M+.- Quizá lo conoces de oídas, o tal vez has caminado por sus pasillos. A solo una hora de la Ciudad de México se encuentra Chiconcuac, considerado el tianguis y centro de distribución textil más grande de América Latina. Y es justo de sus entrañas de donde acaba de nacer un proyecto que busca digitalizar su inmenso catálogo para introducirlo al comercio en línea y, de paso, salvar a miles de familias de la zona.
MILENIO visitó el tianguis. Caminar por ahí es una experiencia inmersiva. Se respira el aroma a mezclilla nueva entre locales tapizados de ropa; desde pantalones apilados a ras de suelo, hasta blusas y suéteres colgados a tres metros de altura. Hay que esquivar a los diableros que abren paso al grito: ¡Cuidado!, a la vez que los comerciantes lanzan la frase típica de la zona: "Pásele, clienta, lo que le agrade". Todo esto, enmarcado por el desfile interminable de puestos de tamales, café, tortas y elotes.
La mayor sorpresa llega al preguntar los precios. Una playera apenas cuesta los 50 pesos, y la calidad de la tela es innegable: un algodón grueso que no transparenta y una costura tan firme que no cede ante los tirones.
Este gigante mexiquense abastece por sí solo a la Ciudad de México, Guadalajara, Michoacán, Puebla, Veracruz, Hidalgo y Oaxaca. Sin embargo, hoy se enfrenta a un monstruo de dos cabezas: la agresiva competencia de la moda asiática y el auge de las ventas por internet.
Víctor Hugo Ponce González conoce bien esta realidad. Pertenece a la tercera generación de una familia dedicada a la industria textil, abarcando desde la fabricación de los hilos hasta la confección de playeras, suéteres y sudaderas.
"Bueno, el contexto: yo crecí entre hilos, entre colores, entre telas, entre texturas, entre máquinas, entre el mercado, entre las desveladas, entre los clientes... y eso claramente ha estado conmigo toda la vida", relata.
Sin embargo, la invasión del mercado asiático encendió las alarmas en las fábricas locales, obligando incluso a realizar recortes de personal.
"Las ventas disminuyeron un 40 por ciento y claro que fue algo preocupante, porque nos dimos cuenta de que no nada más nos afectaba a nosotros como fabricantes, sino que es toda una cadena. Nosotros somos la fuente de trabajo de nuestros colaboradores, y eso fue preocupante", advierte Víctor.
Al igual que él, muchos fabricantes se encuentran contra la espada y la pared, una crisis que empeora por los costos irreales de mantener un local físico.
"Chiconcuac es de las plazas más famosas y más fuertes, pero para tener un espacio ahí, te estoy hablando de tres metros de frente por tres de fondo, no baja de una renta de 250 mil pesos. Son gastos excesivos, algo fuera de lugar. Como comerciante te ves obligado a correrlos y tomar esa decisión porque es donde se concentra la gente".
La unión de tradición con el código
La respuesta a esta voraz invasión asiática y a las rentas asfixiantes no llegó de un corporativo lejano, sino del reencuentro de dos viejos amigos de secundaria que decidieron unir dos mundos aparentemente opuestos: la tradición textil y el código de programación.
Por un lado está Víctor Hugo Ponce González, quien creció entre los hilos y las máquinas de coser. Su mayor fortaleza es el conocimiento de las entrañas del negocio; él sabe exactamente quién cose, quién vende y qué le duele al comerciante de Chiconcuac.
Del otro lado de la balanza se encuentra el arquitecto digital de la iniciativa, Luis Emilio Álvarez Herrera. Con más de siete años de trayectoria en programación y tras haberse codeado con desarrolladores del Massachusetts Institute of Technology (MIT).
Emilio tenía la experiencia técnica necesaria para materializar la idea. Pero su verdadero diferenciador es su origen: al provenir de una familia dedicada a la fabricación de sombreros y calzado, comprende de primera mano el esfuerzo del trabajo artesanal y la problemática de los productores.
