• Huérfanos de la violencia: Más de 700 niños han perdido a sus padres por desaparición en Guanajuato

  • Investigadores han identificado afectaciones diferentes dependiendo de la edad de los menores y la desaparición tiene una diferencia frente a otros hechos violentos: la incertidumbre.
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Entre 2024 y lo que va del 2026, un total de 733 niñas, niños y adolescentes han quedado huérfanos de padre o madre en Guanajuato, tras su desaparición o no localización, a la cifra se suman 18 menores más que perdieron a su mamá víctima de un feminicidio; en todos los casos recibieron uno o varios apoyos de la Comisión Estatal de Atención Integral a Víctimas (CEAIV).

El mayor número de menores que perdieron a su padre o madres tras su desaparición se reportó en 2025 cuando la cifra llegó a 292, este año ya se reportan 262 y en 2024 el número que se registró fue de 179.

En el estado, 29 de los 46 municipios registran casos de menores víctimas indirectas por la desaparición o no localización de alguno de sus progenitores, la lista la encabeza Irapuato con 181, le sigue Celaya con 117, luego Salamanca suma 68, León reporta 59 mientras que Silao y Juventino Rosas suman 38 cada uno.

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Las cifras contrastan en el reporte, ya que la Coordinación del Registro Estatal de Víctimas (REV), reporta solamente en este periodo 245 niños, niñas y adolescentes como víctimas indirectas de los 733 que recibieron un apoyo; y 16 menores que perdieron a su madre víctimas de un feminicidio.

De acuerdo a la información del Registro Estatal de Víctimas en 183 casos se encuentra desaparecido el padre de los menores y 62 no han localizado a su madre. No se reporta ningún caso en el que los menores hayan perdido a sus dos progenitores.

De acuerdo a una solicitud de transparencia que realizó MILENIO se reporta, que en 2024 la Comisión Estatal de Atención Integral a Víctimas otorgó mil 116 apoyos a estos menores; el año pasado se registró un incremento sumando mil 508, y este año aún cuando la cifra de casos es menor ya se elevó a mil 539 apoyos realizados.

Estos apoyos van desde medidas alimentarias que se otorgan a una persona adulta en representación del menor, vinculación médica, psicológica, becas, traslados entre otros.

La Comisión Estatal de Atención Integral a Víctimas otorga apoyos a familiares de personas desaparecidas. | Dany Béjar

Evelina Guzmán Castañeda, fundadora y vocera del Colectivo Justicia y Esperanza de San Luis de la Paz, señaló que el perfil de las personas desaparecidas ha cambiado y que actualmente existe una presencia importante de jóvenes víctimas de reclutamiento forzado que no tienen hijos.

La activista, quien desde hace casi 16 años participa en procesos de búsqueda y acompañamiento a familias, señaló que hay cambios notorios en los métodos utilizados por los grupos criminales que se han enfocado a reclutar jóvenes.

Por lo que señaló que más que una baja que puede darse de víctimas indirectas

“No se origina porque haya una prevención, sino más bien por los modus operandis y el que hayan cambiado, modificado, la forma de trabajar -de los grupos criminales-”.

La desaparición de Dulce cambió la vida de sus dos hijos

En 2020, cuando Dulce Alejandra desapareció, sus dos hijos tenían 10 y 12 años. Desde entonces, sus vidas cambiaron por completo: la tristeza, el aislamiento y las alteraciones en sus hábitos de higiene cotidianos marcaron los primeros años sin su madre, mientras mantenían la esperanza de volver a verla con vida.

María Teresa Marmolejo López, madre de Dulce Alejandra y abuela de ambos menores, asumió parte de los cuidados de sus nietos después de la desaparición. A seis años de los hechos, recuerda que la ausencia de su hija provocó un cambio radical en el comportamiento de los niños, quienes dejaron de cuidar aspectos básicos de su vida cotidiana.

Tristeza, aislamiento y dificultades para retomar sus actividades, es algo que enfrentan los familiares afectados. | Freepik. Imagen ilustrativa

La abuela explicó que hubo periodos en los que sus nietos pasaban una semana o hasta un mes sin bañarse y que, en ocasiones, el tiempo era todavía mayor. También observó tristeza, aislamiento y dificultades para retomar sus actividades, particularmente en su nieta, quien todavía tiene problemas para salir, convivir con otras personas y hablar de lo que siente.

“No se querían bañar, no querían arreglarse. La niña todavía siente la depresión porque no tiene amigos, no quiere salir con nadie a platicar. Yo le digo: vente, vamos a tal lado, pero no quiere salir, nada más quiere estar encerrada”, relató.

Otro de los comportamientos que notó María Teresa tras la desaparición de Dulce Alejandra fue en el comportamiento de sus hijos. Su abuela recordó que ambos atravesaron períodos de rebeldía, aunque con el tiempo comenzaron a adaptarse a su nueva realidad.

