Detrás de los muros del Zoológico de León, donde el asombro de los visitantes suele ser el ruido cotidiano, se esconde una contabilidad silenciosa y dolorosa. Ataques y depredaciones por fauna feral, neumonía, traumatismos, problemas de alimentación y la septicemia son las principales causas que han provocado la muerte de mil 097 ejemplares en el lugar.
De acuerdo con un reporte que MILENIO obtuvo vía transparencia, de 2015 a 2026 se han identificado un total de 243 causas de muerte. En menor proporción se registraron situaciones poco usuales, como el ahogamiento de una cebra en la presa, mientras que a otra se le aplicó la eutanasia tras atorarse en la “barda —alambrado— del safari”.
Diversidad de incidentes en el recinto
Mientras que una boa mexicana murió por el alimento que recibió días anteriores y un cocodrilo adulto murió por estrés e inanición —falta de alimento—; en el caso de una jirafa, un ciervo axis y hasta de un búfalo, se determinó su muerte por la obstrucción de cuerpos extraños. Asimismo, una cría de águila real cayó del nido.
Pero también se informa que hay casos en los que no se pudo determinar la causa de muerte, dado el estado de descomposición en el que se encontró el cadáver de las especies; en otros casos los cuerpos ni siquiera se encontraron debido a las características del hábitat, como ocurrió con un perico quila.
Discrepancias en las cifras oficiales
Cabe destacar que se enviaron dos documentos para dar respuesta a la solicitud hecha por MILENIO. En uno se especifica el total de muertes de manera general por año; pero al hacer el desglose y verificar año por año, los números no coinciden.
Por ejemplo, en 2015 se reportan 90 defunciones, pero al revisar una a una las causas de muerte, en la lista solo hay 77; en 2016 se señala que fueron 159 fallecimientos —siendo el año más alto—; sin embargo, solamente se precisan las causas de muerte de 95 animales.
Para 2017, fueron 94, pero en las causas solo se enlistan 74 animales; en 2018 se reportan 54 decesos, faltando un animal en la descripción de causas para que cuadren las cifras; en cuanto a 2019 sí empatan los números con 75; en 2020 igual se cuadró con 59 muertes; en 2021 se mencionan las causas de 84 animales, mientras que la totalidad de pérdidas es de 100.
En 2022, fueron 126 bajas, pero en las causas se explican 119; en 2023 la cifra de 99 muertes es la misma, al igual que en 2024, en el que se reportaron 117 fallecimientos; la cifra también coincide en 2025 cuando se reportaron 122 decesos y en 2026 se reportan 4 pérdidas.
Postura de la administración y perfil de mortalidad
En la respuesta obtenida se informa: “A partir de la administración 2021-2024 y administración 2024-2027 se realizaron de manera puntual los registros de las altas y bajas de los ejemplares que integran la población animal del recinto, los cuales se encuentran debidamente documentados”.
La información revela que, más allá de la longevidad natural, el recinto enfrenta una triada crítica de mortalidad por ataques de fauna feral, neumonía bacteriana y traumatismos fatales.
De acuerdo con la información proporcionada, de los animales que murieron en la última década, 760 fueron de edad adulta, 113 gerontes, 44 juveniles, 23 se desconoció y 10 fueron crías.
Animales muertos por ataques y depredación
Al realizar un recuento, se detectó que por ataque y depredación de fauna feral suman 92 muertes, donde se encuentran los 24 borregos muflones atacados a finales del año pasado por una jauría de perros, cuatro loros corona lila, un gallo doméstico, un cuervo, tres antílopes leche y tres flamingos.
Pero a la lista se suman otros cinco borregos muflones en un hecho diferente ocurrido al de diciembre del año pasado, además de un turaco de mejillas amarillas; también se suman tres patos carolina, cinco emúes, dos agapornis, el mismo número de gallinas domésticas, ranas dardo bumblebee y cotorras argentinas.
A la lista de las especies que han sido atacadas o devoradas principalmente por perros, se suma una cabra Camerún, una codorniz de California y nueve avestruces, entre otros.
Complicaciones pulmonares: la segunda causa de muerte
En la baja de las especies por complicaciones pulmonares destacan la neumonía común y la neumonía bacteriana; el recinto registra un acumulado de 71 casos. Estas enfermedades se presentaron en especies como la gallina de guinea, murciélagos, jirafas, un venado temazate, zorros voladores e incluso en una iguana negra y una tortuga sulcata.
Otros casos se presentaron principalmente en aves como un cardenal, un pato mandarín, un pico grueso azul, un agaporni, un ganso de frente blanca, un pavorreal y un cenzontle, entre otros. Además, dos cebús, un hámster sirio y hasta un puma.
“Generalmente es cuando hay bajas temperaturas, cuando hay lluvia con frío y sobre todo los animales que son jóvenes, que todavía no tienen bien desarrollado su sistema inmune, es frecuente en la época de frío que se cause la neumonía”, explicó Ramón Victoria, veterinario en fauna exótica.
Retos en la atención médica de especies nerviosas
El especialista comentó que lo que se complica en el proceso de cuidar a los animales es el tema del medicamento, ya que hay ejemplares que son extremadamente nerviosos y esto dificulta la acción de atenderlos.
Otras especies que murieron por esta enfermedad fueron una boa esmeralda, un yak, un puercoespín, una rata egipcia y una liebre de la Patagonia; también se registraron bajas por esta causa de antílopes eland, una pitón reticulada y un cocodrilo de pantano, por mencionar algunos.
“Hay animales que son extremadamente nerviosos y la única manera de darles un tratamiento es por medio de disparos con dardos, con un sistema de inyección para darle algún antibiótico en específico y es complicado, porque solamente lo vas a poder inyectar una vez a lo mejor, pero la segunda vez sabe que lo vas a inyectar y va a correr y se puede estampar contra las mallas; realmente para dar medicamentos a animales que están enfermos, es complicado”, refirió.
Se reportó la muerte a causa de estas complicaciones pulmonares de dos cocodrilos del río, un lémur de cola anillada, un borrego damara y una iguana verde.
Traumatismos: accidentes y riesgos físicos
Por otro lado, los traumatismos —definidos como lesiones físicas derivadas de caídas, golpes o accidentes— cobraron la vida de 38 ejemplares en el mismo lapso. Estas cifras ponen de manifiesto los riesgos físicos a los que se enfrentan las especies, ya sea por incidentes dentro de sus propios exhibidores o por interacciones accidentales que derivan en daños corporales fatales.
“Traumatismo puede ser a causa de que hay muchos ejemplares, no necesariamente de que haya muchos machos, pero también hay lugares donde hay demasiados ejemplares de una especie y como no se han sacado, eso provoca que sean más propensos a que pueda haber un golpe”, puntualizó el especialista.
Las especies que fallecieron por traumatismo fueron desde una cría de águila real que cayó de un nido, tres avestruces, una guacamaya verde, un guajolote y un pavorreal. Además de un pecarí de labios blancos, dos venados cola blanca, un venado temazate, un flamenco, dos murciélagos egipcios, una tarántula azul y una cebra.
En la información compartida se especifican algunos casos por “traumatismo por objeto punzocortante, trauma al caer del árbol, caída del nido, choque en jaula”. A la lista se suman dos cebús, un hámster sirio, un puma, tres monos araña, una pitón reticulada, un cocodrilo de pantano y un zorro volador.
Casos inusuales y accidentes específicos
Algunas muertes poco usuales que se presentaron fueron la de un órix del cabo en 2025 por el consumo de plásticos y la de un pecarí de collar por canibalismo.
En 2024 se suma un watusi a causa de una cornada por un grupo de ejemplares, un zorro volador por una posible electrocución en una reja eléctrica y un antílope eland por traumatismo con objeto punzocortante.
En 2022, una gallina murió por retención de huevo, un agaporni por baja condición corporal y un lince rojo por principios de deshidratación. En 2021 se reportó que un cocodrilo de pantano murió por neumonía derivada de una falla en el sistema de calefacción.
Mientras tanto, una iguana negra fallecería en 2020 por retención de huevos y ruptura de oviducto —conducto muscular que conecta los ovarios con el útero—; esto acompañado de un pelícano pardo que murió a causa de estrés por transporte y un mono araña que perdió la vida por traumatismo al caer de un árbol.
En el año previo se reportó la baja de otra iguana negra por obstrucción intestinal por arena y grava; una tortuga sulcata falleció a causa de una perforación intestinal debido a piedras, mientras que un faisán blanco murió por una picadura de alacrán.
En 2018 se tuvo la muerte de un pony por coprolito —masa dura y petrificada de materia fecal—; en 2019 un ganso egipcio por un impacto fuerte a alta velocidad y en 2016 murió una tarántula goliath por sobrealimentación.
Estado de descomposición e incertidumbre diagnóstica
Otro factor que se pudo observar en los registros de la información solicitada vía transparencia es que hubo casos de animales en los que no se pudo identificar la causa de muerte debido al estado de descomposición en el que estaban. Uno de ellos fue el de dos gansos canadienses en 2024 que, debido a la condición del cadáver, no permitió realizar la necropsia.
Se suma un ciervo muntjac en 2022, cuyo documento señala como “asociado a muerte natural, no se puede determinar las causas de muerte debido al estado de descomposición”; también un agutí por esta misma razón.
En este mismo año se tuvo un pecarí de collar, cuyo estado de descomposición no permitió establecer algún diagnóstico, al igual que un gallo doméstico.
Se suma una rana dardo bumblebee; sin embargo, se le atribuye a fauna nociva, especificando que “la condición del cadáver imposibilita el diagnóstico/ataque por fauna nociva” y un guajolote norteño, cuya muerte se atribuye a una picadura de araña.
En 2021, un antílope acuático tampoco pudo ser identificado por su estado de descomposición, seguido en 2020 por un borrego muflón.
El caso del zorro volador: un incremento sin respuesta
En 2024 fue el año con más muertes registradas para una misma especie: el zorro volador, con 17 bajas. De estas, 11 aún están en espera de resultados hasta la fecha.
En cuanto al resto, a dos se les atribuyó edad avanzada y a los otros tres falla hepática, incapacidad respiratoria y posible electrocución por reja eléctrica; todas estas bajas fueron de edad adulta.
Haciendo un análisis, fue el año más alto en el que se registró la muerte del zorro volador, pues en 2015 se reportó una baja; en 2016 igual una, al igual que en 2017; en 2018 no se reportó ninguna; en 2019 fueron dos; en 2020 y 2021 ninguna; en 2022 se registraron tres; en 2023 fueron cinco y en 2024 se disparó a 17. En 2025 no se tuvo ninguna y, de estos 11 zorros voladores fallecidos en 2024, aún no se tienen los resultados de la causa de su muerte.