• Agua negra en los grifos desata crisis inédita en Guadalajara: cerrarán tuberías y las cambiarán por pipas

El deterioro en la Planta Potabilizadora de Miravalle y descargas clandestinas en el canal de Las Pintas obligaron a las autoridades a recortar 2.5 m³/s del suministro.

Luis Ángel Pedraza, Roberto Hurtado, María José Camarena y Alan Castellanos
Guadalajara, Jalisco /
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M+.- Una falla en la planta potabilizadora de Miravalle (una de las principales instalaciones del sistema de abastecimiento de la Zona Metropolitana de Guadalajara, encargada de tratar el agua proveniente del sistema Chapala) no fue un incidente técnico más.

Se convirtió en el detonante de una crisis que llevó agua negra, sedimentos y olores fétidos a los hogares de la capital jalisciense, obligó a miles de familias a comprar garrafones incluso para bañarse o lavar los trastes y terminó por llevar al gobierno estatal a una medida extrema: habrá tandeos durante al menos seis meses para intentar recuperar la calidad del suministro.

Cuando de las llaves metropolitanas comenzó a brotar agua oscura y maloliente, el problema dejó de ser una discusión sobre tuberías, plantas potabilizadoras o metros cúbicos por segundo. Entró directamente a las cocinas, baños y negocios de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG).

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La situación escaló hasta obligar a un hecho inédito. En Casa Jalisco, este martes alcaldes metropolitanos de distintos partidos se sentaron a la misma mesa con el gobernador Pablo Lemus Navarro y los integrantes de la Junta de Gobierno del Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA) para reconocer la dimensión del problema y acordar medidas de emergencia.

El diagnóstico terminó por confirmar lo que miles de habitantes ya padecían dentro de sus casas. El gobernador Pablo Lemus admitió que Guadalajara atraviesa una crisis de agua potable “como nunca antes” y anunció que la ciudad tendrá que sacrificar temporalmente parte del suministro para recibir agua de mejor calidad.

Pero mientras las obras llegan y los tandeos comienzan, familias y comerciantes enfrentan ya una especie de doble factura: pagan el recibo de un servicio cuya agua no se atreven a utilizar y, al mismo tiempo, compran garrafones para cocinar, bañarse, lavar utensilios o mantener abiertos sus negocios.

En carnicerías, fondas, puestos de comida y otros establecimientos, el agua limpia no es un lujo: es una herramienta indispensable de trabajo. El gasto adicional comienza así a convertirse en un impuesto invisible para hogares y comercios golpeados por una crisis que ya no sólo se mide en infraestructura hidráulica, sino también en pesos.

De la llave sale negra

En la colonia Morelos, al sur de la capital tapatía, vecinos aseguran que los problemas con la calidad del agua comenzaron semanas atrás, pero se agravaron durante los últimos días.

Desde el sábado, relatan, el agua comenzó a salir de los grifos con una coloración oscura, incluso negra, acompañada de un olor fétido que provocó temor de utilizarla hasta para las actividades más básicas.

“Pues mal porque no podemos hacer uso, ni lavar trastes ni lavar la ropa. Bueno, dice uno: ‘con esta agua sucia me voy a bañar’. Está delicado, maloliente, de color oscuro. Entonces dice uno: ‘así no puedo lavar mis cosas personales’. No es la primera vez, pero ya tenía dos semanas que no pasaba”, relató Miriam Pelayo, vecina de la colonia Morelos.

Para quienes tienen negocios, la situación añade otro problema: mantener limpios establecimientos, utensilios y productos sin poder confiar en el agua que llega directamente de la red.

“Está demasiado mal, con mal olor y sucia. Yo lo he notado desde hace como tres semanas, pero ahorita el olor está insoportable; el color está cafesoso, casi negro. Eso es lo que he notado en tres semanas, pero cada vez se agudiza más”, señaló Liliana, vecina de la zona.

