• Nuevos cafés y restaurantes y rentas de lujo: la gentrificación llegó a la colonia Nápoles

  • Cafés de moda, restaurantes que vienen de la Roma-Condesa y departamentos que alcanzan los 90 mil pesos por metro cuadrado están cambiando el rostro de una colonia que por décadas tuvo otra vida.
y Joselo Rueda
Ciudad de México /
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DOMINGA.– Esta noche de septiembre los tacos Orinoco de la colonia Nápoles, estrenados hace menos de un año, tienen una nutrida cola de comensales que aguarda para cenar. Es una franquicia del famoso local que se llena de turistas en la Roma y en la Condesa, donde se han visto celebridades como Rosalía en sus visitas a México. A contra esquina está el famosísimo China Inn, un clásico de la colonia con más de cuarenta años. Pero hoy entrar ahí es desolador. No hay ni una sola alma.

Nada ha cambiado en el mobiliario: las mesas y sillas de madera de toda la vida, con manteles verdes cubiertos por un plástico transparente, te transportan a los años ochenta, noventa e inicios de los dos mil, cuando las colas para comer arroz frito, rollitos primavera y pollo o cerdo agridulce estaban en esa esquina.

Un encargado del China Inn, que mata la aburrición en el celular, nos indica que hablar con los dueños va a ser casi imposible. “Ya casi nunca vienen”. Y cuando le preguntamos si su local se ha visto afectado por la nueva generación de oferta gastronómica, dice que no lo sabe, “no lleva las cuentas”.

En contraste, el gerente de Orinoco, César Aguilar, accede a atendernos rápidamente y contarnos por qué decidieron apostar por la Nápoles. “Es una zona muy generosa. Nos gusta el hecho de tener un parque [el Alfonso Esparza Oteo] enfrente; un apartado pet-friendly y comensales vecinos de la zona; todo muy familiar. Un poco de empleados, un poco de personas mayores, un poco de jóvenes, un poco de alumnos, niños y parejas con bebés. Queríamos cambiar la rutina”, dice. “Allá –Roma, Condesa– todo el tiempo son turistas”.

Restaurante China Inn ha operado por varias décadas en la colonia Nápoles | Ariel Ojeda/ Milenio


La urbanización que dio su fisonomía moderna ocurrió sobre todo durante el siglo XX. El Programa Parcial de Desarrollo Urbano de la zona señala que a partir de la década de los cuarenta se aceleró la urbanización de esta parte de la ciudad y que el fraccionamiento de ejidos favoreció la creación de colonias como la Nápoles.

Entonces sectores de clase media y alta construyeron viviendas bajo la influencia del llamado estilo californiano, que se convirtió en una de las características arquitectónicas de la zona, cuyas calles combinan nombres de estados y ciudades estadounidenses como Arizona, Arkansas, Alabama, Chicago, Dallas o Miami.

Desde hace un par de años la colonia empezó una época de transición, en la que lo nuevo va sustituyendo poco a poco lo viejo. Muchos de estos cafés y restaurantes nuevos vienen de los barrios ya gentrificados de la alcaldía Cuauhtémoc, donde los precios se reflejan en las rentas y en los menús.

Justo alrededor del parque Esparza Oteo, cuyas baldosas y espacios acaban de ser renovados, es donde más se nota el fenómeno de la gentrificación. Al lado de los Orinoco, hace diez meses se estrenó un local Peltre, que sábados y domingos por la mañana tiene a los meseros vueltos locos sirviendo desayunos: huevos de todo tipo, enchiladas, chilaquiles, pan dulce, café. Y hace apenas cinco meses se instaló ahí una nevería Roxy, que a todas horas tiene una gran cola. Esta nevería le quitó la mitad del espacio físico a una tintorería de toda la vida.

La nevería Roxy abrió su tercera sucursal en CdMx en la colonia Nápoles. | Ariel Ojeda/ Milenio

Los cafés y restaurantes de la Roma llegan a la Nápoles


Seguimos recorriendo el parque y vemos dos cafés: un Tierra Garat y una Casa Bruna –ambos con sucursales gemelas unas cuadras hacia el World Trade Center–. No podía faltar un Starbucks, ese sí mucho más añejo en la zona. La otra gran novedad alrededor del parque es un Spicy Crab –en la calle de Dakota–, un restaurante de comida cajún –originaria de Luisiana, Estados Unidos–, en combinación con platillos mexicanos de comida de mar. “Nuestro platillo estrella es la spicy bag que son camarones en salsa cajún, lo puedes acompañar con bogavante, cola de langosta, king crab, etc., ideal para compartir o disfrutar con familia y amigos”, dice su publicidad, que presume además una terraza en el segundo piso.

Spicy Crab llegó a la colonia Nápoles a finales de 2024, siendo esta su segunda sucursal además de la ubicada en Satélite | Ariel Ojeda/Milenio


Para Sofía Castañeda, de veintisiete años, la situación está muy clara: la Nápoles se está gentrificando. Llegó a la colonia con su mamá cuando tenía doce o trece años. “Nosotros somos de Chihuahua y mi mamá compró el departamento que no fue tan caro, pero sé que ahora ya los departamentos aquí son mucho más caros; o sea, nuestro departamento de lo que costó ahorita ya vale como tres o cuatro veces el precio. Igual que las rentas”.

