Movimiento 'tradwife': crece la tendencia que pide a las mujeres dedicarse al hogar y consagrarse a sus maridos

El movimiento, que ha tomado fuerza en redes sociales y en discursos políticos, representa un riesgo para la autonomía femenina y los derechos conquistados durante décadas

El tema volvió a cobrar fuerza tras las declaraciones de Erika Kirk. (Foto: especial)
Josefina Ruiz
Guadalajara /
Únete al canal de Milenio

M+.- Ser "tradwife" significa ser una esposa tradicional: lava, cocina y cuida. Pero, más allá del concepto, representa la sumisión de las mujeres frente a los hombres. El esposo, proveedor; la esposa, dedicada al hogar. Es renunciar a la independencia y regresar a los días en que la obediencia a la pareja era incuestionable.

El movimiento, que ha tomado fuerza en redes sociales y en discursos políticos, representa un riesgo para la autonomía femenina y los derechos conquistados durante décadas. Así lo advierte María Esmeralda Correa Cortés, profesora investigadora del Departamento de Políticas Públicas de la Universidad de Guadalajara (UdeG), quien expresó su preocupación por la rapidez con la que esta corriente ha dejado la virtualidad para comenzar a ganar terreno en distintos ámbitos sociales.

“Está creciendo en estatus económicos e ideologías donde no nació. Eso da miedo porque los derechos que se ganan también son fáciles de quitar”, dijo a MILENIO la también coordinadora de la Cátedra Unesco de la casa de estudios.

El principal riesgo, explicó, es que el discurso del movimiento promueva un retroceso en derechos como la autonomía económica, la participación política, la libertad reproductiva y la capacidad de decisión de las mujeres.

“Ya dijo Simone de Beauvoir que era muy fácil quitar los derechos que se ganaban y que deberíamos estar siempre alertas. Entonces, este convencimiento de la ultraderecha de llevar a las mujeres hacia la sumisión y hacia el regreso al hogar definitivamente es un riesgo”, manifestó.
Te recomendamos leer...
Tenis, cremas y tazas de... sargazo: impulsan industria como solución a la crisis medioambiental

El tema volvió a cobrar fuerza tras las declaraciones de Erika Kirk, viuda del político republicano Charlie Kirk, durante el Women's Leadership Summit, un encuentro organizado por Turning Point USA, organización conservadora de Estados Unidos.

En su discurso propuso reemplazar el voto individual por un sistema en el que el jefe de familia ejerza la representación política de todo el núcleo familiar; es decir, emitir un voto por hogar. De esa forma, quedaría suprimido el voto individual de las mujeres.

“Esto del voto familiar que se viene discutiendo y debatiendo en Estados Unidos es un riesgo, porque ellas hablan desde un privilegio que solo les pertenece a ellas y a un grupo muy reducido de la población. Pero 90 por ciento de las mujeres que no tenemos un marido millonario no gozamos de esos privilegios que ellas tienen y que les permiten ver la vida desde otro ángulo”, afirmó la académica.

Recordó que actualmente la mayoría de las familias dependen del ingreso de ambos integrantes de la pareja, por lo que presentar el regreso al hogar como una solución universal invisibiliza las condiciones económicas de la mayoría de las mujeres.

“Las mujeres que estamos casadas con un hombre normal, tenemos que salir a trabajar junto con él para ganarnos la vida. Entonces, en ese sentido, los derechos que ellas intentan robarnos representan un retroceso de casi un siglo. Obviamente, como investigadora, no puedo, por integridad, ética y compromiso con otras mujeres, estar a favor de este movimiento”, expresó.

De la virtualidad a la realidad

El movimiento "tradwife" comenzó a gestarse alrededor de 2010, aunque fue durante 2020 cuando alcanzó mayor visibilidad, impulsado por creadoras de contenido en redes sociales como respuesta al movimiento feminista.

En sus primeros años, la tendencia fue presentada principalmente como una propuesta estética, en la que influencers mostraban una versión idealizada de la mujer dedicada exclusivamente al hogar.

“Las chicas vendían la imagen de una mujer tradicional, dedicada a la casa, donde hablaban de las maravillas de quedarse en el hogar”.
El discurso del movimiento promueva un retroceso en derechos. (Foto: especial)

Sin embargo, la imagen difundida en redes sociales no reflejaba la realidad cotidiana de sus creadoras.

“Estas influencers sí obtenían recursos económicos a través de ese contenido y, obviamente, era solamente un producto que estaban vendiendo; no reflejaba la realidad. Sin embargo, esta visión de tomarse en serio todo lo que la web dice, sin cuestionarlo ni hacer un análisis de por medio, empieza a extenderse entre más personas y gana popularidad”, dijo.