La preocupación se extiende incluso al aseo personal.

“Simplemente lavarte los dientes, cualquier cosa que se puede tragar uno; igual el baño, para la piel. Todo está mal con el agua y lo peor del caso es que nos la cobran y está carísima”, reclamó.

Algunos habitantes aseguran además que los sedimentos comenzaron a afectar lavadoras, filtros y tuberías.

“Hemos tenido muchos problemas con el agua. Está saliendo demasiado sucia, muy negra; uno ya tiene desconfianza hasta para hacer su aseo. A mí se me han descompuesto varias cosas”, relató Araceli, otra habitante de la colonia.

Explicó que, al revisar una tubería por la poca cantidad de agua que recibía, encontró una acumulación de suciedad, lo que la obligó a realizar reparaciones.

“Estamos comprando agua de relleno para podernos enjuagar y lavar, sobre todo la comida. Todo se tiene que estar haciendo con mucho cuidado porque está saliendo muy sucia y, aunque salga transparente, tiene muchas partículas o mucho lodo. Ahorita en la mañana me salió negra”, agregó.

Los vecinos exigen al SIAPA una solución de fondo antes de que el problema derive en mayores afectaciones económicas o de salud.

Algunos residentes de la ZMG han recibido aguas negras en sus hogares. (Luis Ángel Pedraza)

El color cambia, el olor permanece

La escena se repite en la colonia El Sauz, también en la región sur de la ciudad.

El lunes, vecinos denunciaron que el agua llegó a sus viviendas con una coloración anormalmente oscura. Para el martes parecía más clara, pero el olor persistía y, con él, la desconfianza de utilizarla.

Las familias comenzaron a comprar garrafones no sólo para beber, sino para bañarse, lavar los trastes y realizar otras tareas domésticas.

“Yo creo que ya estamos en una crisis sanitaria. Tenemos bastante tiempo con este tema en otras colonias. A raíz de cortes continuos está regresando el agua con olores muy fuertes y color que nos está afectando ya en la economía y en la salud”, señaló una vecina.

Jessica, habitante de El Sauz, explicó que la situación resulta particularmente delicada para niños, adultos mayores y personas con enfermedades.

“Aquí tenemos muchas personas de la tercera edad, personas que tienen enfermedades, niños. Tenemos que estar recurriendo a comprar garrafones para estarnos bañando. Yo padezco una enfermedad autoinmune de la piel, tengo lesiones en 80 por ciento de mi cuerpo; no puedo estarme bañando con este tipo de agua, ni consumiéndola, ni lavándome los dientes”, dijo.

Otra vecina aseguró que ya ha resentido afectaciones en la piel.

“Como tengo dermatitis, pues me está afectando el agua. Tenemos que estar comprando agua de garrafón para estarnos bañando, para los trastes, para todo lo de la casa y esto ya nos está afectando”, agregó.

Para los adultos mayores existe además otro costo: cargar diariamente el agua necesaria para las actividades domésticas.

“Ya tenemos mucho tiempo con esta agua sucia y no es posible que somos personas de la tercera edad y tenemos que andar acarreando el agua para lo necesario de toda la casa. Trapea uno y huele una cosa mal, una cosa fea; es un olor que fastidia”, relató Estela Zúñiga.

“Una crisis como nunca antes”

Las denuncias acumuladas y el deterioro del suministro llevaron finalmente a Casa Jalisco, la sede del Gobierno y lugar en donde despacha el jefe del Ejecutivo estatal.

Después de reunirse con los presidentes municipales metropolitanos y los integrantes de la Junta de Gobierno del SIAPA, el gobernador Pablo Lemus Navarro reconoció públicamente la magnitud del problema.

“La ciudad está viviendo una crisis de agua potable como nunca antes y, como en cualquier crisis, el primer paso es reconocer para poder resolverla. Este es el tema que hoy preocupa y molesta a miles de familias en toda la ciudad y tienen toda la razón”, declaró.