A la incertidumbre por la desaparición de Dulce se sumó otro golpe para la familia. Después de mantener durante años la esperanza de que Dulce Alejandra regresara con vida, recibieron la noticia de que el cuerpo que habían sepultado no correspondía a ella. La posibilidad de volver a encontrarla con vida se mantuvo hasta que conocieron que su madre había permanecido cinco años en el Servicio Médico Forense (Semefo).

Marmolejo López recordó que esa noticia afectó especialmente a su nieta, quien conservaba la esperanza de que su madre estuviera viva y pudiera regresar algún día.

“Para ellos fue un golpe doble. Primero, esta gente la desaparece y luego la Fiscalía. A través de esto, la niña empezó a entrar en depresión. Yo le decía que si quería estudiar; la niña no quería estudiar, decía que no. Y luego se me complicó más porque no podía pagarle su carrera”, expresó.

Aunque con el paso del tiempo los jóvenes comenzaron a recuperar algunos hábitos, su abuela señaló que la ausencia de su madre sigue presente, especialmente en los momentos en que su nieta recuerda las muestras de cariño que recibía de ella.

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La desaparición también alcanza las aulas

Abraham Sánchez Ruiz, investigador de tiempo completo de la Universidad La Salle Bajío, explicó que trabaja con un equipo que atiende a poco más de 100 niñas, niños y adolescentes que viven en contextos de violencia relacionados con desapariciones y homicidios.

Ahí han identificado afectaciones diferentes dependiendo de la edad de los menores y la desaparición tiene una diferencia frente a otros hechos violentos: la incertidumbre.

La desaparición tiene una diferencia frente a otros hechos violentos: la incertidumbre. | Dany Béjar
“Cuando se trata por desaparición, ese duelo nunca cierra, permanentemente está abierto. Entonces los niños frecuentemente todo el tiempo están expuestos a discursos donde el tema principal es la desaparición del familiar”, sostuvo.

Sánchez Ruiz, detalló que las jornadas de búsqueda pueden extenderse durante todo el día, horas en las que suman a muchos menores por lo que dejan de acudir a clases o tienen que permanecer bajo el cuidado de otros familiares.

“Los niños tienen que viajar con ellas a búsqueda y someterse a todo lo estresante y peligroso que eso supone. Es un mundo muy complejo que incluso cuesta trabajo describirlo por el estrés que se vive. Y ese estrés es muy intenso cuando son niñas y niños y acompañan en búsqueda”, expresó.

Para Sánchez Ruiz, el problema no se limita al impacto emocional de la ausencia, sino a la transformación completa de la dinámica familiar que ocurre después de una desaparición.

Atención no se limita a terapia

Frente a estas afectaciones, la atención para los menores no necesariamente consiste en someterlos a un número determinado de sesiones de terapia psicológica, explicó que el proceso comienza con una especie de tamizaje aplicado a los adultos responsables y/o personas que pueden aportar información sobre los menores.

A partir de los resultados se determina qué casos requieren atención clínica individualizada y cuáles pueden permanecer en un modelo de atención colectiva.

“Hay pocos psicólogos, no alcanza para todos, pero el grueso, el grueso de todas las víctimas, lo que pasa en ese modelo de atención colectivo permanente”, explicó.

Los grupos con los que trabaja han recibido acompañamiento durante aproximadamente cuatro años; comentó que algunos de los menores que ingresaron cuando eran pequeños actualmente son adolescentes.

Los menores reciben atención psicológica de acuerdo a su situación. | Cuartoscuro. Imagen ilustrativa

La atención incluye herramientas como arte terapia, talleres especializados, trabajo psicológico y desarrollo de habilidades socioemocionales; ya que el objetivo no consiste únicamente en reducir los síntomas provocados por la violencia, sino en ayudar a los menores a recuperar sus planes personales.

La experiencia del investigador muestra que la atención puede prolongarse durante años, debido a que las consecuencias de una desaparición tampoco desaparecen en poco tiempo.

Las cifras cambian, pero los menores permanecen

Para Tejiendo Redes Infancia, las cifras sobre hijas e hijos vinculados con personas desaparecidas deben analizarse como información dinámica, debido a las actualizaciones que realizan las fiscalías en el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas.

Juan Martín Pérez García, coordinador de Tejiendo Redes Infancia, explicó que las variaciones entre estados pueden relacionarse con cambios en otros delitos y fenómenos de violencia, por lo que consideró necesario analizar conjuntamente homicidios, desapariciones, feminicidios y reclutamiento, aunque reconoció que en este último fenómeno todavía no existen datos suficientes.

Señaló, que si bien en Guanajuato se ha presentado una disminución en homicidios, mientras que otras entidades han registrado movimientos diferentes, advirtió que los cambios en el orden de los estados no resuelven el problema de fondo.

“Lamentablemente el cambio de orden no significa realmente nada para los hijos e hijas de personas desaparecidas, porque siguen siendo invisibles e ignoradas”, indicó.

  • Christian Ortiz
  • Reportero en Milenio desde 2023. Licenciado en Psicología y originario de León, Guanajuato. Mis temas de interés son: arte, sociales, activismo y política.

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