“En aquéllas épocas, por los 2000, todavía eran más familias, como que casas más antiguas, y no había tantos cafés, tantos restaurantes”. Luego empezaron a hacer el complejo alrededor del WTC, “y ahora justo que vengo caminando pues ves que abrieron Peltre, Orinoco, Roxy y muchos cafés. Uno en cada esquina y más en los últimos dos años. Entonces como que ahorita se me figura un poco a la Roma-Condesa cuando empezaron”.

Sofía, asegura, tiene “la bendición” de que su mamá pudo comprar una propiedad cuando todavía “no pasaba todo esto: sí es una gentrificación, y desgraciadamente mucha gente ya no va a poder pagar el precio [...], se va a desplazar y esto así va a seguir pasando. Pasó en la Condesa, en la Roma. La Doctores también ya va para allá; y por un lado está padre que haya más cafés y todo eso pero, por otro lado, está triste porque ya no se puede vivir aquí”.

Otra cosa que Sofía ha notado es que hay más airbnbs o edificios que se adaptan y se remodelan –que eran antiguos, como de los años setenta– y los ponen en renta para que la gente venga a trabajar. “Tipo coworkings para estadounidenses o europeos y hoteles boutique”. Uno de ellos, Alia Inn, está en la esquina de Nueva York y Dakota y presume de piscina en el roof garden.

Para Bernando Yancelson, asesor inmobiliario, la colonia Nápoles se empezó a reconvertir de 2013, 2014, hasta 2018, pero a partir de ese año ya ha habido restricciones en términos de nuevas construcciones, debido a las casas y residencias de estilo californiano construidas a inicios del siglo XX y algunas de ellas están catalogadas por el INBA. Sin embargo, esto no ha detenido la gentrificación, la cual no necesariamente está marcada por la llegada de turistas.

El estilo californiano se caracteriza por sus tejados de barro cocido y paredes de tonos claros | Ariel Ojeda/Milenio

Suben las rentas y los airbnbs en la colonia Nápoles

La Nápoles es una colonia que tiene un gran arraigo para la gente que vivió ahí su infancia y ahora, en edad adulta, quiere regresar. Cuenta con muy buena comunicación y con una zona comercial importante. “Con todo esto, el precio se ha elevado enormemente. El tener sitios como es el Pepsi Center, donde se ha dado un turismo nacional, y sobre todo de espectáculos, espacios de Airbnb, y de hotelería, ha hecho que el precio de la casa habitación se haya incrementado enormemente”.

Justo a espaldas del WTC está un pequeño centro comercial llamado Plaza Dakota 95 que se acabó de construir en 2012 y dio un aire moderno a la zona. Era una especie de pequeño mall con una tienda Mac, un gimnasio de gran dimensión con alberca, unas hamburguesas Chazz, un Superama (hoy Walmart Express) y otros pequeños negocios como salones de belleza, masajes y farmacias especializadas. Ahora hay además un restaurante Cardenal, que los sábados y domingos por la mañana tiene colas imposibles, y un Café Terraza que se ha vuelto muy popular.

Bernardo Yancelson atribuye a todo esto los precios del mercado. Hay algunos desarrollos en preventa en los que estamos hablando de precios de 75 mil, 76 mil pesos por metro cuadrado, con superficies no mayores a setenta u ochenta metros cuadrados. Y siempre y cuando no estén en avenidas: hay, por ejemplo, un desarrollo nuevo que está rozando ya los noventa mil pesos por metro cuadrado. Está sobre Avenida de los Insurgentes y la calle de Montecito.

En cuanto al perfil de la gente, dice Yancelson, tenemos varios. Por un lado están los jóvenes, parejas que se están casando y que vivieron su infancia y juventud en casa de papás y están regresando; y por otro, está un perfil ejecutivo que, debido a la ubicación del WTC y muchas oficinas, pues buscan vivir cerca, y al ser ejecutivos, los espacios de cincuenta o sesenta son más que suficiente; y luego también están los inversionistas que compran para rentar, ya sea para largo plazo o de corta estancia.

Y a todo este fenómeno le podemos dar el nombre que queramos: “Gentrificación o no. O sea, la gentrificación es un fenómeno de naturaleza, de esta ley natural que es oferta y demanda. A veces culpamos al mercado extranjero, y es la ley natural que no acabamos de entender. Y como ahora ya no existe tanto espacio para la construcción en la Nápoles, pues se ha vuelto muy caro”.

“No somos un local gentrificado”: Orinoco

Seguimos nuestro recorrido por la colonia, y ahora vamos hacia la calle Georgia, en donde un local está pegado a otro. De fondo se ve Le Pain Quotidien. Son las ocho de la noche y no parece que esa sea su hora fuerte, pero sí la de Fishers, un clásico que lleva varios años en la Nápoles y que está a reventar. Jóvenes y oficinistas han hecho suyo este restaurante de mariscos lleno de pantallas, música alta, y en el que se consume mucho alcohol. Seguimos hacia una cuchilla en forma triangular y encontramos la Cervecería de Barrio. Ahí las caguamas, micheladas y cócteles de mariscos llenan las mesas al aire libre, pero el ambiente es mucho más tranquilo.

