Las calles de Puebla, visitadas por MILENIO, guardan un secreto a voces que se disfruta mejor sin prisa: el Callejón y la Plazuela de Los Sapos, pasajes comerciales y turísticos capaces de enamorar a sus visitantes gracias al estilo colonial de sus casonas, engalanadas por balcones que miran a la calle, cuyas coloridas fachadas, macetas y bancas alineadas a la vialidad hacen de cada rincón una postal inolvidable.
La iluminación, especialmente diseñada para engalanar este paraje en cuanto empieza a caer la noche, provoca que el visitante quiera volver una y otra vez a este sitio, que parece arrancado de cualquier ciudad europea, pero que se ubica justo en el corazón de la capital poblana, a menos de seis calles del Zócalo y la Catedral, rodeado de edificios antiguos, así como de inmuebles rehabilitados que conservan su esencia; todo a menos de dos horas de la Ciudad de México, si se viaja en automóvil.
Un barrio con identidad propia
El llamado Barrio de Los Sapos alberga su emblemático callejón, la plazuela y el tianguis de antigüedades que llevan el mismo nombre, y que abarcan las calles 3, 5 y 7 Oriente, entre la 6 Sur y el bulevar 5 de Mayo.
Para muchas personas, recorrer esta zona es trasladarse a un lugar único, con historias guardadas y arquitectura renovada, además del cambio de vocaciones, pues ha pasado de ser un área residencial a comercial, universitaria y actualmente turística, donde se encuentra un importante acervo cultural del siglo XX, artículos de colección y, por qué no, hasta los primeros cuentos realizados en latón.
Un día normal o un fin de semana, de noche o de día, se puede iniciar este paseo con amigos, familia o esa persona especial; ya seas turista o local, inevitablemente te llevará a un viaje en el tiempo, como si se tratara de una ciudad como París, en el continente europeo.
Si ya te decidiste, elige tu mejor outfit, pues será esencial para tomarte fotografías. El punto de salida es la calle 3 Oriente y el bulevar 5 de Mayo. Allí se encuentran dos hoteles de renombre que anteriormente fueron casonas. Desde este punto se observan macetas que dividen el paso peatonal del vehicular, así como un parklet, espacio con mesas y bancas para sentarse y disfrutar del lugar, además de pequeños restaurantes y cafeterías.
Al caminar por el trazo de la calle, el recorrido indica que en la esquina se encuentra el Edificio Carolino, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), pero también aparece la parte más emocionante: el Callejón de Los Sapos, que luce hermoso a toda hora.
Aquí se encuentran artistas urbanos cantando o actuando, quinceañeras posando para sus fotos del recuerdo, comercios que venden artesanías y bazares de antigüedades, entre los que destacan planchas de metal que se calentaban con carbón, historietas escritas en latón y antiguas placas de circulación de automóviles.
Al concluir este corredor, el visitante se encuentra de frente con la plazuela del mismo nombre, que luce una fuente en el centro con el distintivo sapo. Este lugar, de jueves a lunes, ofrece una variedad de antigüedades inimaginable, además de hoteles y restaurantes de alto nivel.
Nombre curioso
“Este río (San Francisco) alimentaba a los molinos, curtidurías, vecindades, cantinas y pulquerías que estaban a los alrededores. Debido a que tenía tendencia a inundarse, se aglomeraban anfibios en el lugar, por lo que fue llamado popularmente el Barrio de Los Sapos”.
Así narró la escritora poblana Emma García Palacios, en su libro Barrios Antiguos de Puebla, que este lugar recibió su nombre en la década de los 80, durante la administración del entonces gobernador Alfredo Toxqui Fernández de Lara, cuando la intención era que tuviera una vocación totalmente turística, aunque sus orígenes datan de la época colonial.
Precisó que este sitio tiene una extensión de ocho kilómetros, conformados por las calles 5 a la 7 Oriente, y colinda con el barrio de Analco, que se ubica al otro lado del río San Francisco, actualmente entubado bajo el bulevar Héroes del 5 de Mayo.
La historiadora señaló que, debido a una tromba registrada en el siglo XX, en 1939, se inundaron todas las calles que estaban en las inmediaciones del río; la fuerza del agua arrastró a sapos, ranas y lagartijas que se encontraban en el camino, congregándolos en este sitio, hecho que determinó su nombre oficial.
“Actualmente abarca una calle muy conocida, la cual se nombró el Callejón de Los Sapos, con bazares de artículos antiguos; además, más adelante está el tianguis de muebles antiguos, con anticuarios y pintores que venden artesanías los fines de semana”, detalló.
García Palacios describió que en los años 70 y 80 este lugar tuvo un auge importante del turismo extranjero, que encontraba piezas del siglo XX; sin embargo, no solo ha tenido esta vocación, pues en los años 90 se convirtió en una zona de antros a los que acudían jóvenes los fines de semana, donde la música de trova era la más escuchada.
Entre los establecimientos con más tiempo mencionó a la cantina La Pasita, que vende vinos de distintos sabores, servidos con una uva pasa como toque especial, característica del lugar.
Actualmente, dijo, en las calles 3, 5 y 7 Oriente, visitantes y poblanos encuentran diversos restaurantes que ofrecen platillos de la gastronomía poblana, como cemitas, chiles en nogada, chalupas, mole poblano y mole de caderas.
