M+.– Fueron décadas de auge cañero en la región de Tehuacán. El ingenio Calipam, situado en la comunidad del mismo nombre, perteneciente al municipio de Coxcatlán, en el suroriente de Puebla, se posicionó como uno de los principales generadores de empleo y derrama económica; ejemplo nacional al ser pionero en la producción de azúcar orgánica, aquella que obtenían de caña sembrada exprofeso para este fin.
Cuando se cumplían planes y se alcanzaban metas, cuando el chacuaco (la chimenea del complejo) silbaba con intensidad, se vino la debacle de esta factoría, que se vio inmersa en diversos problemas, como la sequía, que mermó la producción y el rendimiento de la caña; la caída en el precio del azúcar y la mala administración.
Todo esto se conjugó para que, desde hace cinco años, el ingenio presentara un declive que no fue detenido por su propietario, quien, en consecuencia, enfrentó la falta de solvencia económica y no pudo cumplir con el pago de compromisos, no solo con productores de caña y otros proveedores, sino también con la fuerza laboral de 285 trabajadores.
Etapas de crisis
Lo que hoy viven los obreros y cañicultores no es nuevo; es solo una de las etapas de vida que ha tenido el ingenio que, en algunas de sus paredes desgastadas, muestra el tiempo acumulado.
De acuerdo con el texto denominado Relación de Coxcatlán, fue aproximadamente en el año de 1814 cuando los españoles fundaron la hacienda del Arriego, lugar donde se comenzó a sembrar caña de azúcar; luego, sus dueños hicieron un trapiche para transformarla en panela.
En 1908, en esa zona se estableció una hacienda propiedad de los señores Fragua. En sus terrenos sembraban caña de azúcar que transformaban en panela y aguardiente, obtenidos mediante un trapiche.
Un año después, el gobernador del estado, Mucio Martínez, haciendo uso de su influencia, se apoderó de dicha hacienda.
Con el movimiento revolucionario, en esa región de Tehuacán surgieron caudillos como Donato Ermelindo Bravo Izquierdo y Alberto de la Vega, quienes participaron para combatir el sistema de haciendas, que era la forma de posesión hegemónica en ese entonces.
Al darse este movimiento social, se acabó con el sistema de haciendas; el 20 de noviembre de 1913, fuerzas armadas encabezadas por Melesio Cabanzo saquearon la hacienda de Calipam o Calipan; para 1917 desapareció con la clausura de la tienda de raya.
La historia de este ingenio relata que, en 1917, los señores Mestre Ghigliazza compraron la hacienda y, en 1921, adquirieron maquinaria para comenzar la producción de azúcar en maqueta, que fue la primera presentación y el inicio de esta importante actividad que detonó la economía en esa zona.
Épocas de bonanza
Alonso Vargas Valiente y Damián Rodríguez Lara, secretario general y del Interior del Sindicato del ingenio de Calipam, afiliado a la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), narraron que esta fábrica azucarera es pequeña en equipo y capacidad de producción en comparación con otras que hay en el estado de Veracruz, que en cada zafra rebasan las 500 mil toneladas de caña molida; sin embargo, cuenta con ventajas, como tener un diagrama de flujo perfectamente diseñado para que la maquinaria siga, paso a paso, cada uno de los procesos de producción, que van desde la recepción de la caña hasta el embolsado y almacenamiento del azúcar.
Recordó que este ingenio, en 2008, alcanzó un récord al moler 300 mil toneladas de caña, de las que obtuvieron 30 millones de kilos de azúcar, un producto fácil de colocar en el mercado regional.
Los trabajadores recibían puntualmente su salario; tenían el pago de prestaciones, entre ellas becas para que los hijos de obreros estudiaran.
Comienza la caída
El quebranto de esta fábrica azucarera inició hace seis años, cuando el efectivo comenzó a escasear. Los obreros no imaginaban lo que estaba por venir; confiaban en que las dificultades que comenzaban a asomar eran por la inversión que hizo el dueño del ingenio al instalar una fábrica para producir alcohol, en la que destinó 4.5 millones de dólares, pero esperaban que con la puesta en servicio llegara la recuperación económica.
Así lo percibían porque la adquisición de equipo con tecnología hindú, que comenzaron a instalar atrás del ingenio, avanzaba; al paso de los días no se concretó, las deudas lo asfixiaron y quedó con un avance de 90 por ciento.
