Justo debajo del emblemático Salón Barroco del edificio Carolino, sede de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), en el corazón de la capital poblana, se resguarda el acervo bibliográfico más grande del estado: la Biblioteca José María Lafragua, que cuenta con ejemplares reconocidos como Memoria del Mundo por la Unesco.
Este 2026, el recinto considerado la “biblioteca de bibliotecas”, con una colección que supera los 100 mil ejemplares, entre ellos 17 libros incunables, cumple 140 años como recinto público.
Mercedes Salomón Salazar, directora del lugar, explicó que esta biblioteca custodia un legado de más de 300 años, con ejemplares de gran valor histórico, como una Biblia, obra catalogada entre las mejores conservadas en el mundo; así como uno de los primeros ejemplares de medicina en América.
Dicho espacio ubicado sobre la Avenida Juan de Palafox y Mendoza, en la zona del Centro Histórico de la capital del estado, se caracteriza en su interior por sus estantes elaborados con madera de pino, lo que permite el resguardo de ejemplares en diversos idiomas, colecciones con temas clásicos, educativos, de corte científico y religioso, así como códices poblanos, explicó Salomón Salazar en entrevista para MILENIO.
Un espacio centenario
Este recinto fue inaugurado en 1874 como Biblioteca del Colegio del Estado, aunque su acervo comenzó a formarse desde que se fundó el Colegio del Espíritu Santo de la Compañía de Jesús, en 1587.
Mercedes explicó que, a lo largo de su historia, este espacio experimentó cambios, como de localización, pues inicialmente se encontraba al interior del Colegio del Estado y registró diversas adaptaciones que fueron enriqueciendo su patrimonio bibliográfico.
Una de las etapas más significativas se reflejó entre los años 1875 y 1885, cuando adquirió su carácter público,consiguiendo un acceso propio desde la calle.
Riqueza temática
El acervo se enriqueció temáticamente a través de los siglos, pues este espacio fue uno de los receptores de las bibliotecas que entonces había en conventos masculinos; además, recibió en donación colecciones de poblanos destacados, entre abogados, médicos, catedráticos, funcionarios, diplomáticos, científicos, actores políticos y culturales, así como por el hermanamiento con otras instituciones educativas del país.
“Nuestro fondo de origen lo constituyó la biblioteca que perteneció a los jesuitas, y creció con el paso del tiempo. Es lo que lo hace muy importante. Cuando fue la expulsión de dicha orden, se vuelve Real Colegio Carolino y, en esta otra etapa, se vuelve institución educativa y no se deshacen de los libros que tenían los jesuitas. Después, entran fondos de particulares que dejan sus libros.
Cuando se transforma en Colegio del Estado en el siglo XIX y deja de ser una institución tipo religiosa se empieza a pensar en que este colegio va a funcionar de manera distinta, los libros que tienen un corte religioso ya no son tan atractivos, entonces se va a incrementar la compra de ejemplares”, comentó la directora.
“A lo largo de todo el siglo XIX, cuando empieza el positivismo, empiezan a generarse nuevos saberes, nuevas carreras, nuevas formaciones, oficios que la gente necesita aprender. Comienza el antecedente de la contaduría que es la teneduría de libros, empieza a haber ingenierías, leyes, medicina, ciencias y, para todo eso, se va a necesitar otro tipo de libros.
Podemos resumir la historia de este lugar como una biblioteca de bibliotecas porque, al final, ha sido la primera que inicia con los jesuitas y, a la que se han agregado muchas colecciones adicionales”, abundó Salomón Salazar.
Textos de gran valor
La biblioteca debe su nombre a José María Lafragua, político e intelectual poblano, quien falleció en 1875 y heredó a este espacio su colección personal de documentos y manuscritos históricos. Este 2026 se conmemora el 140 aniversario de ese legado.
Mercedes Salomón Salazar explicó que éste es uno de los recintos de consulta más importantes, no sólo en Puebla sino en el país, orientado a la investigación especializada, para lo cual dispone de un importante número de materiales de gran diversidad temática.
A la fecha cuenta con un acervo de 100 mil libros, casi la mitad son ejemplares de los siglos XV, XVI, XVII y XVIII; además de títulos modernos.
En fondo antiguo, dicho recinto supera el volumen de la Biblioteca Palafoxiana, que atesora más de 45 mil volúmenes.
“Es una de las más grandes del país; de la región sureste del país es la más importante. En Puebla es la más grande en cuanto a cantidad de volúmenes. En fondo antiguo, casi duplicamos lo que tiene la Palafoxiana”, comentó la especialista.
Entre los tesoros más valiosos, la Biblioteca Lafragua resguarda un breviario manuscrito, un libro de horas, datado en 1363 y de origen inglés, que ubica a la mayoría de los santos en territorio sajón.
A esta colección se suman 17 libros incunables, textos impresos entre los años 1454 y 1500, es decir, se les llama así por haberse manufacturado durante los principios de la imprenta.
Una docena de estos antiguos ejemplares impresos son de corte religioso, incluida la Biblia, mientras que, los otros cinco abordan temas diversos.
“Tenemos uno de salud, que se considera el primer impreso de Medicina en el mundo y, también tenemos libros de temas clásicos, uno sobre Salustio y otro de Cayo Flaco, que son autores del siglo primero”, apuntó la directora.
Gran parte del catálogo posee un marcado corte francés, italiano e inglés, reflejo de que en Puebla se estudiaba conforme a las capitales europeas.
“Alguien que quiera saber qué sucedió en el siglo XIX puede venir aquí. El Colegio del Estado tuvo mucho interés en que sus estudiantes se pudieran educar con todo lo que entonces se vivía en Francia, la gente dominaba el idioma y estudiaba en francés. Tenemos mucho libro italiano, inglés, español [... ]. Aquí se estudiaba como en la Europa deese momento.
Contamos con cerca de 100 mil libros como fondo bibliográfico, también tenemos una hemeroteca, principalmente del siglo XIX.
Tenemos fondos documentales y pequeñas colecciones bibliográficas”, abundó Salomón Salazar.
Libro ante la era digital
Frente a la era digital, Mercedes Salomón Salazar explicó que los libros siguen presentes entre la comunidad estudiantil y los investigadores. Destacó que la máxima casa de estudios del estado tiene en marcha un programa de digitalización de ejemplares; sin embargo, en este formato se priorizan sólo aquellos libros considerados como únicos en el mundo o documentos de alto valor histórico.
“Las bibliotecas patrimoniales hemos estado apostándole un poco a la digitalización, algunas con más fuerza, otras con menos, porque implica mucho recurso.
Es un proceso que tiene que venir acompañado de una buena catalogación y manejo de metadatos, para que la gente pueda llegar al recurso digital. Hemos optado por digitalizar todo aquello que no está digitalizado en otro acervo. Le damos prioridad a los libros que sabemos que son únicos; que vamos encontrando a partir del interés de nuestros investigadores y que no están en ninguna otra parte del mundo”.
En la actualidad, esta biblioteca centenaria mantiene sus puertas abiertas, tanto a la comunidad universitaria como a investigadores independientes y extranjeros, especialmente en áreas de ciencias sociales y humanidades.
La Biblioteca Lafragua se coloca como un espacio dedicado a preservar el conocimiento y la historia del mundo. El recinto abre de manera continua sus puertas a exposiciones temáticas, así como a trabajos para la difusión del patrimonio y conservación e intercambio de experiencias entre usuarios de bibliotecas centenarias.