Hasta 15 horas diarias entre hilos de oro y fe: así confeccionan el nuevo ajuar de la Virgen de Zapopan

Un artesano autodidacta y su equipo trabajan en su taller para tener listo cada detalle del vestido, los cuales tienen significados específicos y una intención particular.

Miles de fieles son parte de la Romería de la Virgen de Zapopan el 12 de octubre (Archivo MILENIO)
Josefina Ruiz
Guadalajara /
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M+.- En un taller de la colonia Talpita, en Guadalajara, entre telas, bastidores, hilos de oro, canutillos y pedrería, Alberto Luna trabaja en uno de los encargos con mayor significado de su trayectoria: la elaboración del ajuar que utilizará la Virgen de Zapopan durante la Romería 2026.

Diseñador y bordador especializado en arte religioso y sacro, Alberto se encuentra actualmente al frente de un equipo de ocho personas que participa directamente en la confección de la vestimenta. El trabajo comenzó meses atrás y exige jornadas que pueden alcanzar hasta 15 horas diarias.

Pero su historia con el bordado religioso no comenzó así. Hace 17 años, Alberto se dedicaba principalmente a diseñar y confeccionar vestidos para quinceañeras. El giro llegó cuando recibió el encargo de elaborar un vestido para una imagen religiosa de la Virgen de Zapopan. Aquel trabajo despertó en él un interés que terminó convirtiéndose en su oficio.

“De ahí nació como ese amor, querer realizar esto”, comparte con MILENIO.

Devoción y arte

Lo que comenzó con un encargo particular fue creciendo a través de recomendaciones. Primero llegaron otros trabajos para imágenes religiosas y, posteriormente, encargos relacionados con santuarios marianos. En ese camino, su trabajo llegó a otros espacios dentro y fuera de México.

“Por gracia de Dios, he estado en los santuarios más importantes a nivel nacional y también internacional”.

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Alberto no tenía formación especializada en las técnicas que hoy utiliza. Su aprendizaje fue autodidacta. Comenzó con bordados sencillos y, poco a poco, fue formando un equipo de trabajo.

“Yo lo hice como Dios me dio a entender y, pues, prácticamente soy autodidacta”.

Con el paso de los años llegó a dominar el bordado español en alto relieve, una técnica que emplea hilos y canutillos de oro, además de otros elementos. Para Alberto, la técnica también está vinculada con su fe, pues asegura que no fue algo que aprendiera en una escuela o mediante un maestro.

“Te puedo decir que, por gracia de Dios, por iluminación de Dios”.

El trabajo que actualmente realiza para la Virgen de Zapopan también tiene una raíz personal. Alberto cuenta que su devoción comenzó desde pequeño, cuando acompañaba a su madre y a su abuela a los templos donde se encontraba la imagen.


En su familia materna, explica, recibir a la Virgen de Zapopan durante sus visitas era una tradición que venía de generaciones. Su madre y su abuela fueron quienes comenzaron a acercarlo a la imagen. Con los años, aquella tradición familiar se convirtió para él en una fe propia.

Esa relación es ahora parte de la motivación con la que trabaja cada pieza destinada a la imagen.

Para Alberto, vestir a la Virgen de Zapopan no representa solamente confeccionar una prenda. Lo resume en tres palabras: fe, amor y tradición.

El ajuar de la Virgen de Zapopan se entrega días antes de la Romería (Archivo MILENIO)


El diseñador recuerda que durante décadas fueron religiosas quienes confeccionaban los vestidos de la imagen y que, posteriormente, el trabajo pasó a manos de otros artesanos.

“Es algo muy bonito ver cómo ha evolucionado todo esto y que llegue a nuevas generaciones”.

Detrás del ajuar

La elaboración del ajuar para la Romería requiere una planeación que comienza varios meses antes. Alberto explica que primero se define la temática; posteriormente se desarrolla el diseño y se determina qué materiales y técnicas serán utilizados.