Lemus destacó que, por primera vez, los alcaldes del área metropolitana que integran la Junta de Gobierno del SIAPA sesionaron juntos en Casa Jalisco para revisar las causas que provocaron que durante la última semana se agravara la llegada de agua sucia a miles de hogares.

El gobernador sostuvo que el problema central ya no es únicamente garantizar el volumen necesario, sino la calidad del líquido.

“No hemos negado esta realidad, pero tampoco nos hemos quedado cruzados de brazos. Hoy el problema ya no es el abasto de agua, sino la calidad con la que llega. Durante muchos años se dejaron de hacer las inversiones necesarias para mantener actualizada la infraestructura dedicada a la potabilización. Hoy nos toca atender este problema y lo hacemos con absoluta responsabilidad”, afirmó.

Según Lemus, una de las principales causas se encuentra en el antiguo sistema que transporta agua desde el lago de Chapala. A lo largo del canal de Las Pintas se detectaron diversas descargas irregulares que terminan en la presa del mismo nombre.

“Llevamos meses trabajando para eliminar esas descargas y llevar el agua por los colectores existentes hacia la planta de tratamiento de El Ahogado. Pero la solución no es inmediata”, admitió.

Menos agua para que llegue limpia

Ante el diagnóstico de los especialistas, el gobierno estatal tomó una decisión que afectará durante meses el suministro: dejar de utilizar el agua de la presa Las Pintas y del antiguo sistema Chapala.

Ese sistema aporta hasta 2.5 metros cúbicos por segundo, pero actualmente contribuye a deteriorar la calidad del agua que llega a la planta potabilizadora número uno de Miravalle.

“Es una decisión difícil pero responsable. Implica que durante los próximos meses tengamos menos agua para distribuir entre todos, pero será agua de mucho mejor calidad”, señaló Lemus.

La consecuencia serán tandeos durante aproximadamente seis meses, en una primera etapa, mientras concluyen las obras del acueducto de desvío de La Calera y la primera fase de ampliación de la planta potabilizadora número uno de Miravalle.

Los cortes serán rotativos y podrán durar uno o dos días. En otros puntos de la metrópoli únicamente disminuirá la presión. El SIAPA y los municipios determinarán cómo y dónde comenzará a aplicarse el esquema.

Dos años para la solución de fondo

La salida definitiva tardará todavía más. Lemus anunció que esta misma semana enviará al Congreso de Jalisco una iniciativa para construir un acueducto sustituto Chapala-Guadalajara, cuya ejecución requerirá alrededor de dos años y que, aseguró, ya cuenta con el aval de la Comisión Nacional del Agua.

“Este acueducto sustituto, cuya construcción durará alrededor de dos años, permitirá que llegue mejor calidad de agua a la Zona Metropolitana de Guadalajara, le sacará menos agua al lago de Chapala y generará ahorros en energía eléctrica”, detalló.

El gobernador señaló también que es necesario concluir las obras del sistema Zapotillo, en la cuenca del río Verde, que actualmente opera apenas al 45 por ciento.

De acuerdo con Lemus, existe un acuerdo con la presidenta Claudia Sheinbaum para que estos trabajos sean ejecutados y financiados por el gobierno federal.

“He acordado con la Presidenta Sheinbaum que esas obras serán ejecutadas y pagadas por la Federación”, afirmó.

El mandatario aseguró que las intervenciones no significarán aumentos en las tarifas del SIAPA, privatización del servicio ni contratación de deuda pública.

La mesa con los municipios y el SIAPA permanecerá instalada para evaluar avances y responder a nuevas eventualidades.

Para los habitantes de Guadalajara, sin embargo, el horizonte inmediato es mucho más simple y más complicado a la vez: durante seis meses tendrán menos agua con la promesa de que, cuando abran la llave, vuelva a salir limpia.

CH

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