• Una prótesis, una peluca, una charla o un abrazo: las mil formas de reconstruirse después del cáncer

Con micropigmentación, turbantes y redes de apoyo, tres mujeres acompañan a pacientes que enfrentan las secuelas físicas y emocionales del cáncer.

Tampico /
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Después del cáncer de mama, hay mujeres que encuentran una nueva batalla: recuperar su confianza, reconciliarse con su cuerpo y aprender a sentirse nuevamente ellas mismas. En ese camino, otras mujeres se convierten en compañía, apoyo y esperanza.

Y es que hay heridas que no se ven, pero permanecen después de tocar la campana.

Algunas aparecen frente al espejo: una cicatriz, un seno que ya no está, una reconstrucción que todavía no se siente propia, el cabello que tardará en volver a crecer.

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Y están también las heridas que no aparecen en una fotografía: la inseguridad, el miedo, la vergüenza y la sensación de no reconocerse.

Para algunas mujeres que han enfrentado el cáncer de mama, recuperar la salud es apenas una parte del camino. Después viene aprender a habitar nuevamente su cuerpo.

Ahí aparecen otras mujeres.

Algunas sobrevivieron al cáncer y decidieron convertir su experiencia en una forma de acompañar. Otras no padecieron la enfermedad, pero conocieron de cerca el dolor que provoca y encontraron una manera de ayudar.

Unas confeccionan turbantes. Otras reúnen cabello para convertirlo en pelucas.

Y hay quienes, con una aguja, pigmentos y mucha paciencia, reconstruyen una parte del cuerpo que el cáncer también pudo llevarse.

Una promesa que comenzó en la infancia

Karla Santiesteban Badillo tenía nueve años cuando una vecina a la que quería como parte de su familia recibió un diagnóstico de cáncer de mama.

Era demasiado pequeña para comprender todo lo que significaba aquella enfermedad, pero sí alcanzó a entender el dolor de verla luchar y, finalmente, perder la batalla.

Instituto de Micropigmentación Avanzada de Tampico

Años después, cuando comenzó a dedicarse a la micropigmentación, descubrió que aquel trabajo podía permitirle cumplir algo que se había propuesto desde niña: ayudar a mujeres que atravesaran una experiencia semejante.

En su Instituto de Micropigmentación Avanzada de Tampico encontró esa posibilidad. Comenzó a realizar, de forma gratuita, procedimientos de reconstrucción estética de areola y pezón para mujeres que habían pasado por una mastectomía y, posteriormente, por una reconstrucción mamaria.

Procedimientos de reconstrucción estética de areola y pezón | Foto: Yazmín Sánchez

La técnica busca reproducir, mediante pigmentación, la forma, el color y la profundidad visual de una areola y un pezón. Primero se mide, se traza y se dibuja antes de comenzar.

Después, con pigmentos y equipo especializado, se trabaja sobre la piel hasta conseguir una apariencia lo más natural posible.

“Más que una labor estética es reconstruir desde adentro”, expresa Karla Santiesteban.

Para algunas mujeres, la reconstrucción mamaria significa recuperar parte de su cuerpo después de la mastectomía.

Pero, aun cuando el seno ha sido reconstruido, puede faltar algo: la areola y el pezón. Y esa ausencia puede pesar más de lo que otras personas imaginan.

Clarita, una mujer de Tampico que enfrentó el cáncer de mama y posteriormente se sometió a una reconstrucción, lo explicó alguna vez al hablar de cómo se veía frente al espejo.

Había recuperado el pecho, pero no se sentía completa. Ese pequeño detalle podía convertirse en un recordatorio permanente de la enfermedad.

La micropigmentación reconstructiva busca cerrar precisamente ese círculo.

Karla dibuja la areola, trabaja el color y crea efectos de volumen para conseguir una apariencia tridimensional. El procedimiento puede durar entre una hora y media y dos horas.

Pero el momento más importante llega después, cuando la mujer se levanta, se mira al espejo y descubre el resultado.

Karla recuerda expresiones de sorpresa, sonrisas y lágrimas.

Con pigmentos y equipo especializado, se trabaja sobre la piel hasta conseguir una apariencia lo más natural posible. | Foto: Yazmín Sánchez

Algunas le dicen que ya no pueden distinguir cuál es el pezón real y cuál fue reconstruido. Y entonces entiende que su trabajo no terminó en la piel.

“Cuando veo que las personas se ven al espejo y observan lo que se logró hacer con la reconstrucción, veo su sonrisa”, cuenta.

Los abrazos que recibe después son, para ella, el pago más importante.

Una labor que no tiene fecha de caducidad

Karla decidió que este procedimiento sería gratuito para las mujeres que no tienen la posibilidad económica de pagarlo, no solamente durante octubre, el llamado mes rosa.

Su convocatoria permanece abierta durante todo el año.

Uno de los requisitos es que las pacientes cuenten con autorización de su médico tratante u oncólogo, pues cada mujer tiene una historia clínica y un proceso de recuperación diferentes.

Con el tiempo, han llegado mujeres de distintos municipios de Tamaulipas y de otros estados del país. Algunas llevan poco tiempo desde que terminaron su tratamiento.

Otras llevan años intentando reconstruir su vida.

