Andrés, de tan solo 23 años, evadió las balas que sicarios dispararon en su contra cuando corrió hacia su automóvil para proteger a su hermana.
Él es uno de los sobrevivientes del ataque ocurrido el domingo en un campo de futbol en Salamanca. Pese a que intentó cubrir con su cuerpo a su hermana menor, los disparos la alcanzaron. Ella es una de las 11 víctimas mortales de la masacre.
Los hermanos Andrés y María acudieron a la final de ida del torneo anual de futbol, disputada entre los equipos Marañón, del municipio de Irapuato, y Biodent Dental Care, de Salamanca.
Pero esta vez el final fue otro. Andrés jamás imaginó que terminaría en medio de una balacera, sosteniendo en sus brazos el cuerpo de su hermana de 21 años, herida de muerte.
“Yo le pregunté: ‘¿Estás bien?’, y mi hermana solamente me dijo: ‘Hermanito, apriétame aquí’. Le apreté el hombro y pues fue un disparo… le entró por el pecho y le salió por la costilla”, relata a MILENIO mientras señala con la mano la parte del cuerpo.
Y continúa: “Estaba bien, no estaba llorando, estaba razonando, y después de ocho o diez minutos empezó a agonizar, se iba durmiendo y lamentablemente falleció”.
“Fueron más balazos que gritos”
—¿Se escuchaban gritos de la gente?— se le pregunta.
“¡No! Fueron más balazos que gritos”, responde con firmeza.
Andrés recordó que él, su hermana y un amigo alcanzaron a meterse debajo de su coche para esconderse y protegerse. Aun así, hubo múltiples disparos dirigidos hacia ellos. Él salió ileso; su amigo resultó herido en un glúteo y una pierna y ya se recupera, mientras que su hermana falleció. Aunque él mismo llamó al 911, la ambulancia tardó en llegar.
Al comentarle que las autoridades aseguraron más de 100 casquillos percutidos, responde: “Fueron más, eso duró como unos 15 minutos”. Su padre, que lo acompaña durante la entrevista, lo corrige: “No, fueron como 10 minutos…”.
En lo que ambos coinciden es que esos minutos de ataque armado se sintieron como una eternidad.
“Corran, corran, traen armas”
El partido entre Marañón y Biodent Dental Care ya había terminado. Hoy nadie habla del resultado; se habla de lo que ocurrió después.
Familias y amigos convivían en el lugar. Todo parecía un domingo normal, de esos en los que se quedan un rato más entre botana y alguna cerveza o bebida.
Andrés recuerda que se encontraba conversando con el árbitro sobre el partido cuando comenzaron los disparos. El silbante empezó a gritarles: “¡Corran, corran!”, aunque en ese momento él aún no se percataba de lo que estaba ocurriendo.
Al escucharse con mayor intensidad las ráfagas de armas de alto poder, Andrés buscó a su hermana y corrió para alcanzarla. Ella se encontraba a unos 50 metros. Al llegar al automóvil, él, su hermana y su amigo se escondieron debajo de la unidad. Asegura que entre los dos intentaron protegerla.
—¿Viste a los atacantes?— se le cuestiona.
“No, yo no quería dar la cara, no quería asomarme, me estaba cubriendo. También tenía miedo, miedo a que me vieran… lamentablemente sí nos vieron. Yo creo que nos dieron como unos 30 o 35 disparos al auto en el que nos protegimos”.
Y detalla: “Estábamos abajo del carro, a todo el vehículo le dispararon. Quedó todo baleado, todos los vidrios rotos… no sé si era de menor calibre el arma, pero del lado donde se escondió mi amigo entraban más balas. A mi hermana le dieron un balazo y con uno tuvo”.
Prometieron seguridad, pero no hubo protección
Acompañado de su padre, Andrés coincide en que la presencia de policías estatales o de la Guardia Nacional en la comunidad “no sirve de nada”, más que para extorsionarlos.
Recuerda además que, días antes, una publicación en redes sociales informaba que habría seguridad durante el evento, incluso seguridad privada para garantizar la tranquilidad de los asistentes.
Al rememorar el momento, dice: “Como me dijo un guardia: ‘Date de buenas que te salvaste’, porque mira cómo dejaron este carro”, señala al recordar los múltiples impactos de bala.
Si bien Andrés no vio a los responsables, otros sobrevivientes que sí los observaron coincidieron, en pláticas posteriores, en que “eran muy morros, de unos 17 o 18 años”.
Ataque deja 11 muertos y 11 heridos
El ataque que sacudió a la comunidad de Loma de Flores, en el municipio de Salamanca, dejó un saldo de 11 personas muertas y 11 más heridas. Los hechos se registraron alrededor de las 5:30 de la tarde del domingo.
