiere que las prácticas religiosas comunitarias pueden ayudarlos a resolver problemas en su vida diaria, además de dotar de un sentido de pertenencia a un núcleo social.
Asimismo, la religiosidad puede servir como una estrategia de afrontamiento ante los retos o situaciones adaptativas de la propia vejez. Especialmente, aquellas como el constante fallecimiento de amigos, pareja y familiares cercanos.
“La viudez puede ser vista con la óptica positiva de la permanencia de la persona amada más allá de esta vida y la posibilidad de conectarla por medio de la oración”.
2. Reuniones familiares o comunitarias
No hay duda que los lazos familiares sólidos son clave para el envejecimiento saludable, especialmente con las y los nietos.
Según investigaciones, este vínculo (abuelos-nietos) ayuda a mejorar los niveles de dopamina y oxitocina, además de reducir el sentimiento de soledad, depresión y aislamiento. Así lo demostró un estudio del Journal of Evolution and Human Behavior, el cual demostró que abuelos y abuelas que cuidan esporádicamente a sus nietos y nietas registraron un índice de mortalidad 33% menor a quienes no tuvieron esa interacción.
Por su parte, las reuniones comunitarias (como ir al baile, un curso de jardinería o pasear en el parque) permiten crear y fortalecer redes de apoyo y amistades; las cuales son vitales para la vejez, especialmente en países con altas tasas de abandono.
“Es un recurso protector de primer orden. Donde hay un alto índice de abandono y de deprivación social, las personas a quienes recurren con mayor frecuencia es a las amistades”, explicó el psicogerontólogo, Elizeth Altamirano, a MILENIO.
3. Actividades domésticas ligeras
Los estigmas de la vejez propician la infantilización de las familias a los adultos mayores. Es decir, tratarlos como niños mediantes como el sub cuidado —que Elizeth Altamirano refirió como “el síndrome de ‘¡No se levante! Yo lo hago”—.
Pero la vejez no es sinónimo de inutilidad. Tan es así que la investigación demostró que los centenarios costarricenses, incluso con un nivel moderado de dependencia, procuraban realizar quehaceres domésticos ligeros, tales como:
- Doblar y organizar la ropa.
- Acomodar los alimentos en la alacena y el refrigerador, permitiéndoles decidir dónde irá cada artículo.
- Sacudir el polvo.
- Lavar los vegetales que usarán en la comida o picar alimentos blandos.
- Recoger la mesa después de comer.
Por ello, la observación es clave para (como familiares) detectar qué tan capaz se siente la o el adulto mayor para ciertas actividades. De tal forma que podamos intervenir pero sin comprometer su autonomía.
“Lejos de estar con el prejuicio de ‘Ya no puedes. Quítate’, hay que optar por el ‘Vas a seguir participando, pero desde la dirección y actividades sencillas que no te desprenden de lo que sí sabes hacer’. Por ejemplo, diriges la cocina y la receta, picas verdura o ayudas con lo más simple”, explicó el especialista.
4. Juegos tradicionales y conversación
Los juegos son benéficos para la salud cognitiva del adulto mayor, así como para mantener la conexión social e incluso la movilidad.
Asimismo, sostener conversaciones con sus pares —e incluso con personas de otras generaciones —previene la depresión, el aislamiento y la soledad no deseada. Además de elevar el autoestima y sentido de pertenencia.
5. Cuidar animales o plantas
Desde un loro parlanchín o un gato “cascarrabias”, hasta un rosal o una suculenta, tener a un ser vivo a su cuidado permite a las y los adultos mayores a “recobrar” su sentido de utilidad, además de satisfacer su necesidad de ser indispensables e irremplazables. Según estudios, esta sensación obedece a dos factores:
- La persona concede un valor vital a ese ser vivo por ser esa compañía que necesitaban
- Perciben al ser como “un alguien” con personalidad propia antes de “un algo”.
Asimismo, los cuidados también benefician la salud física, ya que mantiene activos a las y los adultos mayores. Por ejemplo: salir para pasear al perro, acariciar al gato mientras duerme en su regazo, agacharse para cambiar la tierra de la planta o hacer fuerza para mover la maceta de lugar.
ASG