Hay lugares donde el Día de Muertos se celebra y hay lugares donde se convierte en magia, se vive, se huele y se siente, Atlixco y Chautla en Puebla son dos sitios muy especiales.
Atlixco con el festival Valle de Catrinas, y Chautla con Catrineras son dos sitios que se transforman cada año en espacios de color, de flor de cempasúchil, de papel picado y de arte monumental para invitar a deambular por un camino donde los recuerdos florecen y las tradiciones cobran vida.
La Ex Hacienda de Chautla, en San Salvador el Verde, se convirtió en uno de los principales escenarios para celebrar el Día de Muertos con la segunda edición del Festival Catrineras Chautla.
Michelle Talavera, directora de Parques y Convenciones de Puebla, explicó que este último nació el año pasado y ha contribuido a recuperar la actividad económica del lugar: “Se implementó un reforzamiento operativo y de capacidad para reactivar la Ex Hacienda. En 2025 se planeó para 60 mil visitantes y para nuestra sorpresa llegaron 130 mil. Por eso este año se contrató a más personal y se aumentó el aforo de 50 personas a más de 250 cada 15 minutos, lo que nos dio la pauta para enriquecer y hacer más grande este festival”, detalló.
Es un recorrido fantástico el que se ofrece en ese sitio mágico, con su enorme lienzo de cempasúchil, papel picado y luz, cada rincón guarda una ofrenda y cada paso es parte de la identidad de México.
Talavera indicó que la figura central es el castillo del lugar, cuyos jardines se iluminan y enriquecen con senderos temáticos, mientras que en interior se muestran ofrendas monumentales, gastronomía regional, artesanías y actividades para toda la familia, como las trajineras traídas directamente desde Xochimilco.
Pero la actividad que atrae a miles de visitantes es el concurso de catrinas, en el que la creatividad, el ingenio y los materiales hacen piezas memorables.
La iniciativa de Catrineras Chautla tiene como fin preservar la memoria y el recuerdo de los seres queridos fallecidos al tiempo que impulsa la economía local mediante pabellones de artesanos y productores de la región para generar derrama económica en municipios cercanos como San Martín Texmelucan y San Salvador el Verde.
El festival concluirá el 8 de noviembre y espera una afluencia superior a 150 mil visitantes, así como una derrama económica de 70 millones de pesos.
Dioses prehispánicos
En cada plaza, mercado, panteón y jardín de Atlixco se ven catrinas gigantes, una propuesta de color con esculturas de varios metros elaboradas en cartonería para la sexta edición del Festival Valle de las Catrinas.
En esta ocasión, la festividad rindió homenaje a los dioses prehispánicos y a la memoria de quienes ya partieron, explicó Giovanni Puerta, jefe del departamento de Cultura del municipio de Atlixco
“Estamos dando realce al tema porque se está perdiendo la cultura mexicana por el Halloween, y la idea de tener a los dioses prehispánicos es generar interés por la cultura ancestral”, comenta.
Para esta celebración de Día de Muertos, se diseñaron 27 esculturas monumentales, de las cuales 19 están instaladas en distintos puntos de Atlixco así como en diversos puntos del país, sin contar las que se encuentran en el extranjero, en países como Francia, Alemania y Estados Unidos. Representa un viaje al México prehispánico ver que Tláloc custodia el Cerro de San Miguel, y que Tonatiuh y Metztli se encuentran en el Zócalo.
Puerta dijo que son más que esculturas monumentales porque cada una rinde homenaje a las tradiciones gracias a la participación de los artistas que contribuyen a su elaboración.
Las actividades que ofrece Atlixco para todo el público se llevarán a cabo hasta el 8 de noviembre.
Dicen los lugareños que cuando cae el sol, Atlixco no se apaga pues se enciende con las catrinas, que miden entre 4 y 10 metros de altura, de esta forma la ciudad ofrece una experiencia inmersiva, una invitación a sentir la festividad con todos los sentidos.
Atlixco ofrece un reencuentro con las raíces y una celebración donde la muerte se honra con alegría, entre flores, flores y catrinas que parecen alcanzar el cielo. Las flores tienen un papel fundamental en la tradición, se tiene que creencia de que sus pétalos guían a las almas de regreso a casa durante el Día de Muertos.
Atlixco, que se vive con todos los sentidos, demuestra que recordar no es tristeza, es continuar el vínculo. Entre altares, flores, arte monumental y música, el pueblo convierte el Día de Muertos en una experiencia única, donde la muerte se recibe con color, respeto y una alegría profundamente mexicana.
BSMM