• Agarran las pinzas y se ponen los overoles... mujeres rompen el mito y pisan fuerte en los talleres que antes se creían sólo para varones

Stephanie y Judith rompen estereotipos en el Conalep de Jalisco, en donde dominan Mecánica Automotriz y Química Industrial.

Fátima Briceño
Guadalajara /

En Jalisco, cada vez más niñas y jóvenes rompen estereotipos y eligen carreras técnicas y tecnológicas que durante décadas estuvieron asociadas casi exclusivamente a los hombres, como Mecánica Automotriz y Química Industrial, entre otras.

En el taller del Conalep Jalisco, visitado por MILENIO, el aroma a aceite y metal caliente impregna el ambiente. Las estudiantes, con el cabello recogido, se inclinan sobre motores abiertos de automóviles, herramientas en mano.

Con curiosidad y determinación analizan el funcionamiento de cada pieza en un espacio donde el aprendizaje y la pasión por la mecánica se mezclan.

Las cifras lo confirman. Desde hace cinco años se registra un incremento en el interés femenino por la educación técnica. Actualmente, el 55 por ciento de la matrícula en educación superior técnica corresponde a mujeres; en el Conalep Jalisco, el 52 por ciento del alumnado es de mujeres y el 48 por ciento, de hombres.

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Aunque en especialidades como Máquinas y Herramientas o Electromecánica Industrial la presencia femenina aún es menor, hoy ya hay alumnas en aulas y talleres que antes eran prácticamente exclusivos de varones.

Detrás de estos porcentajes hay historias concretas de decisión, pasión y perseverancia.

La fuerza de una vocación: Stephanie y los motores


En el taller del Conalep Guadalajara III, entre motores abiertos, herramientas y olor a aceite, Gabriela Estefanía Cruz Hernández —Stephanie, como la llaman sus compañeros— confirma que su elección no fue improvisada.

Desde niña sintió curiosidad por entender cómo funcionaban los carros y las motos.

“Desde que soy niña tengo gran interés por las motos, los carros, saber cómo funcionan los motores”, cuenta.


Esa curiosidad infantil se transformó en vocación y la llevó a inscribirse en la carrera técnica de Mecánica Automotriz.

“Si te gusta y tienes la capacidad, lo puedes hacer. Ninguna carrera tiene género; simplemente es dedicación y enfocarte en tu objetivo”, afirma.

Lo que más disfruta son las prácticas: abrir un motor, identificar piezas y comprender cómo se relacionan la cabeza del motor, los pistones y el sistema eléctrico. Confiesa que los motores V8 le resultan especialmente fascinantes por su sonido y potencia.

“Se me hace sorprendente”, dice.

Su historia también habla de respaldo familiar. Su madre fue quien le dio el impulso emocional para atreverse.

“Tú tienes la oportunidad, date”, le dijo cuando expresó su intención de estudiar mecánica.

Su padre, por su parte, fortaleció su conocimiento técnico desde pequeña, enseñándole sobre autos y motos.

Romper etiquetas en un salón dominado por hombres

En su salón solo hay otra compañera mujer. Aun así, Stephanie percibe que cada vez más jóvenes se interesan por carreras técnicas tradicionalmente asociadas a los hombres.

“Firmemente creo que si te gusta y tienes la capacidad, lo puedes hacer. Ninguna carrera tiene un género; simplemente es dedicación y enfocarte en tu objetivo”, insiste.

Para ella, el avance femenino en la mecánica es motivo de orgullo.

“Las mujeres hemos entrado muy fuerte a este campo y creo que es algo padre porque se hace más diverso”.

Actualmente, forma parte del sistema de educación dual, que combina clases en la escuela con prácticas en empresas. Para ella, esta modalidad representa una ventaja competitiva.

“Se abre un campo laboral muy grande porque realmente te enseñan de todo en el taller, desde un cambio de aceite hasta un cambio de motor al cien por ciento”.

Pasa la mayor parte de su jornada en el taller, alternando motores y sistemas eléctricos con materias como matemáticas e inglés.

Stephanie no piensa detenerse al terminar su carrera técnica y llama a todas a seguir lo que les gusta. (Milenio)

Stephanie no piensa detenerse al terminar su carrera técnica. Su meta es estudiar una ingeniería enfocada en motores y continuar especializándose.