“Tenemos aproximadamente entre ocho y 10 meses planificándolo”.

Actualmente llevan alrededor de tres meses trabajando directamente en el ajuar. Uno de los principales retos, señala, está en conseguir que la propuesta visual coincida con el concepto planteado por los frailes franciscanos. La dificultad consiste en conjuntar ambas ideas para que el resultado final corresponda con el mensaje que se busca transmitir durante la Romería.

En este proceso participan ocho personas de manera directa. Cada integrante tiene una función específica, desde el bordado hasta la elaboración de otros elementos que conforman el ajuar. Uno de esos trabajos es el rebozo, que se realiza de manera coordinada con el resto del equipo.

El horario habitual del taller es de lunes a sábado, ocho horas al día. Sin embargo, durante la elaboración del ajuar las jornadas se han extendido y ahora pueden llegar a trabajar hasta 15 horas en un mismo día.

La razón está en la complejidad de la técnica y en que buena parte del trabajo se realiza manualmente.

Experiencia destacada

Esta no es la primera vez que Alberto participa en la elaboración de un ajuar para la Romería de la Virgen de Zapopan. Su primera participación ocurrió en 2024, cuando trabajó junto con otra persona.

Antes de aquella experiencia ya había participado en otros trabajos para la Virgen de Zapopan. Uno de ellos ocurrió durante la pandemia, cuando elaboró el primer vestido para Semana Santa y las visitas. Posteriormente llegó la participación en la Romería de 2024.

En aquella ocasión, el ajuar incluyó diferentes elementos de la vestimenta de la imagen, entre ellos el rebozo, sombrero, cabellera, fondos interiores y vestido.

El concepto fue distinto al de este año. Alberto explica que en 2024 no había un tema específico, por lo que decidieron desarrollar una propuesta relacionada con la maternidad.

“Queríamos que ese año la Virgen transmitiera algo maternal”.

El objetivo era representar, mediante la vestimenta, la imagen de una madre que abraza a su pueblo.

Vestuario de la Virgen de Zapopan para la Romería 2025 (Cortesía Basílica de Zapopan)


“Que su ropaje hiciera hincapié en que abraza a su gente, que abraza a su pueblo”.

Para este año, explica, sí existe un tema particular alrededor del cual se desarrolla el diseño.

La elaboración de los vestidos y ajuares no se decide de un año para otro. Alberto explica que existen personas que se registran como bienhechores para donar las vestimentas y que los tiempos dependen de la agenda de la Basílica de Zapopan.

Las celebraciones para las que pueden destinarse incluyen la Romería, las visitas oficiales, el 18 de diciembre u otras conmemoraciones. La decisión sobre quién realiza cada pieza corresponde a los frailes de la Basílica. En los últimos años, agrega, se ha buscado que participen distintos artesanos.

El propósito, explica, es que diferentes artesanos tapatíos puedan tener la oportunidad de trabajar para la imagen.

“Que la Virgen pueda tener trabajos de todos los artesanos tapatíos”.

El vestido utilizado para la Romería no termina su recorrido con la celebración. Una vez entregado, queda bajo custodia de la Basílica y puede utilizarse posteriormente en otras actividades.

Este año, Alberto deberá entregar oficialmente el ajuar el próximo miércoles 7 de octubre. La presentación ante los medios será el 8 de octubre. Antes de esa fecha, el equipo deberá tener prácticamente todo terminado.

“Nosotros tenemos que preverlo como por el día 4, el día 5, que ya esté todo”.

La entrega oficial se realiza de manera privada en la Basílica. Participan principalmente los responsables del recinto y se revisa el trabajo terminado. Durante la entrega se explican nuevamente los materiales y las técnicas utilizadas.

Proceso detallado

La técnica principal utilizada por Alberto es el bordado español en alto relieve. Para desarrollarla se emplean distintos materiales y se requiere preparar previamente la tela.

