Yolanda dirige un penal en Tamaulipas y aún encuentra tiempo para ser mamá de tres

Mientras dirige el Cedes de Altamira y coordina la seguridad de más de 800 internos, Yolanda Garibay también equilibra su vida como mamá de tres hijas.

En el penal la llaman directora; en casa, simplemente mamá. | Yazmín Sánchez
Tampico /

M+.- Cada mañana, antes de salir de casa, Yolanda Garibay Caballero, entrevistada por MILENIO, toma las llaves de dos mundos completamente distintos. Una abre la puerta de su hogar; la otra, las rejas de un penal. Ambas pesan distinto, pero las dos representan la enorme responsabilidad que ha decidido asumir como madre de familia y directora de un reclusorio.

Desde hace poco más de año y medio dirige el Centro de Ejecución de Sanciones (Cedes) de Altamira, Tamaulipas, un espacio con 817 personas privadas de la libertad, entre ellas 60 mujeres, de las cuales 49 son madres.

Ahí, entre custodios, protocolos de seguridad, traslados y candados, Yolanda ha aprendido que detrás de cada expediente existe una historia humana. Y aunque su labor exige firmeza, reconoce que hay escenas que todavía le conmueven profundamente.

“Hay internas que lloran porque sus hijos están lejos y sus familias no tienen dinero para venir a visitarlas”, cuenta. Lo dice quien ha escuchado demasiadas historias difíciles.
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Si algo ha descubierto en este trabajo es que la cárcel no solo encierra personas; también separa familias, congela abrazos y deja vacíos imposibles de ignorar, especialmente cuando se trata de madres.

Pero Yolanda también sabe que su trabajo no es juzgar. “Yo no vengo aquí a señalar a nadie. Mi responsabilidad es cuidar que se respeten sus derechos humanos y que todo se haga conforme a los protocolos”, explica.

Y quizá esa visión humana es la que ha cambiado la relación dentro del penal. Las internas la conocen, la saludan por su nombre y la buscan para hablar. La directora recorre los módulos, escucha necesidades, participa en actividades y hasta baila con ellas en algunos eventos.

De agente del Ministerio Público a directora del penal

Su llegada a la dirección del penal no fue sencilla. Durante años trabajó como agente del Ministerio Público, pero nunca imaginó que terminaría al frente de un centro penitenciario. Aunque ahora lo reconoce con una sonrisa: de niña soñaba con algo parecido. “Sí me gustaba este mundo, pero nunca pensé lograrlo”, admite.

Cuando recibió la propuesta de asumir la dirección del Cedes, su familia sintió miedo. Sus tres hijas le preguntaron qué haría en un lugar así. “Estaban nerviosas, claro. Es un penal y siempre existe ese temor”, recuerda.

Sin embargo, con el tiempo ellas entendieron que su madre había encontrado una vocación distinta: servir desde la empatía.

Mis hijas me dicen: tú puedes”, relata orgullosa. Ese respaldo ha sido fundamental para sostenerse en un ambiente donde históricamente los espacios de mando han pertenecido a hombres.

Yolanda reconoce que en otros momentos de su vida sí escuchó frases como “eso no es para mujeres” o “tú no puedes”. Por eso ahora, desde su posición, busca dejar un mensaje distinto.

“Las mujeres sí podemos llegar a donde queramos, pero hay que prepararse y trabajar mucho”, afirma. Lo dice pensando en sus hijas, pero también en todas aquellas mujeres que luchan diariamente por abrirse paso en espacios difíciles.

CEDES Altamira. | Yazmín Sánchez

La complejidad de dirigir un penal

Dentro del penal hay días especialmente complejos. Los traslados de personas acusadas de delitos graves, como secuestro, la mantienen en constante tensión. Supervisa protocolos, custodios, rutas de seguridad y coordinación con fuerzas federales. Sabe que cualquier error puede convertirse en una tragedia. Aun así, asegura que el trabajo le apasiona.

Pero también ha encontrado momentos luminosos. Recuerda con especial emoción una exposición realizada en playa Miramar, donde personas privadas de la libertad lograron que se vendieran sus artesanías y productos elaborados dentro del penal. Ese día se pudieron reunir más de 150 mil pesos. Pero, más allá del dinero, lo que más la marcó fueron las palabras de agradecimiento.

Cuando reciben algo, lo valoran muchísimo”, cuenta Garibay Caballero. Y es que dentro de prisión las cosas más simples adquieren otro significado: una visita, una llamada, un medicamento o incluso una conversación.

Reinserción social femenina desde otra perspectiva

En el Centro de Ejecución de Sanciones de Altamira, la reinserción social femenina ha comenzado a construirse desde una perspectiva poco común en el sistema penitenciario: la maternidad.

Bajo la dirección de la funcionaria, que también es madre, el penal ha impulsado programas enfocados no solo en la capacitación laboral de las internas, sino en la reconstrucción del vínculo entre madres e hijos.

La apuesta institucional parte de una idea simple: muchas de las mujeres privadas de la libertad regresarán algún día a sus comunidades y a sus familias, por lo que el proceso de reinserción debe comenzar desde la crianza, la educación emocional y la autonomía económica.

Dentro del reclusorio, las internas participan en talleres de crianza respetuosa, manejo emocional infantil y desarrollo psicosocial. Las sesiones buscan enseñar herramientas para una convivencia libre de violencia y fortalecer la relación afectiva entre madres e hijos.

Uno de los logros más visibles es la creación del primer “Espacio Amigable con Enfoque de Infancia” en los penales de Tamaulipas, certificado por la Secretaría Ejecutiva del Sistema de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna).

Se trata de un área acondicionada para que los menores visitantes puedan convivir en un entorno lúdico y seguro. Ahí se desarrollan dinámicas recreativas, lectura, arte y actividades de estimulación temprana.

Este espacio de esparcimiento podrá ser utilizado también por aquellas mujeres privadas de la libertad que críen a sus hijos dentro del Cedes Altamira.

“Yo también soy mamá y me solidarizo. Es cuestión de empatía, de ponerse en sus zapatos. Aquí les hacemos un festejo muy emotivo por el Día de las Madres y también el Día del Niño; son fechas muy conmovedoras por la felicidad del reencuentro y la tristeza de volverse a despedir”, expresa Yolanda Garibay.

Pero la estrategia no se limita al acompañamiento emocional. Las mujeres también reciben capacitación para el autoempleo mediante cursos de cocina, repostería, bordado, instalaciones eléctricas básicas, elaboración de artesanías y cultivo de huertos de traspatio.

Algunos programas incluso incorporan el aprendizaje de cultivo de plantas aromáticas y elaboración de productos artesanales como cremas y velas.

“El objetivo es que las internas desarrollen habilidades que les permitan generar ingresos al recuperar su libertad, reduciendo así factores de reincidencia”, comenta Garibay Caballero.

La visión impulsada desde la dirección femenil del centro ha colocado énfasis en un aspecto históricamente relegado en las cárceles mexicanas: reconocer que muchas mujeres privadas de la libertad también son madres y cuidadoras, y que la reinserción social difícilmente puede construirse sin atender esa dimensión humana.

Yolanda Garibay, la directora del penal de Altamira que apuesta por las segundas oportunidades. | Cortesía

Creer en las segundas oportunidades

Yolanda insiste en que la reinserción social sí es posible. Cree en las segundas oportunidades y en la posibilidad de reconstruir vidas. Por eso, su trabajo no se limita a mantener el orden; también busca generar condiciones para que quienes salgan del penal no regresen.

En casa, sin embargo, la historia cambia. Ahí deja atrás la autoridad de directora para convertirse simplemente en mamá. Ahí no hay radios de comunicación ni custodios; hay conversaciones familiares, preocupaciones cotidianas y abrazos pendientes después de largas jornadas.

La transición no siempre es sencilla. Después de enfrentar jornadas marcadas por decisiones difíciles y presión constante, volver al hogar representa también un ejercicio de equilibrio emocional. Ahí, lejos del escritorio y de las exigencias del cargo, encuentra un espacio para reencontrarse con su vida personal.

En el Día de las Madres, la historia de Yolanda Garibay refleja la vida de muchas mujeres que sostienen responsabilidades enormes sin dejar de cuidar a los suyos. Mujeres que aprendieron a ser fuertes sin perder la sensibilidad. Mujeres que pueden dirigir un penal de máxima seguridad durante el día y regresar por la tarde a casa para seguir siendo refugio, consejo y amor para sus hijos.

Y mientras las puertas metálicas del penal se cierran una a una al caer la tarde, la puerta de su hogar sigue abierta. Y ahí, lejos del peso de las decisiones, Yolanda vuelve a ser lo que más orgullo le provoca: mamá.

JETL

  • Cristina Gómez
  • Con más de tres décadas en el periodismo, escribir es mi pasión. Buscadora de verdades ocultas, de convertir cifras en relatos y de tejer reportajes que dejen huella en la memoria colectiva, porque todo dato encierra un rostro, una vida, una historia. Orgullosamente panuquense y tampiqueña por adopción.

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