• Fieles acuden a templo en León a jurar que dejarán el alcohol, las drogas y hasta las compras compulsivas

Desde promesas que duran meses hasta juramentos para toda la vida, fieles llegan para comprometerse, ante la fe, a dejar el alcohol, las drogas y otras adicciones como las compras compulsivas.

Rocío Hernández
León. /

En León, Guanajuato, existe una medida que presume ser efectiva para ponerle un alto a la bebida: ir a “jurar” 

No es cualquier cosa. Se jura ante la Biblia y Dios, en el Santuario de Guadalupe, por un tiempo que cada persona decide de acuerdo con lo que considera que puede cumplir. Pueden ser meses o incluso años.

Esta tradición —o ritual, como algunos lo llaman— se ha extendido a otros vicios que afectan tanto a hombres como a mujeres. 

En los últimos años, hay quienes acuden a jurar para dejar el tabaco, drogas e incluso las compras compulsivas.

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En lo que va de 2026, mil 81 personas han acudido a jurar para dejar el trago. Constantemente hay gente que busca dejar de beber: hombres y mujeres que acuden de manera voluntaria o impulsados por sus familias. Sin embargo, al inicio del año el número suele incrementarse.

Juan, nueve años sin probar alcohol

Juan es uno de ellos. Juró dejar la bebida durante diez años y está próximo a cumplir nueve, los mismos que no ha probado una sola gota de alcohol.

“Yo sabía del lugar por testimonios de otros compañeros. Sabía que ahí podíamos asistir ciertos días para hacer una pausa, para dejar de tomar”, relata con cautela, pero con firmeza en sus palabras.

Durante años se consideró un bebedor social: fines de semana, fiestas y convivios familiares. Sin embargo, con el paso del tiempo, el consumo aumentó y comenzó a desbordarse.

“Ya se estaba saliendo de control, ya me estaba generando problemas, sobre todo con mi familia y mi matrimonio”, reconoce.

Tocar fondo para tomar la decisión

Como ocurre en muchas historias de adicciones, fue necesario tocar fondo. En su caso, la señal fue contundente: perdió su automóvil tras una noche de consumo excesivo.

“Me lo robaron a causa del alcohol. Cuando amanecí y reflexioné, dije: 'esto no es para mí, necesito retomar mi vida'”, recuerda, aún con la cruda encima, horas después de haber bebido.

Fue entonces cuando decidió acercarse a quienes acompañan el proceso de los juramentos en el Santuario de Guadalupe. Llegó con la idea de dejar de beber definitivamente, pero recibió un consejo que marcaría su camino.

“Me dijeron que no me comprometiera de golpe, que podía jurar por cierto tiempo, uno o dos años, para no quedar mal conmigo mismo”, cuenta.

Jesuitas y empresarios, impulsores históricos del “jurar”

Se estima que esta práctica tiene más de un siglo de antigüedad y sigue atrayendo a cientos de personas cada mes. 

El llamado “juramento” es una promesa hecha ante Dios para dejar el vicio del alcohol, a la que con el paso de los años se han sumado casos de personas que buscan dejar las drogas, el tabaco e incluso el endeudamiento compulsivo.

El rector del Santuario de Guadalupe, el sacerdote Apolinar Torres Ortiz, explicó que “jurar” no es un simple formalismo religioso.

“Es una promesa a Dios de poner todo el esfuerzo y encomendarse a Él para que sea la fuerza de las personas que hacen esta promesa”, explicó.

Quienes acuden reconocen la adicción como una enfermedad y buscan apoyo en la fe.

“Las personas dicen: ‘Yo confío en que Dios me puede ayudar’, y por eso vienen a hacerlo en nombre de Dios”, comentó.

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El proceso del juramento y la boleta de compromiso

Antes de concretar la promesa, se ofrece una plática en la que se habla de los beneficios de dejar el vicio “por el bien de ellos, de su trabajo, de sus familias y para cuidar su salud”.

Como parte del proceso, se entrega una boleta personal de papel. En ella, cada interesado anota el tiempo que se compromete a cumplir, que puede ir desde un par de meses hasta varios años; algunos incluso la enmican.

“Les pedimos que cuando terminen regresen a dar gracias a Dios y traigan su comprobante para entregárselo a la Virgen como signo de que hicieron bien lo que prometieron”, explicó el rector.

En la boleta, que cada persona debe firmar, se lee: 

“Te prometo: no tomar bebidas alcohólicas, no drogarme ni caer en otras adicciones, durante ….. meses, y apartarme de malos compañeros que me arrastren al desorden”.

Se sugiere entregar dicha boleta tres días antes de concluir el juramento.

El 'juramento' se ha vuelto una de las formas más comunes para cumplir el propósito de dejar de beber | Dany Béjar

Solo 35% regresa la boleta, pero muchos más cumplen

El rector del Santuario de Guadalupe estima que alrededor de 35 por ciento de quienes acuden a jurar regresan su papeleta como señal de que lo lograron. Sin embargo, considera que son muchos más los que cumplen, aunque no regresen el documento.

“Algunos viven muy lejos o se cambian de ciudad; por eso no regresan. Ese es el signo físico que tenemos comprobado, pero no podemos archivar todas las boletas”, afirmó.

Un 60 por ciento de quienes acuden juran dejar la bebida por seis meses; otros lo hacen por tres meses. Posteriormente, vienen los periodos más largos, que ya son de años.