Entre los materiales se encuentran el hilo y el canutillo de oro, además de pedrería y otros elementos. El diseñador explica que parte del proceso retoma una técnica conocida como bordado de cartulina. A través de este procedimiento se busca generar el relieve característico de las piezas.

Cada año el vestido de la Virgen de Zapopan tiene un significado especial (Archivo MILENIO)


“Seguimos todavía ese lineamiento de poder bordar con la técnica de cartulina para que nos quede en alto relieve”.

El proceso comienza con el diseño, continúa con la preparación de la tela y posteriormente llega al bordado. Antes de montarla en el bastidor, la tela debe ser preparada.

“La tela se prepara previamente, se entretela para poderla montar en un bastidor”.

Después se pasa el dibujo y comienza el bordado. Los materiales incluyen hilo de oro, canutillo, jaserón de oro, perlas, zirconias, montaduras, lentejuelas, galonería y pasamanería metálica.

También se utilizan elementos como fleco de oro para elaborar las borlas.

Aunque los materiales pueden variar ligeramente dependiendo del concepto de cada ajuar, los principales elementos se mantienen. También puede incorporarse hilo de seda de diferentes colores.

Para Alberto, una de las principales diferencias entre un vestido convencional y una vestimenta religiosa está en el significado de cada elemento.

Un vestido de quinceañera podía quedar terminado en una o dos semanas. En cambio, una pieza destinada a una imagen religiosa requiere investigar, planear y definir cada símbolo que será incorporado.

En este tipo de trabajos, explica, los íconos tienen una función específica: “algo que queremos dar a mostrar a través de una imagen”.

Por eso, antes de bordar, es necesario determinar qué significa cada elemento y cómo será llevado a la vestimenta. Ese proceso es parte de lo que, desde su perspectiva, hace más complejo al arte sacro.

Fe en cada puntada

Durante la elaboración, Alberto también mantiene una práctica que forma parte de su manera de entender el oficio: encomendar el trabajo a Dios y pedir la guía de la Virgen, “que también sea ella quien nos inspire”.

El diseñador cuenta que, en ocasiones, el resultado termina siendo diferente de aquello que había imaginado al principio. Alberto interpreta algunos de esos momentos como señales relacionadas con su fe.

“Yo lo he tomado a que es algo, no tal vez directamente un milagro, pero sí como una señal”.

Mientras trabaja en el ajuar de este año, Alberto asegura que existe una petición que está presente en su labor: la paz.

“Tristemente, hoy la inseguridad nos ha arrebatado a personas queridas, a personas cercanas”.

Pero la Romería no marca el final del trabajo en el taller. La agenda continúa durante todo el año y se organiza con aproximadamente un año de anticipación.

La fe es parte de la confección del ajuar de la Virgen de Zapopan, comentó Alberto Luna (Archivo MILENIO)


Además de las imágenes de santuarios y templos, el taller realiza trabajos para imágenes particulares y vestimenta destinada a sacerdotes, altares y celebraciones religiosas.

Después de octubre vendrán otros trabajos relacionados con la agenda litúrgica, entre ellos los correspondientes a la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre.

A 17 años de haber dejado atrás los vestidos de quinceañera para dedicarse al arte sacro, Alberto mantiene abierta la posibilidad de volver a trabajar para la Virgen de Zapopan.

“Mi trabajo y las puertas de mi taller están abiertas para la Basílica”.

Pero, además de continuar con su propio trabajo, Alberto quiere que existan nuevas generaciones interesadas en aprender y preservar este tipo de artesanía. Su deseo es que quienes tengan la inquietud de dedicarse a una actividad artesanal encuentren la confianza para hacerlo.

Para Alberto, hay personas que poseen habilidades desde pequeñas, pero que no necesariamente se atreven a desarrollarlas como un oficio. Por eso considera que el trabajo que actualmente realizan en su taller también puede servir como inspiración.

“Que esta tradición no se acabe, para que pueda continuar”.

SRN


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