• 'Carmen', el legado de Antonio Gades, regresa a México con el Festival Cervantino

La compañía española presenta hoy su emblemática coreografía en Bellas Artes. Eugenia Eiriz habla sobre el legado de Gades, su compromiso político y la vigencia del flamenco.

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Han pasado más de 40 años desde el estreno de Carmen en París, en 1983, y más de 20 desde la muerte de su creador, Antonio Gades y la obra conserva intacta su fuerza para conmover, seducir y cuestionar.

La pieza que Gades creó junto a Carlos Saura, inspirada en la novela de Prosper Mérimée, es una exploración sobre la libertad, los límites del amor y la violencia de quien no sabe aceptar la autonomía del otro.

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Con este clásico de la danza española que conjuga flamenco, teatro, cine y literatura, la Compañía Antonio Gades regresa a México para presentarse en el Festival Internacional Cervantino.

Gades fue un artista político. Militante del Partido Comunista de los Pueblos de España, miembro de su comité central hasta su muerte y vinculado al Partido Comunista de Cuba.

Eugenia Eiriz de Gades, directora general de la Fundación Antonio Gades, habla sobre el legado de un artista que elevó el flamenco a los grandes escenarios internacionales sin despojarlo de su raíz popular ni de su dimensión política.

La pieza fue parte del Circuito Cervantino, con una función que se presentó el 15 de octubre en el Teatro Bicentenario de León y otra programada para este 17 de octubre en el Palacio de Bellas Artes.

¿Qué significa llevar esta obra al Cervantino?

Lo primero, significa volver a México, un país que nos fascina por su capacidad para inspirar y recibir la cultura universal. Y hacerlo invitados por el Cervantino es un privilegio enorme.

Además, volvemos con Carmen, un espectáculo de gran reconocimiento internacional. Arrollador, moderno y flamenco, hace vibrar al público desde su estreno en París. Las grandes obras guardan un mensaje que atraviesa el tiempo y Carmen continúa plenamente viva.

'Carmen', el legado de Antonio Gades, regresa a México | Ariel Ojeda

¿Cómo se define el flamenco de Antonio Gades?

Es el flamenco de alguien que lo conoce profundamente y que fue uno de sus grandes intérpretes, pero que también se preocupó por formarse e inspirarse fuera de él. Con apenas 22 años fue primer bailarín y maestro de baile español en La Scala de Milán. Vivió en Londres, París y Nueva York en contacto con las vanguardias de la época, se estrenó empresarial y artísticamente con su primera gran producción y recorrió el mundo con una pequeña compañía flamenca. Todo aquello fue formando al creador.

Hasta entonces, el flamenco se había utilizado en escena de una manera quizás más simbólica. Gades comprendió que podía ir más allá y servirse de él tal y como los grandes coreógrafos clásicos se servían de su propio lenguaje: para contar historias y trasladar al escenario el alma humana a través de las grandes obras de la literatura universal.

Decía que la danza no estaba en el paso, sino en lo que sucedía entre paso y paso. Ahí está su escuela. Naturalmente, su obra es flamenco, pero también es teatro, pintura, pensamiento, humanidad y luz. Y esa suma es lo que hace inconfundible aún hoy, a la Compañía de Antonio Gades.

'Carmen', el legado de Antonio Gades, regresa a México | Ariel Ojeda

¿Por qué Carmen es una de las obras cumbre de la danza española contemporánea?

La obra comienza en un ensayo y, casi sin que el espectador lo advierta, la realidad y la ficción empiezan a confundirse. Los intérpretes van entrando en los personajes hasta que ya no sabemos con certeza dónde termina la vida y dónde comienza la representación. La versión de Gades y Saura fue una auténtica conmoción en el momento de su creación. Está desnuda de artificio y, sin embargo, apabulla por su fuerza y por su verdad.

