A finales de año, MILENIO visitó Tapalpa, Pueblo Mágico de Jalisco, para conocer de cerca su riqueza cultural e histórica.
De la mano de Laura Díaz, guía nacida en la montaña, el recorrido se adentró en este poblado que se alza a mil 900 metros sobre el nivel del mar.
Aquí, la historia no solo está escrita en los libros: está incrustada en cada fachada y susurrada por sus antiguas pilas. La esencia del lugar es única y su encanto, difícil de describir con palabras.
El domingo, éste fue el lugar en que Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, fue descubierto, perseguido, capturado y finalmente abatido.
El corazón de cantera naranja
El recorrido inicia en el centro, el verdadero corazón de este Pueblo Mágico, donde el imponente Templo de la Virgen de Guadalupe se alza como testimonio de fe. Levantado a lo largo de 20 años, su valor es incalculable: los pobladores donaron incluso su ganado para verlo concluido.
La cantera naranja y la pintura original —elaborada con baba de nopal y tierras de colores de la región— conforman una estampa visual única.
Destaca su estructura semicircular, diseñada para potenciar el eco y funcionar como un sistema acústico previo a la existencia de bocinas.
La primera capilla y los orígenes del pueblo
Justo detrás se encuentra la Capilla de la Virgen de la Purísima, que remonta al siglo XVI. De estilo barroco, es la primera capilla del lugar y resguarda en su interior las gavetas de los fundadores, la familia Vizcaíno.
Sus muros están teñidos con pigmentos morados, verdes y azules, extraídos de los minerales de la propia montaña. El recinto transmite una atmósfera de paz y reflexión, donde la historia y la fe de Tapalpa se perciben con claridad.
Un pueblo que protege su identidad
Tapalpa se aferra a su magia con disciplina férrea: calles empedradas, casas en blanco y rojo óxido, y cableado eléctrico oculto bajo tierra. Todo responde a una estricta normativa que garantiza la conservación de su imagen escénica.
El poblado es ejemplo de cómo preservar la historia y la cultura sin renunciar a la modernidad.
Ecos de la historia en la Ex Hacienda
La ex hacienda, hoy Casa de la Cultura, es otro cofre de historias. Construida en 1750, fue la casona de la familia Bracamontes.
Las ventanas altas se diseñaron para evitar miradas ajenas, y aún se conservan las trincheras: pequeños orificios en los muros usados para la defensa ante posibles ataques.
La cocina envuelve al visitante en nostalgia. Ahí se encuentran el zarzo, precursor del refrigerador para conservar quesos y panelas, y el garabato, colgador de carne que dio origen al dicho popular:
“Un ojo al gato y el otro al garabato”.
Pilas que guardan tragedias y leyendas
Uno de los mayores encantos de Tapalpa son sus pilas, antiguos nacimientos de agua. Cada una está ligada a una leyenda local, casi siempre con desenlace trágico.
La Pila de las Culebras narra el castigo a cuatro comadres chismosas que se burlaron del brujo Indio Macario, quien —según la tradición— las petrificó, dejándolas enroscadas como serpientes.
En la Pila Colorada se cuenta un crimen pasional y el robo de una mula: la sangre de Bartolo, asesinado por José y arrojado a la fuente, habría teñido el agua, dando nombre al sitio.
Cerca del Puente del Diablo, la Pila del Tecolote relata el destino fatal de un joven enamorado, delatado por el ave nocturna en una época donde el romance era socialmente prohibido.
Las Piedrotas y el Valle de los Enigmas
El ambiente cambia al llegar al Valle de los Enigmas, conocido como Las Piedrotas. Estas enormes rocas, de origen incierto, representan un misterio geológico. La teoría más aceptada señala que quedaron al descubierto por la erosión, cuando el valle estaba cubierto de agua.
El sitio es considerado un foco tonal, punto de encuentro energético al que acuden visitantes para meditar, purificar energías y disfrutar del aire puro de la región.
Gastronomía con leña, tiempo y tradición
El recorrido gastronómico cierra la experiencia. En el restaurante El Puente, Cristian Córdoba y Mario Bordo reciben a los visitantes en un negocio con más de 50 años de historia, famoso por su Borrego al Pastor, llamado así por su cocción lenta —de cuatro a cinco horas— con leña de encino y sin aditivos.
Mario, con dos décadas de experiencia, explica el proceso completo, desde el sacrificio hasta el giro constante frente a la lumbre. Destaca el aprovechamiento integral del animal: machito, moronga y consomé, resultado de un trabajo exigente, pero lleno de pasión.
Dulce herencia y economía local
Para el postre, doña María Guadalupe López Aguilar endulza el recorrido en Conservas Obregón. Con 37 años de historia y tradición familiar, elabora el Pegoste, una mermelada espesa de durazno deshidratado, típica del lugar. Borrachitos, cajeta y duraznos en almíbar se producen con procesos de alto vacío, sin conservadores.
Aunque las tradiciones persisten, la economía local ha evolucionado. La lana dio paso al cultivo de aguacate y, principalmente, de berries. La fresa de Tapalpa alcanza tal calidad que se exporta hasta Japón y cuenta ya con una fiesta propia, celebrada los días 6 y 7 de diciembre.
Así, entre templos, leyendas y misterios geológicos, Tapalpa se revela como un destino que no solo se visita, sino que se siente y se vive a mil 900 metros de altura, con el eco de sus campanas y el sabor a encino y fresa que definen a una región que nunca imaginó estar en la mirada del mundo gracias a la captura de El Mencho.