A más de una semana de los hechos de violencia registrados el 22 de febrero en distintas regiones de Jalisco, tras el abatimiento del líder criminal del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), especialistas en salud mental consultados por MILENIO han encendido las alertas.
No solo por la violencia en sí misma, sino por un fenómeno paralelo que ha resultado igual de dañino: la saturación de información, las noticias falsas y las cadenas de WhatsApp que detonaron una segunda ola de crisis nerviosas, ansiedad y síntomas de estrés postraumático entre la población.
Lo ocurrido aquel domingo no fue un hecho aislado. La combinación de bloqueos, enfrentamientos y una sensación generalizada de caos fue el caldo de cultivo perfecto para que, en cuestión de horas, el miedo se desbordara en las calles y, sobre todo, en el entorno digital.
Sin embargo, psicólogos y expertos consultados coinciden en que el impacto emocional actual no es sólo producto de lo que ocurrió, sino de la forma en que se consumió la información.
Violencia real y consumo digital desbordado
La doctora Isabel Rodríguez Sainz, responsable del Laboratorio de Psicología del Centro Universitario de Los Altos (CUAltos), de la Universidad de Guadalajara, explica que este tipo de eventos actúan como detonantes directos de cuadros agudos de ansiedad.
“Si hablamos de la afectación en términos de salud mental, esto detona cuadros de ansiedad, de preocupación e incluso podríamos hablar de algún tipo de estrés postraumático en las personas que lo vivieron directamente”, señala.
Pero el problema no se detuvo el 22 de febrero. La reacción en cadena no tardó en llegar.
La infodemia que reavivó el miedo
La llamada infodemia —concepto que se popularizó durante la pandemia de covid-19— regresó con fuerza. Videos sin confirmar, audios falsos atribuidos a supuestos “conocidos” y decenas de cadenas con información contradictoria comenzaron a circular sin control en plataformas como WhatsApp, Facebook, TikTok e Instagram.
Esta exposición constante a contenido violento y descontextualizado, conocida como violanet, prolongó y agravó la crisis emocional en amplios sectores de la población.
El duelo por la seguridad perdida
La doctora Beatriz Adriana Corona-Figueroa, investigadora de la carrera de Psicología de la Universidad Autónoma de Guadalajara, profundiza en la raíz del malestar.
Más allá del miedo inmediato, señala, la población atraviesa un duelo complejo.
“Es una sensación de duelo justamente por la certeza de que te puedes mover sin peligro. Toda pérdida implica un duelo. Esa pérdida de la libertad de movimiento, de la certeza de que nuestros seres queridos estaban bien, ocasiona sentimientos depresivos, de incertidumbre y tristeza”, explica.
Esta pérdida de la normalidad y la seguridad, añade, reactivó viejas heridas emocionales. Muchas personas revivieron las sensaciones de angustia, aislamiento y miedo experimentadas durante el confinamiento sanitario.
“La experiencia que ya tuvimos a partir del covid-19 detonó nuevamente sensaciones de angustia, de pérdida y de miedo”, advierte.
Los síntomas de una sociedad en crisis
Las consecuencias de este coctel —violencia real más violencia digital— ya son palpables en la vida cotidiana. Rodríguez Sainz subraya que ignorar o reprimir las emociones no las elimina; por el contrario, se acumulan y se manifiestan en el cuerpo.
“Un evento traumático puede derivar en fobias o ansiedad generalizada. Podemos hablar de agorafobia, que es el miedo excesivo a salir a lugares concurridos o incluso a la calle por temor a que algo ocurra”, explica.
- Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:
- Insomnio y alteraciones del sueño.
- Irritabilidad y cambios bruscos de humor.
- Hipersensibilidad al ruido o a estímulos asociados a los hechos.
- Ataques de pánico y crisis de ansiedad.
- Alteraciones en la alimentación.
- Sobresaltos constantes ante cualquier eventualidad.
Blindarse de la información tóxica
Ante este panorama, los especialistas coinciden en que no se trata de negar la realidad, sino de aprender a gestionarla. El doctor David Coronado, jefe del laboratorio de violencia del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, introduce un concepto clave: la lectura crítica.
“Es indispensable leer de manera crítica. Revisar lo que consumimos y, a partir de ello, determinar qué es lo que realmente está sucediendo”, recomienda.
El problema, añade, es que las plataformas digitales están diseñadas para mantener a los usuarios en tensión constante, con información breve y altamente emocional, lo que dificulta la reflexión. A ello se suma la ausencia de una narrativa oficial clara y coherente, que alimenta la desconfianza institucional y el miedo social.
Ruta para recuperar la estabilidad emocional
Las especialistas proponen una guía práctica para mitigar el impacto emocional:
- Validar, no reprimir.
- Reconocer el miedo, la ansiedad y la tristeza es el primer paso para poder gestionarlos.
- Poner filtros a la información.
- Dosificar el consumo de noticias, verificar fuentes y desconfiar de mensajes alarmistas.
- Retomar rutinas con conciencia.
- Volver a las actividades cotidianas ayuda, pero no debe hacerse de forma automática ni negando lo vivido.
- Tener un plan familiar.
- Saber cómo comunicarse y actuar en situaciones críticas reduce la sensación de caos.
- Buscar redes de apoyo.
- Hablar con familiares, amigos o acudir a un profesional puede marcar la diferencia.
“Para quienes lo vivieron de manera cercana, la búsqueda de servicios de salud mental es fundamental. Las pérdidas fueron materiales, físicas, patrimoniales y emocionales”, señala Corona-Figueroa.
Señales de alarma: cuándo pedir ayuda
No todo malestar requiere terapia inmediata, pero hay signos que no deben ignorarse:
- Insomnio persistente.
- Ataques de pánico recurrentes.
- Pensamientos intrusivos sobre los hechos violentos.
- Tristeza profunda o apatía prolongada.
En niñas, niños y adolescentes: cambios de conducta, miedo a salir o pesadillas constantes.
“No dejemos en segundo término la salud mental. Validemos lo que sentimos y busquemos redes de apoyo”, concluye Rodríguez Sainz.
En un entorno marcado por la violencia y la desinformación, aprender a gestionar las emociones se vuelve una herramienta esencial de cuidado personal y comunitario.
MC