Sobre esa misma calle está Rosso, un italiano de acabados modernos y de lo más cool, que lleva dos años funcionando. Los viernes, dice la chica de relaciones públicas, tienen DJ en la terraza. Le siguen Corazón de Mar, Dr. Pizza y las hamburguesas Bobo, que después de su éxito en la Condesa abrieron sucursal aquí.

A lo largo del recorrido, en un par de mesas se escucha hablar en inglés. Y en este sentido César Aguilar, el gerente de Orinoco, tiene razón: los turistas no son el denominador común (aún) y justo lo que buscan, llevando su marca a la Nápoles, es que su taquería no sea sinónimo de “gentrificación”. Toda una paradoja y lo sabe.

“Orinoco somos una marca 100% mexicana. No somos un local gentrificado. Queremos compartir la esencia que nos caracteriza, y no tener la esencia que ven en redes sociales únicamente. Queremos hacernos una taquería de la colonia. Queremos ser parte de la colonia Nápoles”, dice.

“Queremos expandir nuestra esencia con tacos de trompo, de chicharrón y con tacos de res. Algo donde no se complique la gente, donde no tengas que pensar en un menú de mil opciones y tal vez con el paso del tiempo quitar esta esencia de que nos vean como gentrificados”. La idea, agrega César, es que la gente no tenga que hacer largas filas. Que vengan a comer tranquilos sin la necesidad de esperar media hora, una hora. Sólo venir a comer tus tacos e irte tranquilo, pasear por el parque y luego ir por un helado.

La cadena de tacos 'Orinoco' nació en 2015 en San Pedro Garza García, Nuevo León | Ariel Ojeda/ Milenio

La resistencia a la gentrificación del barrio


Alejandro Benítez vive en la Benito Juárez y pasea por el parque un domingo a la hora de la comida. Tiene 55 años y dice que a él le ha tocado ver todo el proceso de transformación en la alcaldía. Vivió en la Narvarte durante veintitrés años. Le gusta ir a la Nápoles: “poder sentarse aquí tranquilamente, platicar y tomar un café o un helado, habla de un lugar en el que uno puede sentirse tranquilo. Eso lo valoro muchísimo y por eso me he mantenido por aquí durante más de veinte años”.

Asegura que le tocó vivir el proceso de gentrificación en la Condesa-Roma, “y creo que el problema es la falta de control y de límites respecto del tipo de locales, su ubicación y sus horarios. Si en un lugar donde antes no había establecimientos aparecen muchas chelerías y se vende una gran cantidad de alcohol, cambia el equilibrio del entorno para los vecinos, los trabajadores y quienes transitan por ahí”.

“Viví en la Condesa de 1976 a 1996 y la Roxy de Mazatlán era mi nevería. Cuando vi que se había instalado en la Cineteca me pareció una buena idea; después abrió en Narvarte y ahora aquí en la Nápoles. Este tipo de expansión puede ser positiva porque son negocios que crean tradición y espacios de convivencia”, dice Alejandro. “Lo importante es que haya control. No se debe invadir el paso de quienes llevan carriolas, de quienes tienen dificultades de movilidad o usan bastón. Yo nunca he tenido automóvil: camino y utilizo mucho la bicicleta y el servicio Ecobici”.

“Los espacios donde uno puede caminar y apropiarse del espacio público son vitales para que la ciudad crezca de manera sana y para que aprendamos a convivir con urbanidad. Hay aspectos positivos y negativos en la llegada de tantos negocios, por eso debe haber control”.

Desde su fundación, la colonia Nápoles ha tenido calles que llevan los nombres de estados y ciudades estadounidenses | Ariel Ojeda/ Milenio


En el número siete de la calle Misuri está otra de las pequeñas joyas gastronómicas de la colonia. Se llama Indian Grill y abrieron esta sucursal, que fue seguida de una en la Condesa, en 2023. En los últimos tres años, Saifi, el gerente del local, sí nota que la competencia se ha incrementado: “Hay ya muchos tipos de comida y son diferentes, pero tenemos distintos clientes”. En su caso habla de mexicanos, pero también extranjeros a quienes ofrecen comida del norte de la India: todos los curris, masalas, naan y kebabs.

La manera en que le ha afectado esta llegada de nuevos restaurantes es en el incremento de la renta del local, pero él es positivo y dice que siempre “el sol sale para todos”.

GSC/ASG

  • Karla Casillas
  • Periodista de Investigación. Becaria del programa de periodismo JSK en Stanford. Jefa de investigación de los documentales 'El portal: la historia oculta de Zona Divas', 'La oscuridad de la Luz del Mundo', 'La dama del silencio' y 'Las tres muertes de Marisela Escobedo'.

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