La vulnerabilidad es total en una consulta ginecológica. La piel expuesta, las piernas abiertas mientras alguien observa y palpa la zona más íntima del cuerpo. Cruzando la puerta del consultorio, las pacientes depositan su confianza en los especialistas, sin sospechar que pueden traspasar sus límites.
Comentarios invasivos, exploraciones dolorosas sin justificación, juicios sobre la vida sexual o la presencia de múltiples estudiantes durante un examen sin consentimiento forman parte de experiencias que muchas pacientes relatan como violencia ginecológica : una forma de maltrato que permanece invisibilizada tanto fuera como dentro del ámbito médico.
Las agresiones que experimentan quienes acuden a los consultorios se han normalizado por generaciones; entre el tabú, el desconocimiento y el silencio, el sistema que tendría que estar destinado al cuidado termina siendo un espacio de maltrato. El testimonio de tres jóvenes da cuenta de cómo la salud sexual sigue siendo un derecho que la mayor parte del tiempo vive únicamente en el papel.
Las agresiones que se niegan: el caso de Frida
Frida Quintero, estudiante de la Facultad de Ciencias de la UNAM terminó en urgencias del Hospital General Dr. Manuel Gea González. Al principio le dijeron que era parte del ciclo normal, pero después de tres meses sangrando descubrió que se trataba de una hemorragia que la llevó al punto de la anemia.
El médico pasante comenzó el tacto. Débil, hinchada, la joven de 25 años sintió cómo los dos dedos entraron en la vagina mientras la otra mano palpaba el abdomen torpemente.
Pronto brotaron las lágrimas. Levantó la cadera por el dolor, pero la doctora titular la empujó con fuerza a la camilla en la que llevaba cerca de una hora recostada, esperando ser atendida, cubierta apenas por un pedazo de tela mientras médicos, pacientes, pasantes y enfermeras entraban y salían.
“No sé si era porque estaba aprendiendo o porque era una persona demasiado grande comparada con mi tamaño, pero me estaba lastimando. Por el dolor me estaba retorciendo, y lo único que hizo la doctora fue, con sus manos, bajar mi cadera. Me dijo ‘no te muevas, yo sé que es incómodo, pero no te está doliendo".
Segundos después, la ginecóloga le avisó que ahora ella repetiría el proceso. “Se sintió un poco menos de dolor, pero yo seguía llorando”.
Varios doctores que entraron a ver detalles sobre el caso —al parecer no se ven adenomiomas (un tejido endometrial que crece en las paredes del útero) de casi tres centímetros todos los días—. Ninguno dijo nada a la paciente que, asustada, seguía pidiendo respuestas. “Yo ya estaba sensible. La forma en que me trataron lo hizo todavía peor”, recuerda.
“Con frecuencia meten residentes de medicina a los procedimientos y no está mal, sin embargo, te tendrían que preguntar si estás cómoda con eso, por ley”, explica Daniela Rivera, abogada del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) durante una entrevista.
No hay un concepto universalmente aceptado sobre la violencia ginecológica. Suele estar englobado en la violencia obstétrica.
Sin embargo, la violencia no se limita al embarazo o al parto, sino que afecta a mujeres y personas gestantes durante toda su vida, como reporta el estudio Obstetric and Gynecological Violence as Violence Against Women: Expanding the Concept Beyond Pregnancy and Childbirth.
“No hay mucha información sobre cómo debería ser la atención ginecológica, porque creo que, sobre todo en un país como México, es supercomún en los servicios de salud públicos que la atención sea horrenda. Hemos normalizado algo que no debería ser así. Es parte de la violencia institucional”, añade la abogada.
Los diferentes espectros de la violencia institucional
Mariana, compañera de escuela de Frida, recuerda el 2 de julio de 2024. Fue el día en que decidió abortar. No es algo que pueda compartir fácilmente: es la fecha en que despidió su deseo de ser madre.
Un año después, en 2025 se mudó de Ciudad de México a Nuevo León. Estando allá, notó una inflamación en las ingles que pronto comenzó a causarle mucho dolor. Hizo una cita con una ginecóloga cercana a la zona a la que se acababa de mudar.
“La gine que me atendió me pidió mi historial clínico. La señora me dijo: ‘No lo hubieras hecho. A ustedes se les hace bien fácil, eso no se hace’. Me empezó a juzgar, casi regañándome”. “Me duele mucho hablar de este tema. Ella no sabe en qué circunstancias o por qué lo hice, porque yo siempre he querido ser mamá”, comparte en el audio de WhatsApp que envió para esta investigación.
Las historias sobre comentarios violentos e intrusivos se repiten. Quienes acuden a consulta tienen que soportar ser señaladas por su malestar.
“A una de mis amigas le dijeron: ‘Es que es tu culpa porque no has tenido bebés. Tu cuerpo mismo te está reclamando”, agrega Frida, quien, como su compañera, se pregunta. “Entonces, ¿qué haces con tu dolor, con lo que te está pasando y lo que estás sintiendo?”
Investigaciones enfocadas en México plantean que la violencia ginecológica se da cuando el especialista sobrepasa los límites de la revisión física o la consulta.
El espectro es amplio; incluye tanto el lastimar a la paciente con los instrumentos de revisión, así como abusos físicos o sexuales. También se refleja en comentarios innecesarios, insinuaciones sexuales, críticas hacia la vida sexual, ignorar la voluntad de la paciente o desinformarla acerca de su salud sexual y reproductiva.
Sin embargo, hay otras agresiones, muchas veces subestimadas, como por ejemplo, el no explicar los detalles necesarios a la paciente. Lo que puede tener consecuencias graves. En 2023 la Comisión de Derechos Humanos (CNDH) emitió una recomendación para el Hospital Ginecopediátrico 2, en Los Mochis, Sinaloa, luego de que le retiraran el útero a una mujer debido a la presencia de miomas.
Durante el procedimiento, provocaron una lesión que, tras ser tratada de forma inadecuada por los especialistas, dejó secuelas permanentes.
“La CNDH observó que los miomas que presentaba la mujer tenían varias opciones de tratamiento médico, antes de optar por realizarle una histerectomía, lo cual nunca le fue informado a la víctima”, se lee en el documento.
Procedimientos médicos: los límites entre el miedo y lo desconocido
Una mujer de 26 años, a quien llamaremos Ana para preservar su identidad, comparte lo que vivió hace cuatro años, en 2022, cuando inició su vida sexual y acudió a una revisión para resolver sus preguntas. Tenía toda su confianza depositada en el médico familiar. Lo “consideraba muy ético, muy profesional”.
“Procedió a revisarme y justamente en la revisión hizo tocamientos indebidos. Para ese momento yo estaba completamente en ceros, tenía 22 años, pero nunca había acudido a una consulta ginecológica. No sabía qué tenía que hacer, cuál era el procedimiento, no sabía yo absolutamente nada”
“Nunca imaginé que se aprovecharía de la situación, de mi desconocimiento, de mi inexperiencia, de mi vulnerabilidad en ese momento. Salí de la consulta muy asustada”
Lejos de haber respondido sus dudas, Ana salió desconcertada. Le tomó tiempo entender lo que había pasado. Nunca lo habló con su familia.
Se han documentado diversos casos de abuso dentro de los consultorios ginecológicos. Apenas en octubre de 2025 el doctor identificado como Arturo “N” fue vinculado a proceso por abusar sexualmente de su paciente durante una consulta en una clínica ubicada en la alcaldía Coyoacán, Ciudad de México.
En abril de ese mismo año, un ginecólogo aparentemente adscrito al hospital privado Star Médica de Mérida, en el estado de Yucatán, fue acusado en redes sociales por presuntamente compartir fotografías íntimas de sus pacientes a través de un grupo de WhatsApp.
Sin embargo, no hay cifras oficiales que ayuden a dimensionar el nivel de violencia que se vive en los consultorios ginecológicos, tanto públicos como privados. La encuesta encabezada por el INEGI respecto a la violencia contra las mujeres solo contempla violencia obstétrica.
“Creo que esto revela un sesgo metodológico. Es una forma de no reconocer que este tipo de violencia está mal y no debería pasar”, detalla la abogada de GIRE.
Al no existir una tipificación en la ley, “si tú llegas con una demanda o con una queja ante comisiones de derechos humanos que hable de eso, es muy difícil ganar esos casos, precisamente porque el término no está aceptado”.
Por ello, cuando la organización da seguimiento a estas denuncias, las abogadas se enfocan en cómo debe ser la atención médica y salud reproductiva. “Los encuadramos en varios derechos, es decir, derecho a la dignidad, derecho a la salud, derecho a vivir una vida libre de violencia”.
Las víctimas difícilmente acceden a la justicia en estos casos. Hay otros en los que las agresiones no pasan de la anécdota y la duda, especialmente por la jerarquía invisible que se ejerce entre médico y paciente.
¿Cómo diferenciar entre un chequeo de rutina y un atropello si se trata de hechos aparentemente pequeños, como que el especialista no cierre la puerta del consultorio durante una revisión de rutina?
Los propios manuales con los que los médicos fueron educados durante años reproducen la violencia y estereotipos, como se lee en la introducción de la Historia clínica ginecológica. Revisión de temas y pautas de tratamiento en ginecología y obstetricia, publicado en 2015:
“Siempre hay que tener presente que la mujer es un ser muy especial, dadas sus cualidades características: delicada, sensible, temerosa, aprensiva, modesta, cautelosa y débil. Estas cualidades se hacen aún más evidentes cuando se enfrenta a una consulta ginecológica, sobre todo si es su primera visita a la especialidad”.
Aunque existen normas oficiales sobre la atención a ciertos grupos de edad, e incluso regulaciones sobre anticonceptivos o el número de tocamientos durante una revisión, pocas veces son conocidas por las pacientes y reconocidas por los especialistas.
“Es una conversación muy difícil que tiene que tener el personal de salud. Es difícil cambiar sus ideas. Incluso en violencia obstétrica el personal de salud no acepta que eso sea un concepto real”
Así, a la falta de acceso a los servicios de salud se suma el miedo y la desinformación respecto a las visitas con el especialista. En 2021 PQR Planning Quant, empresa de estudios de mercado y opinión pública, detectó que al menos un 57% de las mujeres en México no acuden a una revisión. Una gran mayoría tampoco accederá a pruebas diagnósticas cruciales para la prevención de enfermedades, como ocurre con el virus del papiloma humano: 27 millones nunca recibirán un diagnóstico, pues apenas un 16% se realiza un papanicolaou.
La experiencia de las tres mujeres que compartieron su historia marcó sus citas posteriores; no fue sino hasta hace unos meses que D decidió que estaba lista para realizarse un chequeo.
“Por mucho tiempo decidí no acercarme a los consultorios. Sin embargo, como mujer, uno tiene que hacerse sí o sí estas revisiones de rutina, pero fue muy complicado volver a confiar en alguien”, dice en un mensaje de voz.
Al final, si algo comparten estas tres historias, además de la violencia institucional, es que todas identificaron que lo que vivieron no era normal a través de la experiencia, tanto propia como compartida.
“Cuando empiezas a contar tu historia, otras también hablan de lo que han pasado y lo que no debería pasar. Ese contraste te ayuda a tener una perspectiva más amplia sobre qué es una consulta ginecológica”, dice Frida.
LHM