Hay etapas en las que una persona deja de tener claro qué quiere. Lo que antes parecía importante pierde sentido, aparecen dudas sobre el trabajo, las relaciones o el rumbo que lleva y cualquier decisión parece tener demasiadas consecuencias.
En medio de una crisis así, es común intentar encontrar una respuesta definitiva que permita recuperar la tranquilidad.
Sin embargo, la psicóloga clínica Raquel León plantea que no todas las crisis se resuelven de esa manera. En una reflexión publicada en Psicólogo Plus, señala que algunas requieren algo distinto: aprender a tolerar que durante un tiempo no exista una respuesta definitiva.
Cuando pensar demasiado no ayuda
La incertidumbre resulta difícil porque obliga a convivir con algo que no se puede controlar: no saber qué ocurrirá después.
Una persona puede pasar días pensando si debe quedarse o irse, aceptar una oportunidad o rechazarla. Analiza cada posibilidad, pide opiniones y vuelve sobre la misma decisión, pero sigue sin sentirse segura.
La psicología denomina intolerancia a la incertidumbre a la dificultad para aceptar situaciones cuyo resultado no puede conocerse con anticipación.
Una revisión y metaanálisis publicada en 2024 en Clinical Psychology & Psychotherapy analizó 22 estudios con mil 491 participantes y encontró que las intervenciones psicológicas pueden ayudar a reducir esta dificultad.
Los investigadores señalaron, sin embargo, que todavía es necesario determinar con mayor precisión qué elementos de esos tratamientos producen el efecto.
Tener dudas no significa que exista un problema psicológico. La incertidumbre forma parte de cualquier cambio importante. La dificultad aparece cuando la necesidad de obtener certezas termina impidiendo avanzar.
No necesitas resolverlo todo hoy
Una de las ideas centrales de León es cambiar la manera de plantear una crisis.
En lugar de buscar una respuesta que resuelva los próximos años, puede ser más útil pensar cuál es el siguiente paso que tiene sentido en el presente.
No hace falta saber exactamente qué se quiere para comenzar a explorar una posibilidad. Una conversación, una actividad nueva, retomar un interés o acercarse a un ámbito que genera curiosidad pueden aportar información que difícilmente aparece mientras todo se analiza desde la incertidumbre.
Además, avanzar permite comprobar si aquello que parecía una buena opción realmente funciona.
Algo que desde fuera parecía ideal puede no serlo en la práctica. Y una posibilidad que generaba dudas puede terminar mostrando un camino que antes no era evidente.
La claridad puede aparecer durante el camino
Existe la idea de que primero hay que saber exactamente qué se quiere y después actuar. En una crisis, esperar a alcanzar esa seguridad puede mantener a una persona detenida durante mucho tiempo.
Las circunstancias cambian y también lo hacen las prioridades. Por eso, no todas las decisiones tienen que ser definitivas ni representar un compromiso para el resto de la vida.
Tolerar la incertidumbre no significa dejar de actuar. Significa aceptar que se puede avanzar sin tener garantías sobre el resultado.
Para León, una crisis puede convertirse así en un periodo de exploración. La respuesta que una persona busca quizá no aparezca antes de comenzar a moverse, sino después de dar algunos pasos y descubrir qué funciona, qué ya no encaja y hacia dónde quiere continuar.
JCM