Carmen es asesinada por un hombre incapaz de aceptar su libertad. La paradoja está en que es precisamente esa libertad la que le hace enamorarse del personaje y de su mundo, hasta el punto de abandonar a su gente y a su clase para vivir esa libertad que le enamora. Es un entramado que tamizado por la música y el baile escénico más misterioso de la tierra lleva inspirando durante generaciones a creadores del mundo entero.

Yo creo que ni Gades ni Saura se plantearon que la obra terminaría convirtiéndose en un auténtico clásico. Quisieron investigar, aproximarse al género del “musical” desde el punto de vista de lo español y lo flamenco, y consiguieron algo muy difícil: contar de una forma nueva una historia que todo el mundo conoce, o cree conocer, sin recurrir a la exageración ni al artificio extravagante. La Carmen de Gades y Saura es un género en sí mismo y no se parece a nada.

¿Qué elementos de la puesta en escena original se han preservado y cuáles han evolucionado?

Se conservan la coreografía, la dramaturgia, la música, el espacio escénico y, sobre todo, el lenguaje interpretativo creado por Gades. Todo ello sigue siendo asombrosamente contemporáneo: los integrantes de la compañía Antonio Gades, unos espejos, unas mesas y unas sillas bastan para llevarnos en un vertiginoso recorrido de un estudio de danza a una prisión, un dormitorio, una taberna o una plaza de toros.

Pero, al igual que el agua de un río no pasa jamás dos veces por el mismo lugar, el ballet Carmen no siempre es el mismo. Han cambiado los intérpretes y, sobre todo, cambia también el propio público. Al hablar de obras artísticas, muchas veces olvidamos que una parte fundamental de la ecuación es precisamente el público, quien contempla la obra.

'Carmen', el legado de Antonio Gades, regresa a México | Ariel Ojeda

Tal vez hace 40 años mirábamos a don José con cierta condescendencia y pensábamos que era un personaje atractivo, con la perspectiva de hoy, vemos en él a un pobre hombre incapaz de aceptar la libertad de aquella a la que admira.

La transmisión de Stella Arauzo, directora artística de la compañía y compañera de baile de Antonio durante muchos años, ha sido fundamental. Ella transmite la intención, el carácter, la ética interpretativa de Gades y, en último lugar, también los pasos. Ahí reside la diferencia entre reproducir una coreografía y mantener vivo un legado.

La compañía continúa siendo una de las grandes referencias mundiales de su género. Sus intérpretes están formados en el estilo Gades, con Esmeralda Manzanas, Álvaro Madrid, Miguel Ángel Rojas y Jairo Rodríguez a la cabeza, junto a músicos flamencos de primer orden, entre ellos Alfredo Tejada, una de las voces más reconocidas del flamenco actual. Ustedes pueden haber visto muchas “Cármenes”. Pero ninguna se parece a esta.

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La fundación fue creada por Gades meses antes de morir. ¿Cuáles han sido sus mayores desafíos?

Fue un reto y como decía Machado, tuvimos que ir haciendo camino al andar. Existen grandes compañías que mantienen legados eternos: Pina Baush, Maurice Bejart, Alvy Ayley o Martha Graham, pero en España nunca había sucedido hasta la fecha. Han pasado 20 años gracias a una gestión rigurosa y también a una profunda conciencia de responsabilidad social.

Antonio dejó establecidas las bases de la fundación y eligió a las personas que debíamos asumir esa responsabilidad. Cuando se fue, la tarea fundamental consistió en conciliar las voluntades de todos los integrantes de la fundación.

Hoy su hija María Esteve preside la fundación; Stella Arauzo es la directora artística de la compañía y yo asumí a petición de mis compañeros la dirección general de la fundación y de la compañía. Esa estructura nos ha permitido unir a la memoria familiar, la transmisión artística y la gestión profesional para conseguir el apoyo del resto de distintas instituciones públicas que comprende a Gades como un legado patrimonial único y que merece ser conservado.