Hombres armados que llegaron en al menos tres camionetas ingresaron al campo y comenzaron a disparar contra los presentes, sin importar que hubiera menores de edad y mujeres.
La Fiscalía General del Estado de Guanajuato (FGEG) reportó oficialmente seis personas lesionadas, quienes fueron atendidas en hospitales de la Secretaría de Salud del Estado. De ellas, dos fueron dadas de alta y cuatro permanecen en estado crítico o reservado.
Por su parte, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) informó que “a las 18:40 horas del domingo se tuvo conocimiento de un evento con múltiples personas lesionadas, por lo que se activó de manera inmediata el Código Plata y el protocolo de arribo masivo de víctimas en las unidades médicas receptoras”.
Detalló que en una clínica de Irapuato y otra en Salamanca ingresaron cinco personas con lesiones por arma de fuego; una de ellas ya no presentaba signos vitales al momento de la atención.
Entre los lesionados se encontraba un menor de 11 años, quien ya fue dado de alta, mientras que tres personas continúan hospitalizadas y se reportan estables.
Refuerzan coordinación
Tras el ataque armado, autoridades municipales, estatales y federales acordaron reforzar la coordinación institucional para atender este hecho de violencia, así como para avanzar en las investigaciones y fortalecer la seguridad en la zona.
Durante una reunión de trabajo realizada en el C4 de Salamanca, el secretario de Gobierno, Jorge Daniel Jiménez Lona, reiteró el respaldo del gobierno del estado al municipio y subrayó que la instrucción de la gobernadora Libia Dennise García es brindar todo el apoyo necesario mediante un trabajo conjunto, basado en coordinación, inteligencia y acciones concretas.
Jiménez Lona afirmó que no habrá impunidad y que las instituciones continuarán trabajando de manera articulada para dar certeza a la ciudadanía y avanzar en el esclarecimiento de los hechos.
En el encuentro participaron el general Gabriel Martínez García, comandante de la 16/a Zona Militar; el alcalde de Salamanca, César Prieto Gallardo; el secretario de Seguridad y Paz, Juan Mauro González Martínez; y el fiscal general del Estado, Gerardo Vázquez Alatriste.
El secretario de Seguridad y Paz informó que desde el primer momento se ha dado seguimiento puntual al caso, lo que ha permitido generar información relevante para fortalecer las líneas de investigación y las acciones operativas en campo.
Por su parte, el fiscal general confirmó que existen avances significativos y reiteró que se continuará trabajando hasta llevar a los responsables ante la justicia, conforme al debido proceso.
Como resultado de la mesa interinstitucional, se acordó reforzar la presencia y coordinación de los cuerpos de seguridad, así como implementar acciones preventivas y operativas para preservar el orden público y brindar mayor tranquilidad a las familias salmantinas, compromiso que, afirmaron las autoridades, se mantendrá de manera permanente.
Veladoras, sangre y vehículos abandonados
Tras el ataque, el campo de fútbol muestra veladoras colocadas sobre ropa que quizá perteneció a alguna de las víctimas, con manchas de sangre aún visibles en el suelo.
Cintas de precaución y de “no pasar” rodean distintos puntos del lugar, mientras cuatro vehículos y una motocicleta permanecen abandonados, aparentemente dejados por personas que huyeron tras los hechos.
Dentro de un cuarto que aparenta ser la caseta donde se vendía comida, el piso presenta manchas de sangre, cajas de cartón tiradas y una cubeta con cervezas aún intactas, evidencia del caos que dejó la violencia en el evento deportivo.
“La toqué y ya no tenía pulso”
“Fue un ataque artero… ver el tiradero de gente ahí, mi hija ahí. Mi hijo la quiso proteger, pero le entró el balazo por un lado”, explica el padre de María.
Llegó al campo de fútbol aproximadamente media hora después del ataque. Encontró a su hijo cubierto de sangre, tras haber intentado proteger a su hermana, quien murió en el lugar.
María quedó tendida en el suelo junto a otras personas heridas y fallecidas, en una escena que su padre describió como caótica: cuerpos entre los árboles del campo y personas lesionadas esperando atención médica.
Su hija se dedicaba a las labores del hogar, era soltera y la menor de cinco hermanos.
“Cuando yo la levanté y la toqué, ya no tenía pulso… a un lado estaban los cuerpos de los elementos de seguridad, eran cinco: una muchacha y los demás hombres”, relató.
Sin encontrar palabras precisas, expresó la impotencia de no haber podido salvar a su hija y cuestionó la actuación de las autoridades en materia de seguridad, al señalar que en el lugar había personal encargado de la vigilancia.
Mientras tanto, Andrés se queda únicamente con el recuerdo de haber intentado proteger a su hermana con su propio cuerpo. Fue insuficiente. Ahora, la familia solo espera que les entreguen su cuerpo para poder despedirla.