La escritora destacó que este barrio es característico porque, a diferencia de otros antiguos —como San Francisco, El Alto, Analco, Santa Anita, Los Remedios, La Luz y San Antonio—, que cuentan con una iglesia como elemento fundamental, el de Los Sapos no tiene un templo y, además, es uno de los más pequeños.
“Una de las características de este lugar son las antigüedades que se encuentran, además de que es el más pequeño”, expresó.
Símil parisino
Emma García expresó que en París también existe un tianguis con esta vocación, lo que genera una similitud con Los Sapos. “Los Sapos sin duda es un lugar característico de Puebla capital, que ha sido escenario de grabaciones de películas y series”.
Mesas, sillas, puertas, baúles, zaguanes, cómodas, relojes de pared, de bolsillo y de pulso, candiles, pianos, pianolas, revistas, cuentos, vajillas, bastones, esculturas, monedas y billetes forman parte del tianguis de artículos del siglo XIX en adelante, piezas que trasladan al pasado e invitan a conocer la riqueza cultural que encierra cada objeto, muchos de los cuales fueron decoración de casas lujosas y han sido adquiridos por políticos, actores y personas amantes del arte.
En entrevista, Porfirio Cabrera Aguilar, presidente de la Asociación de Antigüedades y Manualidades de la Plazuela de Los Sapos, destacó que desde hace 50 años este espacio alberga el tianguis que se instala los jueves, viernes, sábado, domingo y lunes.
Agregó que Porfirio Cedeño Varela fue el iniciador de este espacio comercial y que, con la inquietud de contar con un mercado similar al de La Lagunilla, en la Ciudad de México, se organizó con comerciantes que en aquella época no contaban con un bazar para ofrecer su mercancía.
Con ilusión, presentó su proyecto al entonces gobernador Alfredo Toxqui para fundar este sitio con miras al desarrollo turístico y como polo de crecimiento.
Narró que se comenzó con tan solo 20 anticuarios y que actualmente suman más de 70, destacando que lo que más se vende son muebles rústicos, talavera, plata, joyería, bronce y óleos.
Agregó que los principales clientes son turistas nacionales, ya que el extranjero sí visita el lugar, pero no realiza compras debido al tamaño de los artículos, como esculturas y muebles; sin embargo, adquiere monedas de plata del peso mexicano, por ser piezas pequeñas y fáciles de trasladar.
Personajes y compradores ilustres
Javier Nava, anticuario del lugar, refirió que vende pinturas, esculturas y porcelana provenientes del extranjero, pero también comercializa arte mexicano, como el llamado pan duro de 1840, una artesanía decorativa elaborada en barro que simula panes reales, considerada de lo mejor de México.
Indicó que cuenta con piezas de plata, cobre y oro en diversas presentaciones, como joyas e indumentaria, muchas de ellas heredadas y recuperadas por los anticuarios.
Mostró piezas relevantes como una réplica de la Madonna de Brujas, del arte italiano; un carrito decorativo de latón de procedencia alemana de 1920 y una máquina de escribir del mismo año.
Al ser cuestionado sobre personajes que han visitado su local, señaló que algunos de sus principales compradores fueron Héctor Suárez e Irma Serrano, La Tigresa, quien adquirió figuras de diablos en distintos materiales.
También mencionó que entre sus clientes estuvieron el expresidente de México Miguel de la Madrid, así como los exgobernadores de Puebla Manuel Bartlett, Mariano Piña Olaya y Rafael Moreno Valle.
Refirió que muchos mexicanos no valoran el arte y desechan piezas únicas por desconocimiento, por lo que los anticuarios cumplen una labor de rescate. Como ejemplo, relató que encontró una cama de latón con billetes antiguos, ya que antes no existían bancos y las personas guardaban su dinero en los muebles.
Vocación turística
Carlos Tavares Melgarejo, presidente de la Unión de Vendedores Lo que el Tiempo Nos Deja, y habitante del barrio desde la niñez, narró a MILENIO que hace 50 años vivió una infancia alegre en un barrio hermoso, donde no había inseguridad y los niños jugaban sin temor.
Con el paso del tiempo, dijo, se convirtió en un espacio conflictivo, por lo que autoridades y vecinos intervinieron para recuperar la seguridad.
Años después adquirió su vocación comercial, al peatonalizar la calle y conformar la plazuela donde se instala el tianguis, en la 6 Sur entre la 5 y 7 Poniente, lo que representó un giro importante para la zona.
“De ser un lugar para vivir, cambió a lo comercial, y muchas personas no se adaptaron a este nuevo giro, por lo que vendieron sus propiedades o dejaron de rentar”, manifestó.
Señaló que hoteles boutique como Cartesiano, Restauro y Los Sapos eran antiguas viviendas familiares.
“Aquí había mariachis y era un espacio donde la gente buscaba trabajo; con el tiempo todo eso desapareció, se dio un cambio drástico, pero valió la pena”, expresó.
Comentó que los inversionistas han conservado la riqueza arquitectónica del barrio para preservar sus orígenes y fortalecer su vocación turística.
Sitio para el amor
El Callejón de Los Sapos es un lugar romántico, fotogénico e ideal para caminar mientras se disfruta de su belleza arquitectónica, envuelto por la música de los artistas de los establecimientos donde se puede comer o cenar.
No por nada este espacio se ha convertido en el preferido de las parejas, quienes lo eligen como escenario para sesiones fotográficas, para romancear al caer la tarde o disfrutar de una velada especial.