Conforme el movimiento creció, dejó de ser únicamente una tendencia de internet para convertirse en un discurso retomado por sectores políticos conservadores.

“En la vida política también ha venido siendo retomado por partidos conservadores y de ultraderecha”.

El mayor impulso proviene precisamente de esos espacios ideológicos.

No obstante, su crecimiento ya no se limita a grupos con mayores ingresos.

“También ha estado creciendo entre chicas de clase media e incluso de clase baja. Lo que nació como el retrato de las clases altas ha ganado mucha fuerza entre la clase media e incluso en los estratos económicos bajos”.

La imagen original del movimiento estaba asociada con mujeres que podían dedicarse de tiempo completo al hogar gracias a una posición económica privilegiada.

“Aquellas que pueden tener quién haga el aseo en casa, una cocina llena de ingredientes para cocinar un estofado, una paella y además un mole o un pozole; así surge el movimiento”.

Además del ámbito político, la académica observó que el discurso ha encontrado eco en espacios religiosos, donde prevalece un sistema patriarcal tanto en el plano ideológico como estructural.

A través de la fe, explicó, se legitima la sumisión de las mujeres.

“Ha dado un respaldo legítimo para que algunos pastores o sacerdotes hagan abiertamente alusión a la familia tradicional, en demérito de las familias alternativas o disidentes, y también para que hablen de la sumisión de la mujer, del trabajo en casa y de los roles de género”.

Derecho a decidir

La especialista subrayó la importancia de distinguir entre el derecho de una mujer a decidir libremente dedicarse al hogar y un movimiento que cuestiona derechos conquistados.

“Tenemos que diferenciar entre las mujeres que legítimamente quieren dedicarse al hogar, porque ese es un derecho genuino. Nadie tiene derecho a cuestionarlo. El cuidado de la casa constituye un trabajo en sí mismo y, además, es un trabajo pesado”.

Sin embargo, insistió en que el movimiento "tradwife" no debe confundirse con esa decisión personal.

“Una cosa es que la mujer decida libremente quedarse en casa y otra muy distinta es que pierda su autonomía y sus derechos”.

Aunque el discurso suele presentarse como una defensa de la libre elección, consideró que en realidad impulsa un retroceso.

“Como investigadora abogo por el derecho de las mujeres a decidir libremente. Sin embargo, el movimiento no aboga por eso. Aunque pareciera disfrazarse de esa manera, no lo creo. Representa un retroceso”.

Reflejo de la desigualdad

El crecimiento del fenómeno también está relacionado con el agotamiento que enfrentan muchas mujeres debido a la doble o triple jornada laboral.

“La realidad es que también ha ganado fuerza por la desigualdad que sufrimos, por el hartazgo. Yo trabajo, pero además cocino, lavo, plancho y estoy al tanto de mis hijas. Esa doble jornada laboral lleva a muchas mujeres a un cansancio biológico, físico e intelectual”.

Detrás del deseo de ser una "tradwife" existe la necesidad de descansar y de vivir en condiciones de mayor equidad.

“Hay un deseo de equidad, de decir: ya no quiero esta doble o triple jornada laboral; estoy agotada, estoy cansada”.
El crecimiento del fenómeno también está relacionado con el agotamiento que enfrentan muchas mujeres. (Foto: especial)

Sin embargo, el problema de fondo no se resuelve regresando a las mujeres al espacio doméstico, donde dejan de participar en la vida pública y terminan excluidas de las decisiones que las afectan.

“El movimiento dice: ya te cansaste de trabajar, regresa a casa. Yo creo que hay un trabajo muy fuerte por hacer para enseñarles a las mujeres que el movimiento no las está protegiendo; las está recluyendo nuevamente a la sumisión y está acabando otra vez con su autonomía”, manifestó.

Finalmente, la académica llamó a mantenerse alerta sobre la manera en que este discurso se incorpora al debate público.

“Tenemos que estar muy alertas de que este discurso de la familia tradicional y del conservadurismo no llegue a la esfera política, porque nos puede ganar y podemos terminar como Argentina o como El Salvador”.

Así, una tendencia surgida en redes sociales puede convertirse en un factor que elimine derechos conquistados tras décadas de lucha feminista.

Te recomendamos leer...
Lorenzo Salgado salió de Tlatlaya rumbo a EU en busca de una mejor vida; murió a manos del ICE

HCM

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite