Durante años, Paulina Calderón García vivió relaciones marcadas por la violencia, el control y el miedo. Dos de sus parejas estaban vinculadas a pandillas, pero también a grupos de la delincuencia organizada que operan en León.
Aunque la primera relación la mantuvo atrapada durante casi cinco años, fue la segunda la que estuvo a punto de costarle la vida, explicó en MILENIO.
La violencia no irrumpió de forma repentina. Se fue instalando de manera gradual: primero a través del control, después con descalificaciones constantes y, con el paso del tiempo, mediante agresiones físicas que terminaron por normalizarse dentro de la relación.
Cinco años atrapada en la primera relación
Paulina inició su primera relación violenta en 2012, cuando tenía 23 años. La relación se prolongó durante cinco años. Relató que permaneció ahí convencida de que resistir formaba parte de querer y de que ese entorno era el que le había tocado vivir.
Recordó que durante el primer año existieron conflictos de pareja, aunque ninguno derivó en violencia física.
Fue en 2013 cuando quedó embarazada de su primer hijo, pero también cuando la situación se agravó. Asegura que su pareja no estaba conforme con el embarazo y que los problemas, principalmente económicos, se intensificaron, al igual que las agresiones, hasta llegar a la violencia física.
Golpes sin huella visible
Paulina relató que durante ese periodo de cuatro años, de 2013 a 2017, el maltrato no siempre fue visible para quienes la rodeaban. Las agresiones ocurrían de forma estratégica, sin dejar huellas evidentes, mientras la rutina diaria continuaba con aparente normalidad.
El aislamiento, la dependencia emocional y el temor a las consecuencias de alejarse fueron cerrando, poco a poco, las posibilidades de salida.
“Me cacheteaba, me pateaba y créeme que no era tonto, ¿eh? Yo les digo que hay personas que sí te lastiman físicamente, que te dejan marcas. Él no, esos golpes eran en mi estómago, en mis piernas, para que las personas con las que yo convivía no se dieran cuenta de que yo sufría esa agresión”, relató.
El entorno delictivo y la violencia fuera del hogar
A la violencia dentro del hogar se sumaba el contexto del barrio y la pertenencia de su pareja a una pandilla.
Vivir con hombres inmersos en hechos de inseguridad implicó para Paulina cargar también con conflictos externos, amenazas, señalamientos y una constante sensación de riesgo. No solo era la relación de pareja: era todo lo que venía alrededor.
El ser madre la hizo reflexionar para frenar la violencia
El nacimiento de su hijo, en octubre de 2013, comenzó a mover algo en su interior. La idea de criarlo en un ambiente atravesado por golpes, gritos y miedo permanente abrió una fisura en esa normalización de la violencia.
Aun así, romper con ese círculo no fue inmediato; implicaba enfrentar la maternidad en solitario, la precariedad económica y el juicio social.
“De hecho, llegó a pegarme estando embarazada, y yo creo que desde ahí fue cuando empecé yo misma a quererme alejar. Fue muy difícil, porque es enfrentar el hecho de que vas a ser mamá soltera también, y eso es algo que nadie quiere. Y yo decía, no, mejor me aguanto, mejor me quedo aquí”, dice, reconociendo que fue de las peores decisiones que tomó.
Reconocer la violencia como primer paso
Fue hasta 2017, cuando ya llevaba más de cuatro años de relación con su primera pareja, que tuvo contacto con espacios comunitarios de orientación.
Tenía 28 años y, al escuchar historias similares a la suya, comenzó a identificar que lo que vivía no era una experiencia aislada. Reconocer la violencia como violencia fue el primer paso para intentar salir de esa relación.
Relató que salir de ahí también significó enfrentar el estigma del entorno, al andar con una persona que formaba parte de grupos delictivos. Sin embargo, comentó que logró separarse y pensó que el ciclo había quedado atrás, pues su pareja era vendedor de droga en una colonia de la ciudad.
Después de siete meses, a finales de 2017, comenzó a tomar terapia, a escuchar a su familia y a convivir con grupos de mujeres que atravesaban situaciones similares a la suya.
“Si no eres mía, no vas a ser de nadie”
Posteriormente, después de un año de haberse separado de su primera pareja violenta, inició una segunda relación. El perfil era similar: un hombre del barrio, con antecedentes de violencia y vínculos con ese mismo entorno.
Él era líder de una pandilla en la colonia 10 de Mayo y también vendía droga. No obstante, en esta ocasión el tiempo fue menor: señaló que la relación duró seis meses, aunque la violencia escaló con mayor rapidez.