“He visto juramentos hasta de 10 años. No son muchos, pero existen”, aseguró.

Las boletas se han hecho populares para alejar a la gente de las drogas y las compras compulsivas | Dany Béjar

Consejos para quienes juran por primera vez

El sacerdote explicó que a quienes juran por primera vez siempre les ofrece algunos consejos.

“Les recomiendo que si son primerizos y nunca han jurado, no lo hagan por tanto tiempo, porque luego quebrantan el juramento. Les digo que empiecen poco a poco y, si el problema es fuerte, que renueven el juramento antes de que termine, para no darse ese espacio de recaída”, dijo.

Respecto al perfil de quienes acuden, predominan los hombres adultos. El porcentaje de mujeres no llega a 10 por ciento. La edad más común oscila entre los 30 y 40 años, y los menores de edad representan un grupo muy reducido.

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Enero, el mes con más juramentos

“El lunes 19 recibimos a 137 personas en un solo día, y hasta esa fecha ya iban más de mil, como mil 81 en el mes. Enero podría cerrar con unas mil 400”, comentó. En otros meses, el promedio baja a unas 800 personas.

Durante el proceso, se recomienda complementar el juramento con la asistencia a misa, la confesión e incluso el contacto con Alcohólicos Anónimos, aunque la decisión es personal.

“Muchas personas han recuperado su vida, su familia y su trabajo. Aquí está ese servicio para quien se siente perdido y cree que no puede levantarse”, afirmó.

Una práctica ligada a la historia laboral de León

Esta práctica está ligada a antiguos apostolados del Santuario, impulsados por los jesuitas desde hace más de cien años. Décadas atrás, en León era usual el llamado “san lunes”. Fábricas y talleres, especialmente del sector calzado, registraban ausencias relacionadas con el consumo de alcohol durante todo el fin de semana.

Eduardo Bujáidar Muñoz, presidente de la Asociación de Hoteles en León, recordó que en los años 80 era una práctica habitual.

“El patrón le decía al trabajador: ‘Necesitamos que nos presentes tu boleta de que estás jurado’. En aquel tiempo, cuando la gente juraba, cumplía. Era un respaldo importante”, recordó.

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“Cuando cumpla los 10 años, beberé de forma responsable”

Para Juan, la decisión de jurar por 10 años no fue sencilla. Asegura que enfrentó momentos difíciles al acudir a fiestas y convivios donde era cuestionado por dejar de beber de manera repentina.

“Al inicio me sentía diferente y hasta cabizbajo, pero con el paso del tiempo logré adaptarme a la nueva realidad”, explicó.
Hoy se siente satisfecho. “La relación con mi pareja y con mi familia se ha visto muy favorecida”, aseguró.

Juan comenzó a beber a los 18 años y mantuvo el hábito durante casi dos décadas. Hoy, cercano a los 46 años, reconoce que sus prioridades han cambiado.

Al preguntarle qué pasará cuando cumpla los 10 años de juramento, responde:

“Yo creo que cuando cumpla sí voy a seguir tomando, pero de una manera más consciente, más responsable, más controlada”.

Juan comenzó a beber a los 18 años y mantuvo el hábito durante casi dos décadas. | Dany Béjar

Una madre y la fe como apoyo para salir del vicio

Para Josefina Calderón, acompañar a su hijo al Santuario de Guadalupe fue una decisión marcada por la tristeza, pero también por la esperanza.

“Me tocó venir a acompañar a mi hijo y, gracias a todo esto, sí salimos adelante”, relata.

Reconoce que vivir de cerca el alcoholismo dentro de la familia es una experiencia dolorosa.

“Es muy triste tener a alguien con este problema, muy triste, pero sí ayuda que se agarren de lo bueno”, afirma.

Cuenta que su hijo inició en la bebida por la influencia de amistades y que, en distintas ocasiones, acudió a jurar por periodos de meses o de uno o dos años.

Para Josefina Calderón, acompañar a su hijo al Santuario de Guadalupe fue una decisión marcada por la tristeza. | Dany Béjar

Quebrantar el juramento, un conflicto moral y espiritual

José Santos, de 27 años, asegura que fue drogadicto y que dejó la adicción más por convicción personal que por acudir a jurar.

Reconoce el valor de la palabra empeñada ante Dios y ante uno mismo, aunque existe presión familiar para hacerlo.

Acudió al Santuario de Guadalupe para orar, debido a un conflicto familiar que, asegura, lo ha puesto en riesgo de recaer.

—¿Vienes a jurar? —se le pregunta.
—No, no, no —responde de inmediato.
“La palabra de uno es la que más vale al jurar ante un poder superior, porque la mayoría de las personas después no cumple”, advierte.

Relata que romper una promesa de este tipo implica un fuerte conflicto moral y espiritual. Desde su experiencia, recuerda haber vivido en la calle, integrado a pandillas y consumiendo drogas.

“Yo sí he sido un drogadicto, pero he tenido la valentía de salir de un centro de rehabilitación y decir: ya no lo voy a hacer, y no lo hago”, afirmó.

Concluye con un mensaje para quienes no logran dejar el consumo ni siquiera mediante juramentos:

“Dios sí existe, Dios es muy grande, y romper un juramento ante Él es algo muy fuerte”.
El templo ha funcionado como consuelo y autoridad moral para algunos adictos | Dany Béjar

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