“Primero quiero enfocarme en mi carrera y expandir mi conocimiento laboral en la mecánica. Si me voy a dedicar a esto, quiero que sea algo que me guste y me apasione”.

Su mensaje para otras niñas es claro:

“Si te gusta, anímate. Los géneros realmente no importan si tienes bien enfocado tu objetivo”.

Romper barreras de edad: Judith en el laboratorio

En otro espacio del mismo sistema educativo, Judith Hernández desafía no solo los estereotipos de género, sino también los de edad.

Casada y madre de un niño de seis años, decidió retomar sus estudios en la carrera de Química Industrial con un objetivo claro: crecer profesionalmente.

“En mi trabajo quiero subir de puesto para mejorar, y Conalep me abrió las puertas y aquí estoy estudiando la carrera”, explica.

Su día a día implica un esfuerzo constante. Asiste a clases, cumple con tareas, trabaja y atiende responsabilidades familiares.

“Es pesado, pero mi esposo me apoya mucho en las labores de la casa. A veces me tengo que desvelar haciendo tareas”, relata.

En su grupo predominan los hombres, pero asegura que el ambiente es de respeto y colaboración.

“Aquí compartimos todo: las tareas, el trabajo, nos apoyamos mutuamente. Yo digo que eso de que una carrera sea para hombre o para mujer se está acabando”.
Judith Hernández desafía no solo los estereotipos de género, sino también los de edad. (Milenio)

Disfruta especialmente las prácticas de laboratorio: realizar destilaciones, preparar talcos o elaborar pomadas para quemaduras.

Aunque admite que no siempre se le facilitan las materias, insiste en que el esfuerzo compensa cualquier dificultad.

“Todo cuesta, pero sale con éxito”, sostiene.

Si bien algunos conocidos le cuestionaron su decisión de regresar a la preparatoria rodeada de jóvenes, en la escuela encontró apoyo. Sus compañeros la respetan y la integran; incluso su hijo ve con orgullo que su mamá también va a la escuela.

Cuando no tiene quien lo cuide, lo lleva consigo, y él dice que su “kínder es muy grande y muy bonito”.

“Para estudiar no hay edad y siempre una puerta va a estar abierta”, afirma convencida.

A otras mujeres, especialmente a madres que dejaron inconclusos sus estudios, les envía un mensaje directo:

“Échenle muchas ganas. Todo cuesta, pero todo sale con éxito”.

Y remata con una frase que resume su historia: para estudiar no hay edad y siempre habrá una puerta abierta.

Su hijo ve con orgullo que su mamá también va a la escuela. (Milenio)

Un avance que aún enfrenta retos

Desde el ámbito institucional, autoridades reconocen que los cambios son resultado de una estrategia sostenida.

La secretaria de Innovación, Ciencia y Tecnología, Fany Padilla, destacó que el incremento en la participación femenina no es casual.

“Gracias al trabajo sostenido de incorporación de mujeres en estas áreas técnicas, en educación superior tenemos 55 por ciento”, subrayó, al señalar que en algunos espacios incluso hay más mujeres que hombres.

Por su parte, el director general del Conalep Jalisco, Néstor Tello, explicó que la presencia femenina varía según la especialidad.

“En el Conalep, 52 por ciento son mujeres y 48 por ciento, hombres. Hay carreras con muchas mujeres, como Enfermería, pero también tenemos mujeres en Máquinas y Herramientas y en Electromecánica Industrial. No es la misma proporción que hombres, pero ya hay presencia en carreras que naturalmente eran solamente de hombres”.

El secretario de Educación de Jalisco, Juan Carlos Flores Miramontes, añadió que el impulso comienza desde etapas tempranas.

“Afortunadamente en Jalisco cada vez se da más la paridad de manera natural. En la Liga de Mate, que estaba dominada por hombres, hoy vemos equipos integrados de forma paritaria por mujeres. En el Reto STEM para jóvenes de preparatoria la paridad ha sido prácticamente perfecta”, indicó.

No obstante, coincidieron en que el principal desafío se encuentra en el nivel superior y en comunidades del interior del estado, donde factores sociales y las cargas de cuidado aún influyen en la continuidad académica de las jóvenes.

Mientras tanto, en talleres y laboratorios, historias como las de Stephanie y Judith evidencian que el cambio ya está en marcha.

Entre motores y matraces, cada vez más mujeres demuestran que la técnica y la industria también les pertenecen.

MC

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