Una de las historias que más la marcó fue la de una mujer que, después de atravesar el cáncer, fue abandonada por su esposo.

La enfermedad había cambiado su cuerpo y también su vida familiar. La mujer llegó a pensar que ya no tenía razones para seguir viviendo.

Karla habló con ella. Le recordó que nadie sabe cuánto tiempo tiene por delante y que, precisamente por eso, cada día merece ser vivido.

Aquella historia también le dejó una enseñanza.

“Valorar la vida. Valorar lo que tienes en la vida y disfrutarlo”, expresa conmovida.

Tere sabe lo que significa perder el cabello

María Teresa Salinas López habla desde otro lugar. Ella fue paciente.

Fue diagnosticada con cáncer de mama, enfrentó quimioterapia y una mastectomía bilateral. Terminó su tratamiento en 2018. Tocó la campana.

Conoce el miedo del diagnóstico, los tratamientos y lo que significa ver cómo cambia el cuerpo.

Y conoce también lo que ocurre cuando una mujer termina el tratamiento y descubre que todavía necesita ayuda.

Después de su propia experiencia, comenzó, junto con una vecina, a elaborar turbantes. Y decidió regalarlos.

No buscaba crear una organización. Al principio, solamente quería ayudar a otras mujeres que, como ella, atravesaban la enfermedad.

Pero la solidaridad comenzó a crecer. Llegaron telas, donaciones y personas que quisieron colaborar. Y aquel pequeño esfuerzo terminó convirtiéndose en “Guerreras con Turbante”.

“Después de mi tratamiento y agradecida con Dios de que estoy viva, comencé a regalarlos”, cuenta en entrevista.

Los turbantes eran una forma sencilla de cubrir la cabeza cuando el cabello comenzaba a caer durante la quimioterapia.

Pero también significaban otra cosa: una mujer podía recibir un turbante y saber que alguien estaba pensando en ella, que alguien conocía lo que estaba viviendo.

Que no estaba sola.

De los turbantes a una red

Con el paso del tiempo, “Guerreras con Turbante” creció. Ya no se trataba únicamente de confeccionar una prenda. Comenzaron a llegar pelucas.

También cabello donado para elaborar pelucas oncológicas, cartas hechas por estudiantes, regalos y apoyo psicológico. Se sumaron visitas a pacientes, musicoterapia, actividades de concientización y campañas para reunir recursos.

También han buscado atender necesidades que aparecen después de una mastectomía, como el uso de mangas de compresión por parte de algunas mujeres que se sometieron a procedimientos que incluyen la extracción de ganglios.

La organización se convirtió en una red que comienza por decirles a otras mujeres: “Yo también pasé por esto”.

“Guerreras con Turbante” La organización se convirtió en una red que comienza por decirles a otras mujeres: “Yo también pasé por esto”.

María Luisa y la parte más difícil de acompañar

Hay quienes ayudan desde la organización y quienes acompañan sabiendo que no todas las historias tienen el mismo final.

María Luisa Castro Catana, presidenta de Mujeres con Ilusión de Crecer, conoce esa parte de la historia.

“Hay lugares que visito y se me apachurra el corazón”, cuenta la activista.

Están las mujeres que continúan luchando, las que acaban de recibir un diagnóstico y las que llevan años enfrentando la enfermedad. Y también aquellas a las que ya no volverá a encontrar porque murieron.

Acompañar significa aceptar también esa parte dolorosa. Por eso, su labor incluye acercar información, organizar conferencias y promover la detección oportuna del cáncer de mama y del cáncer cervicouterino.

Y es que algunas historias pueden cambiar con una revisión a tiempo. La solidaridad no comienza necesariamente cuando aparece la enfermedad.

También puede comenzar antes.

El cáncer deja otras batallas

Las historias de Karla, Tere y María Luisa son diferentes, pero todas forman parte de una misma historia.

Vencer un tumor no necesariamente significa recuperar de inmediato la vida que existía antes. Hay mujeres que tienen que aprender a vivir con una cicatriz.

Otras deben acostumbrarse a una nueva imagen corporal. Algunas enfrentan dificultades económicas. Hay quienes tienen miedo de volver a enfermar.

Acompañamiento a mujeres con diagnóstico de cáncer de mama | Imagen generada con IA

Y están las que, aun después de terminar el tratamiento, continúan necesitando acompañamiento. Por eso, la reconstrucción puede tener muchas formas.

Puede ser una cirugía, una micropigmentación, una prótesis, una peluca o un turbante. Una conversación. Un abrazo.

Karla tomó una experiencia de su infancia y la convirtió en una misión. Tere transformó su propia enfermedad en una red de apoyo para otras sobrevivientes.

Ninguna de ellas puede borrar el cáncer, pero pueden ayudar a que una mujer vuelva a mirarse.

Es una forma de reconstrucción que no aparece en los expedientes médicos.

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  • Cristina Gómez
  • Con más de tres décadas en el periodismo, escribir es mi pasión. Buscadora de verdades ocultas, de convertir cifras en relatos y de tejer reportajes que dejen huella en la memoria colectiva, porque todo dato encierra un rostro, una vida, una historia. Orgullosamente panuquense y tampiqueña por adopción.

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