M+.- Danna Yanina tiene pesadillas en las que vuelve a ser víctima de Juan Jesús M, el instructor de la ex Academia Militarizada Marina Doenitz donde murió Dafne Zapata Quintos.
Sueña también que Estrellita M intenta hacerle daño. Se despierta asustada. Hay noches en las que prácticamente no duerme y, algunas veces, tampoco quiere comer.
Y entonces llega el día. El mismo lugar.
Los mismos pasillos.
La posibilidad de volver a encontrarlos.
Aunque Danna permanece en un módulo separado, su familia relata que ha tenido encuentros visuales con algunas de esas personas cuando son llevadas a áreas comunes para notificaciones, firmas u otros procedimientos.
En uno de esos encuentros, durante una jornada de vacunación, quedó junto a una de ellas y entró en crisis. Tuvieron que intervenir la psicóloga y personal médico para retirarla. Días después colapsó y fue llevada al Hospital Psiquiátrico.
Para Danna, esos encuentros aumentan el miedo de volver a ser agredida por quienes ella relaciona con el trauma que la persigue.
Los momentos más difíciles llegan cada noche, cuando ya no hay audiencias, abogados ni expedientes sobre una mesa.
Cuando nadie puede explicarle cuánto falta para que termine todo.
Ahí aparecen las pesadillas.
“Danna tiene miedo de que esas personas puedan hacer cosas para acercarse a ella y la puedan lastimar”, cuenta la señora Dora.
Explica el origen de ese miedo: “Tiene pesadillas donde la abusan nuevamente y tiene pesadillas de que Estrella le quiere hacer algo”.
Para la joven de 18 años, quien se encuentra vinculada a proceso por su probable participación en el feminicidio de Dafne, el encierro no consigue mantener afuera aquello que la atormenta.
Lo lleva consigo, lo lleva a la cama y vuelve a despertarse con miedo.
“Tememos por la integridad de nuestra hija”, dice su madre.
Su padre, Ophir Melo, señala que, según los médicos, su hija presenta sintomatología asociada al trastorno de estrés postraumático en un nivel elevado, además de ansiedad, depresión, miedo, tristeza e inseguridad.
Por tal motivo, la joven requirió ser llevada a consulta psiquiátrica.
“Ella refleja secuelas de la violencia psicológica, física y verbal que sufrió durante más de un año; secuelas que han aumentado progresivamente en frecuencia e intensidad”, dice Dora.
Cuando se sienta frente a su hija, la ve cansada, exhausta de dormir poco y luchar contra el miedo.
La ve regresar una y otra vez al mismo infierno: la ex Academia Doenitz, aunque solamente sea dentro de sus sueños.
“¿Cómo le voy a quitar de su cabeza eso que le están haciendo?”, expresa angustiada.
Nadie puede abrir desde afuera la puerta de una pesadilla.
Esa es la otra cárcel de Danna Yanina. La que no tiene barrotes ni custodios y aparece cuando cierra los ojos.
Y en ella, cada noche, vuelve a empezar la historia que intenta dejar atrás.
Familiares de los Mora se burlan
Danna no solamente teme encontrarse con las personas que, señala, le hicieron daño: los ex instructores Juan Jesús y Estrellita M, así como el director Jorge Luis P.
Hay encuentros a pocos metros de distancia. Cruces obligados en pasillos. Momentos en los que tienen que acudir al mismo sitio para realizar algún trámite. Y en uno de esos espacios también aparecen sus familiares.
La madre de Danna Yanina cuenta que ambas se han cruzado con familiares de Estrellita M y que, según su relato, se burlan de ellas.
No las amenazan abiertamente. Se ríen. Se mofan.
Y para una joven que, según su familia, ya vive con miedo de volver a ser lastimada, esos encuentros son muy difíciles.
“Los familiares de Estrella M se burlan cuando vamos y nos topamos”, relata la madre de Danna Yanina.
La familia dice que no puede hacer mucho frente a esas burlas porque, al no existir una agresión física, los episodios quedan en una zona difícil de denunciar.
Pero para Danna el efecto sí existe. Su madre teme que esas personas también puedan acercarse a la joven y hacerle daño. Y ese miedo no termina cuando Danna se retira del pasillo y regresa a su módulo. Se va con ella hasta la noche, cuando sufre las pesadillas en las que vuelve a ser abusada sexualmente.
Cuando su madre llega a verla durante los días de visita, la encuentra con sueño porque pasó la noche entre pesadillas y no descansó.
Es precisamente esa segunda cárcel la que más desespera a su madre. Porque ella puede tocar una puerta, presentar una denuncia, buscar a un abogado, acudir a Derechos Humanos.
Pero no puede entrar en la cabeza de su hija para detener una pesadilla.
“¿Quién va a reparar ese daño?”, pregunta la señora Dora.
Danna, insiste su madre, ya no solamente carga con el encierro, sino también con el miedo de que aquellos a quienes relaciona con su historia de violencia vuelvan a acercarse.