Luego llega la realidad de sostener una compañía estable, hacerla viajar y lograr que un patrimonio español de esta importancia llegue a públicos de todo el mundo.

'Carmen', el legado de Antonio Gades, regresa a México | Ariel Ojeda

¿Cómo se financian y sobreviven?

La danza patrimonial puede llenar teatros y producir un valor social inmenso, pero no debe juzgarse con criterios de sostenibilidad mercantiles. Es decir, no solo. Una compañía necesita bailarines, músicos, técnicos, maestros, ensayos, vestuario y, en primer lugar, también una gestión y una oficina abierta todo el año. Nos movemos con una media de 40 funciones anuales y nuestra oficina no para de trabajar todo el año.

La compañía se sostiene mediante los ingresos generados por las giras y las representaciones, junto con el respaldo de instituciones que han comprendido que cuando hablamos de Gades, hablamos verdaderamente de un patrimonio cultural de primer orden que merece ser defendido y conservado. Entre ellas, se encuentran el Ministerio de Cultura, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Getafe, ciudad en la que somos Compañía Residente desde hace 20 años.

¿Qué mensaje quiere dejar al público interesado en la danza española?

Hablaremos y también veremos y escucharemos a Gades a través de imágenes y audiovisuales de su archivo. Antonio fue una persona poliédrica, llena de facetas distintas que, sin embargo, terminaban explicándose unas a otras. No es casual que su obra continúe fascinándonos 20 años después de su muerte. Fue el hombre que llevó el flamenco a los escenarios internacionales del más alto nivel y su pensamiento, su estilo y su manera de entender el arte siguen hablándonos hoy. Conocer su obra es también conocer una parte fundamental de la historia de nuestro país.

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¿Qué proyectos tiene la fundación para los próximos años?

Caminamos decididamente hacia la creación de una nueva obra de gran formato, pero nuestro reto más inmediato es la reposición de Fuenteovejuna en su formato original. Es un proyecto realmente ambicioso, con 29 artistas en escena, y un enorme desafío para una compañía privada. Fue la última obra de Gades y quizá la culminación de su pensamiento: un canto a la solidaridad, a la dignidad del pueblo y a su capacidad para enfrentarse colectivamente a la injusticia de los poderosos. Volverá a los escenarios en 2027 gracias, en buena parte, al decidido apoyo de la Comunidad de Madrid, los Teatros del Canal y, por supuesto, del Ayuntamiento de Getafe, que es nuestra casa.

Trabajamos también con el Ministerio de Cultura para dar mayor visibilidad al contenido del archivo de Antonio Gades, depositado en el Centro de Documentación de las Artes Escénicas y de la Música, el CDAEM. Allí puede dialogar con otros grandes legados de nuestra danza, como los de Antonio Ruiz Soler, Pilar López o Vicente Escudero.

La pedagogía seguirá siendo otro de nuestros ejes. Uno de nuestros mayores orgullos es haber abierto las instalaciones de la compañía a la ciudad mediante un Aula Municipal de Danza que acerca esta disciplina, a precios públicos, a cerca de 400 personas. Nada de esto sería posible sin la colaboración del Ayuntamiento de Getafe.

Y llegamos a México con un enorme deseo de encuentro. En 2011 ya trabajamos con el director mexicano Luis de Tavira en Ainadamar, la ópera de Osvaldo Golijov sobre los últimos días de Federico García Lorca y su relación con Margarita Xirgu. Fue la primera participación de la compañía en una producción ajena al repertorio de Gades y una colaboración que se estrenó en Granada y que guardamos muy cerca del corazón. No quiero anunciar algo que todavía no existe, pero el Cervantino puede ser el comienzo de nuevas conversaciones con artistas, investigadores e instituciones mexicanas. Las colaboraciones verdaderas suelen nacer así: del conocimiento, la curiosidad y el respeto mutuos.

