Durante años, la idea parecía sencilla: mantenerse físicamente activo ayuda a cuidar el cerebro.
Sin embargo, una nueva investigación sugiere que no toda actividad física está relacionada de la misma manera con el riesgo de demencia y que el contexto en el que se realiza puede ser determinante.
El análisis, publicado en The Lancet Public Health, reunió información de 74 estudios con más de 4.2 millones de personas de entre 45 y 93 años, procedentes de 30 países. Los participantes fueron seguidos durante una media de 10 años para identificar nuevos diagnósticos de demencia.
La diferencia está entre el trabajo y el tiempo libre
De acuerdo con los resultados, las personas que realizaban mayores niveles de actividad física durante su tiempo libre presentaban un riesgo 24 por ciento menor de desarrollar demencia en comparación con quienes tenían los niveles más bajos.
La situación fue distinta cuando el esfuerzo físico formaba parte de la jornada laboral. En este grupo, una mayor actividad física ocupacional se relacionó con un riesgo 20 por ciento mayor de demencia.
El hallazgo no significa que hacer esfuerzo físico durante el trabajo provoque demencia. Los investigadores señalan que se trata de un estudio observacional, por lo que sus resultados muestran una asociación y no permiten establecer una relación directa de causa y efecto.
Natan Feter, investigador de la Universidade Federal do Rio Grande do Sul, explicó que los resultados cuestionan la idea de que cualquier movimiento tenga exactamente el mismo efecto sobre la salud cerebral.
¿Por qué el ejercicio de ocio podría ser diferente?
Los investigadores creen que la diferencia no está necesariamente en el movimiento, sino en las condiciones en que se realiza. La actividad física durante el tiempo libre suele ser voluntaria y puede adaptarse a las preferencias de cada persona, además de favorecer la interacción social y reducir el estrés.
En cambio, algunos trabajos físicamente exigentes implican movimientos repetitivos, cargas pesadas, jornadas prolongadas o exposición a ruido y contaminación. El agotamiento al terminar la jornada también puede dificultar que una persona haga ejercicio por iniciativa propia.
El estudio tiene limitaciones: gran parte de las investigaciones analizadas proceden de países de ingresos altos y algunos datos sobre actividad física fueron reportados por los propios participantes. Además, al tratarse de un análisis observacional, los resultados muestran una asociación y no demuestran que el esfuerzo físico laboral provoque demencia.
La principal conclusión es que no toda actividad física debe analizarse de la misma manera cuando se estudia su relación con la salud cerebral.
Con información de EFE / JCM