"Cuando platiqué con Hugo en esa ocasión en marzo que nos reencontramos, teniendo más de seis o siete años de no vernos, al conversar nos damos cuenta de que tenemos una mentalidad muy parecida, metas, obsesiones y aspiraciones. Entonces esa compatibilidad nos llevó a que juntos dijéramos que la fuga está en la venta", detalla Emilio.
Esa "fuga" de capital tiene una causa muy específica: los cobros excesivos de los gigantes del comercio electrónico. Al explorar el panorama, ambos detectaron que el salto al mercado digital estaba bloqueado para los artesanos locales debido a las cuotas que imponen las aplicaciones extranjeras.
"Si bien ya hay fabricantes que empiezan a vender en el mercado digital, estas plataformas siguen cobrando comisiones altísimas que van mínimamente del 35 por ciento. Por lo tanto, pueden vender mucho, pero están beneficiando finalmente a estas plataformas", señala el desarrollador.
Así nació 'Chic On', un proyecto bautizado con un juego de palabras que busca la internacionalización —usando el término francés chic para estar a la vanguardia, y el inglés on de encender—, pero que además hace una ingeniosa referencia sonora a Chiconcuac. Su objetivo es simple pero ambicioso: crear un espacio digital donde cualquier fabricante de la zona pueda ofrecer sus productos, eliminando las barreras de entrada y cortando de tajo a los intermediarios.
“Llegamos a la idea de que podíamos crear un sitio web donde los fabricantes pudieran vender sus productos y tener un alcance a nivel nacional sin intermediarios, que es un punto muy importante. Muchas veces de nuestro producto se lleva más ganancia el revendedor. Es todo un proceso elaborar una prenda desde tejer, cortar, coser, diseñar, empaquetar, y que una persona todavía le gane más a tu producto, pues es un poco injusto", enfatiza Hugo.
¿Cómo funciona 'Chic On'? Logística, seguridad e Inteligencia Artificial
Para Emilio y Hugo, la prioridad era que la experiencia fuera intuitiva tanto para el cliente como para el artesano. Por ello, desarrollaron una plataforma con un catálogo incluyente —con secciones para mujeres, hombres, infancias y juventudes— y un perfil personalizado para cada usuario.
Destaca además la integración de un formato de reels, lo que permite observar a detalle la textura y caída de las prendas antes de comprar, manteniendo siempre el trato directo con los productores.
"El modus operandi en la plataforma es: tú tienes tu taller, ya vendes mediante la aplicación, tienes un pedido... nosotros nos vamos a encargar de darte el empaque y la guía, en su momento se manda por WhatsApp... y nada más te vas a encargar de irla a dejar a paquetería", enfatiza Hugo.
Esta agilidad soluciona una de las mayores frustraciones del comercio electrónico actual: las eternas esperas de los paquetes que vienen desde Asia. Al estar los proveedores en territorio nacional, los tiempos de traslado se reducen drásticamente.
"En tiempo real se le notifica al vendedor que uno de sus productos ha sido vendido, tiene un lapso de 48 horas para mandarlo a la paquetería y el tiempo estimado de envío son de cinco a siete días hábiles”, detalla.
Para lograr esta eficiencia a nivel nacional, los fundadores concretaron una alianza estratégica lo que permite reducir los costos de envío.
"En cuestión de envíos y así vamos a tener envíos a nivel nacional, estamos en convenio con Estafeta y ahí van a ser los envíos", indica Víctor Hugo.
Pero 'Chic On' no solo facilita la logística; también se sube a la ola tecnológica. En una época dominada por los algoritmos, la plataforma cuenta con Inteligencia Artificial (IA) integrada para recomendar artículos y ayudar a los usuarios a armar outfits completos, una estrategia conocida como venta cruzada.
"Otro fuerte y un plus que va a tener 'Chic On', es que va a tener la herramienta de Inteligencia Artificial, donde te va a dar recomendaciones. Tú buscas una playera y te dice: 'Oye, con qué lo puedo combinar'. En base a nuestra data te va a sugerir una sudadera, un pantalón, para que se promueva la venta de todos. Qué mejor que todos vendan", describe el cofundador.
Finalmente, conscientes de que el salto al mundo digital puede generar desconfianza tanto en el vendedor como en el comprador, la aplicación fue blindada desde sus cimientos. 'Chic On' opera con los mismos candados de seguridad e infraestructura tecnológica que utilizan gigantes del comercio como Amazon, garantizando que el dinero y los datos de ambas partes estén protegidos durante toda la transacción.
Profesionalización y orgullo nacional: de Chiconcuac para el mundo
Emilio y Víctor Hugo enfatizan que 'Chic On' no es solo una plataforma para incrementar las ventas, sino una iniciativa que busca profesionalizar el trabajo en Chiconcuac. El objetivo es que los fabricantes no solo se autoempleen, sino que expandan sus áreas de conocimiento al mundo digital.
"Nuestra labor también es trabajar con los fabricantes para que ellos hagan un marketing profesional, tal como lo demandan actualmente las redes sociales; les ayudamos a posicionar sus marcas y a tener más ventas a través de estos canales", explica Emilio.
Asimismo, el proyecto abre la puerta para que el talento local aplique sus habilidades en la expansión de la plataforma, logrando que de las mentes jóvenes nazca un ecosistema que beneficie a personas de cualquier edad.
"'Chic On' también va a abrir oportunidades laborales para jóvenes que a lo mejor estudiaron marketing o diseño, para que nos puedan ayudar... realmente es una empresa de jóvenes, donde si buscan trabajo, también se les va a dar empleo", detalla Víctor Hugo.
Todo esto se sostiene bajo una fuerte visión de pertenencia. La meta es beneficiar primero a la región y, eventualmente, a todo el país.
"Nos consideramos muy patriotas, amamos México y queremos que, de inicio, Chiconcuac sea para todo el mundo, pero primero para México", declara Hugo.
Para lograrlo, cuentan con un as bajo la manga: la región ya posee la infraestructura para abastecer a miles de locales e incluso a gigantes extranjeros. Este es un "secreto a voces" que les da la seguridad de poder dominar un mercado aún más grande, priorizando siempre la etiqueta nacional.
"Está muy implantada en México la cultura de que si es Timberland, si es Nike... tiene que ser de marca. Nosotros queremos dar ese impulso que la moda necesita y mostrar la verdadera imagen de la moda mexicana, revelar que las grandes marcas internacionales realmente mandan a hacer su ropa a Chiconcuac para vender su producto", remata Emilio.
Entre hiladoras y vocación: la apuesta ecológica del taller
Para entender la magnitud del proyecto, hay que conocer sus cimientos físicos. Al cruzar las puertas de la zona donde se fabrican los hilos, la escala del lugar sorprende. Emilio bromea diciendo que el espacio parece un hangar de aviación, y no es para menos: en el recinto cabrían holgadamente unas cuatro avionetas junto con su respectivo taller de mantenimiento.
En su elemento, Víctor Hugo —quien representa a la tercera generación de su familia en la industria textil— hace los honores del recorrido. Muestra las imponentes máquinas encargadas de elaborar la tela y el hilo; estructuras de un azul intenso, circulares, de las que sobresalen agujas de unos cinco centímetros.
El lugar es un fascinante laberinto industrial. Hay pasillos flanqueados por aparatos que bien podrían sumar el tamaño de un refrigerador y una estufa juntos, rodeados por estantes repletos de rollos de hilo de diversos grosores y colores, además de rincones llenos de retazos, empaques, plásticos y cajas.
Pero más allá del volumen de producción, lo que verdaderamente distingue a esta fábrica de la competencia tradicional es su visión ecológica. Hugo no solo heredó el oficio, sino que ha implementado un modelo de sustentabilidad.
"Aquí hay captación de lluvia. En el techo, específicamente de este edificio, el agua no se va al drenaje, se va a una cisterna y eso hace que sea para los baños... estas prendas que están hechas con hilo reciclado pues claramente es algo bueno y queremos seguirlo conservando", detalla el fabricante.
El impacto de estas decisiones es masivo cuando se traduce a números, especialmente al evitar procesos altamente contaminantes como la coloración tradicional.
"En el teñido, que tú mandas tu tela en crudo y dices 'háganmelo rojo', se gastan más o menos 10 mil litros por cada 400 kilos de tela, entonces es muchísimo... estás ahorrando y teniendo una buena causa, simplemente pues no queremos que en un punto suframos por el agua", advierte Hugo.
El futuro: vestir a México sin intermediarios
La ambición de Hugo y Emilio trasciende la pantalla del celular; su objetivo es reactivar el músculo industrial de toda la zona. Saben que la capacidad instalada en Chiconcuac es gigantesca, por lo que apuestan por llevar la calidad de sus productos a las grandes ligas corporativas.
"Nosotros podemos maquilar y fabricar, ser proveedores de grandes corporaciones, llámese gobierno, llámese empresas multinacionales... es cualquier tipo", afirma Hugo.
El plan a largo plazo incluye competir por licitaciones que históricamente se escapan de la región, demostrando que la mano de obra local tiene el nivel, la infraestructura y el talento para vestir al sector institucional.
"En un futuro, ya viéndonos nosotros como líderes de esta región, podemos hacer convenios. Es algo que me encantaría: hacerle sus uniformes al gobierno en lugar de que a lo mejor no sé dónde los hagan o quién sea su proveedor. Que nos puedan voltear a ver y decir: 'ah, pues miren, aquí lo podemos mandar a hacer'".
Esta versatilidad no es una mera suposición. Cuando la crisis sanitaria por Covid-19 paralizó al mundo, los talleres de la zona no se detuvieron, sino que transformaron su línea de producción en tiempo récord para atender la emergencia.
"Nosotros también nos vimos en la pandemia haciendo cubrebocas y batas... uniformes quirúrgicos. Generalmente se tiene la capacidad de crear cualquier cosa que implique hilo y costura", recuerda.
Para materializar este sueño, la maquinaria digital ya está en marcha. A mediados de octubre de 2026, 'Chic On' saldrá a la luz una aplicación para los clientes y proveedores, un paso necesario antes de abrir las puertas a todo el padrón de artesanos de la región.
"Ahorita de inicio somos 15 productores y nuestra meta es hacer 100 ventas. En esas 100 ventas vamos a ver y afinar detalles en toda la cuestión de logística, de planeación y organización".
Mientras la plataforma web de 'Chic On' ya se encuentra operativa, y en espera de su aplicación móvil hermana, en el mundo físico ya se respira la expectativa. Al caminar por Chiconcuac, Víctor Hugo se desplaza con la completa confianza de quien ha crecido respirando el aire impregnado de algodón. Navega entre los laberintos encharcados por la lluvia de la tarde, saludando a los locatarios; aprieta manos y choca puños.
Cuando les cuenta sobre 'Chic On', los comerciantes abren los ojos con curiosidad y preguntan de inmediato por los costos. Al escuchar las ventajas y confirmar que esta plataforma les ofrece un beneficio real y sin comisiones abusivas, las sonrisas de alivio no se hacen esperar.
Para estos rostros curtidos por años de madrugadas y regateos, 'Chic On' se convierte en el parteaguas digital de todo el municipio. No es solo una nueva herramienta de ventas, sino el rescate de su patrimonio; la oportunidad definitiva para demostrar que el hilo de Chiconcuac es lo suficientemente fuerte para tejer su propio futuro.
MA