'Carmen', el legado de Antonio Gades, regresa a México | Ariel Ojeda

¿Cómo influyó la ideología de Gades su obra? ¿Hubo autocensura durante el franquismo?

En 1975, después de los últimos fusilamientos de la dictadura, disolvió su compañía y abandonó temporalmente la danza. Fue una decisión ética y política de enorme coste personal. Regresó cuando la gran Alicia Alonso le hizo comprender que su verdadera lucha estaba en su arte y en su trabajo sobre los escenarios. Gades giró con el Ballet Nacional de Cuba por Estados Unidos, interpretando el rol de Hilarión en Giselle, antes de regresar a España como primer director del Ballet Nacional de España.

La ideología de Antonio no es una circunstancia añadida a su vida, sino una consecuencia de su propia experiencia. Nació en 1936, en plena Guerra Civil, en Alicante, mientras su padre combatía en Madrid en el Batallón de Octubre. Conoció desde niño las privaciones, el trabajo y la desigualdad, y nunca olvidó de dónde venía. Por eso insistía en llamarse trabajador de la cultura y no artista.

Su compromiso político influyó profundamente en su manera de entender el oficio, la compañía y la responsabilidad del trabajador de la cultura. Pero sería muy limitado reducir su obra a la traducción escénica de una ideología concreta. Sus convicciones aparecen porque su obra habla de un pueblo unido por muchos lenguajes. En su obra están la libertad, la dignidad, la solidaridad, la fidelidad a la propia clase y el rechazo de la injusticia.

Antonio defendió públicamente sus convicciones y asumió las consecuencias. Conoció las limitaciones de la dictadura, pero buscó siempre espacios en los que expresarse con libertad. Trabajó mucho fuera de España y sus obras más trascendentes se estrenaron en el extranjero.

Y hay algo que para él era fundamental: el respeto al público que había pagado una entrada o decidido dedicar su escaso tiempo libre a ir a verlo. Respetaba también profundamente a quien pensaba de manera diferente. Su compromiso no nacía del odio, sino de una preocupación radical por la dignidad del ser humano. Esto pienso ha sido reconocido en todo el espectro político y social.

¿Cómo convirtió Gades el flamenco en una herramienta de denuncia?

Para Gades, el folclore y, por supuesto, también el flamenco, son expresiones de un pueblo. Por tanto, contienen su memoria, sus conflictos, su dignidad y sus aspiraciones. Rechazaba profundamente su manipulación, su banalización y su conversión en una postal de España vacía de autenticidad.

Su compromiso consistió en devolver dignidad escénica a ese lenguaje popular y situarlo en los grandes teatros del mundo con el mismo rigor que cualquier otra forma artística. Se ve de manera extraordinaria en Fuenteovejuna, donde cose el folclore de distintas regiones españolas con música barroca e incluso con Cuadros de una exposición, de Músorgsky. El resultado es un canto a la solidaridad humana, a la resistencia frente al abuso de los poderosos y, una vez más, a la mujer como motor de los pueblos.

En cuanto a Bodas de sangre, representar a Lorca en 1974, todavía durante la dictadura, tenía una resonancia política imposible de ignorar. La obra se estrenó en Roma, pero Gades no utilizó a Lorca como una bandera. Lo que le apasionaba era su genio literario y revolucionario, su extraordinaria capacidad para adentrarse en el alma humana. Cerca ya de los 40 años, Gades se sintió preparado para intentar algo que hasta entonces no se había hecho: contar a través del flamenco una gran historia de la literatura universal y trasladar al movimiento la verdad profunda del teatro de Lorca. Ese fue su homenaje. Y también una revolución que cambió para siempre la capacidad narrativa de la danza española.


jk

  • Leticia Sánchez Medel
  • letymedel@yahoo.com.mx
  • Reportera cultural, cursó la maestría en Periodismo Político, es autora de tres libros sobre la historia inédita del Cervantino.

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