“Las carencias que no se atienden incuban dramas que pueden ser insalvables. Necesitamos más presupuestos para la ciencia, la cultura, la educación y la salud, pilares esenciales de una política de izquierda. Toda realidad impone limitaciones, pero no podemos renunciar a la idea de transformarla”, dijo Juan Villoro al recibir el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en el Idioma Español 2026.
Con sus inseparables jeans de mezclilla, camisa azul claro, saco gris y su característica sonrisa, el escritor leyó su discurso, El espejo de obsidiana, durante una ceremonia en el área de murales del Palacio de Bellas Artes, donde comenzó por reconocer el talento de Carlos Fuentes y agradecer a quienes hicieron posible el galardón.
“Mis motivos de gratitud son infinitos y no puedo enumerarlos todos. Agradezco a Silvia Lemus su devoción para preservar la memoria de Carlos Fuentes y hacer posible un premio que ha distinguido a autores con los que no puedo compararme. Obviamente, el milagro de estar aquí no se hubiera concretado sin la voluntad del jurado que conspiró en mi favor en un momento en que sobran escritoras y escritores de relieve. Desde que me inicié en el oficio, tuve el privilegio de saberme rodeado de colegas admirables”.
Con el mural El hombre controlador del universo, de Diego Rivera, como fondo y fiel a su estilo, Villoro combinó anécdotas sobre Fuentes con reflexiones acerca de su obra, la Ciudad de México, el movimiento zapatista y la ultraderecha, entre otros temas.
“El reloj que mide nuestra época tiene la carátula astillada. La desigualdad social, la violencia, la discriminación racial y de género y el crimen organizado marcan las horas de un país injusto. En un momento en que la ultraderecha se hace cargo de la mayoría de los países de América Latina, es de agradecer que representemos una zona de excepción. Sin embargo, aún falta lo que falta, como dicen los zapatistas. No sería fiel al espíritu de Carlos Fuentes si no insistiera en ello. Con excesiva frecuencia, se considera que toda crítica se ejerce en contra. No es así, la crítica justa favorece. La discutidora especie humana solo prospera en discrepancia. Todo gobierno que se precie de ser progresista debe ofrecer las mejores condiciones para ser criticado”.
Villoro también habló de su generación, cuyos integrantes “me curó para siempre de la posibilidad de sentirme superior. En un sentido amplio, el arco de mis contemporáneos comienza con Daniel Sada y desemboca en David Toscana. En medio se encuentran otros autores de excepción como Fabio Morábito, Francisco Hinojosa, Luis Miguel Aguilar, Carmen Boullosa o Enrique Serna. Cualquiera de ellos podría estar en mi lugar. A todos nos une un afluente lejano que da nombre a este premio”.
En la parte final de su discurso, el escritor recordó el 15 de mayo de 2012, cuando se encontraba en Yucatán para entrevistar a un arqueólogo. Estaba al borde de un cenote, atado a una soga y a punto de descender, cuando se enteró de la muerte de Carlos Fuentes.
“Siguiendo la estela de Fuentes en su libro El espejo enterrado, conduje trece programas de Piedras que hablan. El 15 de mayo de 2012 me encontraba al borde de un cenote de Yucatán atado a una soga para descender a la barca y me enteré de que el intérprete del México profundo había fallecido”.
Villoro relató cómo aquel momento quedó ligado a la memoria del escritor y a la imagen del espejo que da título a su discurso.
“En forma literal, yo ingresaba a las entrañas del país al que él dedicó su vida. La tierra sabe impartir lecciones. En esa gruta del origen me di por vencido, pero Fuentes protestó: ¿Qué te pasa?. El buzo Guillermo de Anda me recibió en su barca y habló de los entierros al fondo del cenote. En la oscuridad, el agua tenía un fulgor de obsidiana. El maestro había partido, pero ahí estaba su espejo”.
Durante la ceremonia, Leonardo Lomelí Vanegas, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), destacó la sensibilidad literaria y el compromiso de Villoro con la lectura.
“Querido Juan Villoro, este galardón honra tu sensibilidad y la amplitud de tus horizontes de búsqueda, así como tu aportación perdurable a las letras contemporáneas. Rinde atributo a sí mismo al universitario generoso, al observador atento de nuestra sociedad y al autor que ha despertado en tantas personas el entusiasmo por la lectura”.
Por su parte, Claudia Curiel de Icaza, secretaria de Cultura del Gobierno de México, vinculó la obra de Villoro con la posibilidad de transformar la realidad.
“Juan Villoro ha dicho que la esperanza es una obligación ética para cambiar un mundo que sabemos que es imperfecto. Podemos mirar de frente las contradicciones de nuestra sociedad y conservar también la voluntad de transformarla. Hoy es un honor entregarle este premio, esta celebración que reúne a dos escritores que han hecho de México un territorio central de su obra. Dos voces que nos permiten comprender el país desde sus contradicciones, sus desafíos, sus memorias y sus posibilidades”.
En el acto estuvieron presentes la periodista Silvia Lemus, viuda de Carlos Fuentes, y la poeta Myriam Moscona, en representación del jurado, entre otras personalidades.
El premio es convocado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y la UNAM. Consiste en un diploma, una obra escultórica de Vicente Rojo y el equivalente a 125 mil dólares estadounidenses.