Los obreros del ingenio no solo vieron detenidos los trabajos de lo que sería la fábrica de alcohol, un complemento para fortalecer a la empresa principal; también conocieron que, al terminar la zafra 2023-2024, molieron únicamente 100 mil toneladas de caña.
En abril de 2024, la empresa convino con el sindicato que habría paros técnicos e iniciarían el periodo vacacional el 9 de abril y regresarían el 15 de mayo.
Como la solvencia económica del ingenio no mejoraba, nuevamente el sindicato y la empresa hicieron un convenio para realizar un paro técnico de 60 días; acordaron que les pagarían a 50 por ciento. No se cumplió este acuerdo y hubo malestar entre los trabajadores.
El conflicto laboral se agravó porque, a pesar de los acuerdos que se tomaban en presencia de autoridades laborales, la empresa no cumplía con los pagos salariales al personal.
Al ver que la situación laboral se agravaba, el sindicato, apoyado por la dirigencia nacional de la CROM, emplazó a huelga, misma que estalló el 16 de diciembre de 2024, mes en que el ingenio cumplía 100 años de actividad.
Llegó a la centuria con las banderas rojinegras en los portones principales; fue la primera huelga que tuvo este ingenio por falta de solvencia económica, que venía arrastrando desde años atrás, además de estar embargado por los obreros.
Litigio legal
En la búsqueda de poner a salvo sus derechos, los trabajadores comenzaron el procedimiento legal en el Tribunal Laboral de la Ciudad de México, lugar que fue escenario de audiencias, acuerdos y convenios que la empresa, sobre la que pesa una gran deuda económica, no pudo cumplir.
El proceso, de un año y cuatro meses, fue tedioso, desgastante moral y económicamente para los 285 obreros, que llevaban más de medio año sin recibir salario y prestaciones, pero que se mantuvieron trabajando hasta el final.
Al prolongarse la demanda laboral, muchos trabajadores se organizaron para alternar las guardias con otro empleo, porque su condición económica era crítica.
Venta del ingenio
Los convenios y audiencias terminaron el 10 de abril, cuando fueron informados por autoridades del Tribunal Laboral que Francisco García dejaba de ser propietario del ingenio y pasaba a manos del síndico, Sergio Armidas, quien será el responsable de realizar la venta del ingenio, mismo que estará apoyado por el gerente del banco BBVA y un representante del grupo Cargill, a quien el ingenio le adeuda 600 millones de pesos. Al estar en esta fase, esperan que la venta se concrete en dos o tres meses.
Los representantes sindicales señalaron que están dispuestos a dialogar con los nuevos dueños, negociar la deuda y su permanencia en el ingenio; de no darse esto último, aceptarán las disposiciones que indique el nuevo propietario.
Lo importante es que este ingenio se reactive, como lo pretenden hacer algunos prospectos que han surgido, que incluso plantean moler medio millón de toneladas de caña de azúcar.
Para ello dialogaron con productores de la vara dulce de seis municipios de Puebla y tres del estado de Oaxaca, quienes aceptaron derivar nuevamente la producción a este ingenio.
Confían en reunir la cantidad de caña que se va a necesitar, porque trabajan más de tres mil hectáreas con ese tipo de cultivo, que pueden comenzar a proveer si en este año hay zafra; la harán, porque este ingenio trabaja acorde con la ley que rige a este sector productivo.
Eso no ocurre con el otro ingenio que hay en esta zona, donde, por comentarios de los mismos cañeros, al no tener otra opción donde vender la vara dulce, les redujo el precio por tonelada.
Aplican estas medidas porque es la única opción de venta que tienen los productores; trasladar la caña a otros ingenios del estado de Veracruz, que son las opciones de compra más cercanas, resulta costoso.
Por lo anterior, el reinicio de labores del ingenio permitirá que la actividad económica en la región se reactive y beneficie directa e indirectamente a unas seis mil personas.
De darse lo anterior, la maquinaria del ingenio que hoy reposa —algunas partes embaladas, otras, por sus dimensiones, descubiertas y descuidadas— volverá a operar cuando el chacuaco silbe, señal de que la zafra arranque, añoranza de más de 200 obreros, cañeros y habitantes de Calipam.
BTO