Y carga también con los recuerdos incluso cuando duerme. Sus noches, así, se convierten en otra batalla.
Dice que ya no quiere seguir
Su madre sabe que algo se está rompiendo. Y lo dice desde la posición más dolorosa desde la que puede hablar una madre:
“Hay momentos donde me dice: ‘Mamá, ya no quiero seguir’”.
Escuchar eso, cuenta, es devastador. Pero no puede quitarle de la cabeza aquello que la atormenta.
El viernes, cuando Danna Yanina fue llevada al Hospital Psiquiátrico para recibir atención médica, le dolió verla.
“Me volví a sentir mal al ver a mi hija con esposas, esposas en los pies”, relata.
Después se quiebra al explicar lo que significa para ella ver a su hija privada de la libertad cuando, asegura, es inocente.
“Es muy triste”, dice. Y cuestiona: “¿Y ese daño que le están haciendo, quién va a repararlo?”.
La madre habla de una hija que antes era estudiante y tenía una vida fuera de un penal; ahora permanece recluida mientras intenta defenderse de la acusación que enfrenta. Insiste en su inocencia.
No ha sido un proceso fácil. La señora perdió su trabajo a raíz del caso. Su esposo tiene que trabajar para conseguir dinero y solventar los gastos de la familia. Sus otras hijas permanecen lejos y mantienen contacto con ella mediante videollamadas para no exponerlas, según explica.
Ella, en cambio, permanece cerca de Danna. Dice que no piensa regresar a Poza Rica hasta poder llevarse a su hija.
“No podemos caernos porque ella está sufriendo ahí adentro”, expone.
Y mientras Danna Yanina libra su batalla dentro del Centro de Ejecución de Sanciones de Altamira, sus padres libran otra afuera: conseguir que las autoridades revisen el expediente, obtener atención especializada y demostrar, según insisten, que las afectaciones psicológicas que señalaron desde el principio no han sido atendidas con la urgencia que requieren.
¿Dónde está jurídicamente?
Danna fue vinculada a proceso el 28 de julio por su probable participación en el feminicidio de la adolescente Dafne Zapata. Esa vinculación no constituye una sentencia ni significa que su responsabilidad penal haya sido acreditada.
Jurídicamente, la medida permite que el proceso continúe y que la Fiscalía siga desarrollando la investigación bajo control judicial.
La defensa impugnó esa determinación y acudió a la justicia federal.
El 10 de septiembre se informó que un juez federal concedió a Danna una suspensión definitiva dentro del juicio de amparo promovido contra el auto de vinculación a proceso. Esa suspensión mantiene la protección mientras se estudia el fondo del amparo y frena el avance hacia la etapa de apertura a juicio.
Pero hay una precisión fundamental: la suspensión definitiva no significa que Danna haya sido declarada inocente ni implica automáticamente su liberación. La propia defensa ha explicado que todavía falta que el juez federal resuelva el fondo del amparo.
Por ahora, Danna continúa bajo prisión preventiva mientras se resuelve la controversia jurídica.
Es decir, el expediente está detenido en una etapa concreta por la resolución federal, pero la situación jurídica de la joven no está resuelta de manera definitiva.
Y mientras los abogados esperan una resolución sobre el amparo, la familia sostiene que existe otro frente que no puede esperar: la salud mental de Danna Yanina.
Desde el inicio, sus padres afirman haber solicitado atención especializada ante distintas instituciones, entre ellas organismos de derechos humanos. Refieren, además, que una valoración psicológica había advertido afectaciones importantes y que posteriormente otro dictamen habría documentado un agravamiento del estado emocional de la joven.
La familia también sostiene que la Comisión de Derechos Humanos ha intervenido y solicitado atención especializada, mientras que los documentos psicológicos a los que hace referencia describen ansiedad, miedo, tristeza, inseguridad y sintomatología asociada al estrés postraumático.
La puerta que se abrió en EU
En medio de esta batalla jurídica y emocional, la familia afirma haber recibido también respaldo fuera de México.
El padre refiere que han tenido acercamientos internacionales y que senadores de Estados Unidos les han planteado la posibilidad de que Danna Yanina pueda ir a ese país para recibir apoyo una vez que recupere su libertad.
Explica que ese acercamiento no les ha sorprendido porque, asegura, algunas de las personas que han ofrecido ayuda ni siquiera conocen personalmente a Danna.
“No conocen a nuestra hija y con simplemente escuchar y ver las cosas que están sucediendo, hay mucha gente que está levantando la mano”, relata.
La madre, mientras tanto, permanece esperando.
Espera una resolución.
Espera que su hija pueda recuperar su libertad.
Espera que alguien pueda detener el deterioro que, asegura, observa cada vez que la visita.
Y espera, sobre todo, que llegue el día en que Danna pueda dormir sin volver a aquel lugar.
Porque hoy tiene una cárcel de concreto y otra que aparece cada noche en sus sueños.
Una tiene barrotes.
La otra tiene pesadillas.