Paulina recordó que uno de los episodios más graves de violencia ocurrió tras un arranque de celos de su segunda pareja. La discusión escaló rápidamente y, minutos después, el agresor intentó atacarla con un cuchillo, dirigiendo el arma hacia su cuerpo, lo que marcó un punto de quiebre en la relación.
“Su palabra fue: ‘si no eres mía no vas a ser de nadie. Prefiero matarte que verte con otra persona’”, recordó.
Ese día, la agresión alcanzó un nivel que la hizo pensar que no saldría con vida. El ataque se concentró en el abdomen y le dejó lesiones visibles que aún conserva.
“Cuando vi que las cosas eran de verdad, fue donde yo jamás había suplicado por mi vida. Los golpes de la persona pasada los aguantaba, claro, pedía que me soltara, me dejara, pero te digo, nunca supliqué por mi vida como esta ocasión”, detalló.
Calderón García aseveró que, tras el hecho, el agresor huyó y posteriormente fue detenido por otro evento violento, por el cual actualmente se encuentra recluido en el Ceprereso de León.
Documentan violencia ligada a grupos delictivos
El caso de Paulina se inserta en una realidad que apenas comenzó a documentarse de manera formal. De acuerdo con el Instituto Municipal de las Mujeres de León (Immujeres), durante 2025 se brindó atención a 10 mujeres que denunciaron violencia física por parte de sus parejas, quienes aseguraban pertenecer a algún grupo delictivo.
De esas atenciones, se focalizaron principalmente en el polígono de Las Joyas, donde destacan las colonias Brisas del Campestre, Cumbres de la Gloria, Vista Esmeralda y Rizos del Saucillo.
Los casos incluyeron golpes, amenazas y coacción, situaciones que colocaron a las víctimas en un nivel de riesgo elevado. La paramunicipal informó que en 2024 y años anteriores no se contaba con un registro específico de este tipo de violencia, debido a que las mujeres no lo referían o los casos eran mínimos.
Fue hasta 2025 cuando comenzaron a nombrar de forma explícita la presunta vinculación de sus agresores con grupos criminales.
Ivonne Jannette Pérez Wilson, directora del Instituto Municipal de las Mujeres de León, explicó que el fenómeno no necesariamente representa un incremento reciente de este tipo de violencia, sino un cambio en la forma en que las mujeres la nombran y la refieren al momento de solicitar apoyo.
“Ahora, pues, sí te lo mencionan; no te dicen específicamente quién, lo dicen de manera general: ‘estoy perseguida por algún cártel’ o ‘estoy perseguida por un grupo criminal’, y ahora sí lo nombran así. Entonces, nosotras hemos tenido mucho cuidado en términos de la atención, la canalización y el apoyo que necesitamos ahí, también por las atribuciones que tiene el instituto”, afirmó.
Pérez Wilson precisó que, en la mayoría de este tipo de casos documentados, la violencia se ha presentado dentro de una relación de pareja y no en otro tipo de vínculo. Indicó que, de forma concreta, sus agresores eran sus parejas sentimentales y que estos hechos se registraron a lo largo de 2025, no de manera simultánea ni concentrada en un solo periodo.
En cuanto al tipo de agresiones, la directora del instituto indicó que la violencia física es la que más se repite en estos casos, aunque también se han identificado episodios de violencia sexual. Añadió que este tipo de situaciones implica un nivel de riesgo mayor para las víctimas, debido al contexto en el que se desarrolla la relación y a las posibles consecuencias de denunciar.
“Como instituto y como mujeres, nos coloca —a las colaboradoras y a quienes atendemos— en una situación de apoyarnos con todas las instancias correspondientes, con las instancias del Estado”, señaló.
En Guanajuato se emitieron 255 órdenes de protección en 2025
A nivel estatal, la Secretaría de las Mujeres de Guanajuato informó que durante 2025 se emitieron 255 órdenes de protección administrativa para salvaguardar la integridad de mujeres que vivían violencia en el ámbito familiar o de pareja.
En ese mismo periodo, la dependencia brindó 37 mil 134 atenciones en trabajo social, psicología y asesoría jurídica, beneficiando a 5 mil 036 mujeres en los 46 municipios del estado, lo que representó un incremento del 53 por ciento en comparación con 2024.
Además, se aplicaron mil 576 Instrumentos de Valoración de Riesgo de Violencia Feminicida, lo que representó un aumento del 178 por ciento respecto al año anterior, con el objetivo de identificar oportunamente situaciones de alto riesgo y activar mecanismos de protección.
Según los registros estatales, la violencia psicológica es la más reportada, seguida de la violencia física y económica, y la mayoría de los casos ocurre dentro de relaciones de pareja.