El legado de Olga Harmony

Peripecia

Una tarde de agosto, desde el sillón de su recámara y frente al televisor apagado, Olga Harmony, franca y divertida, habló sobre la crítica teatral que ejerció por casi cuatro décadas en distintos diarios

"Los críticos, aun quienes estudiamos la carrera, nos hacemos sobre la marcha", aseguró la escritora (Foto.Lucila Rousset)

Alegría Martínez

Una tarde de agosto, desde el sillón de su recámara y frente al televisor apagado, Olga Harmony, franca y divertida, habló sobre la crítica teatral que ejerció por casi cuatro décadas en distintos diarios. El domingo 11 de noviembre, se quedó dormida después de tomar un baño. Falleció a las 9 de la mañana en la casa de su hija Lucila, con quien vivió sus últimos días.

A punto de salir la segunda convocatoria del premio de crítica teatral creado por Ángel Ancona, que lleva el nombre de Olga Harmony, la escritora habló de sus inicios. “Cuando empecé a hacer crítica y daba una conferencia o me reunía con algún grupito de teatro, casi todas las preguntas eran idiotas. Algunos muchachitos afirmaban que uno hacía crítica porque no podía hacer otras cosas o porque no sabía escribir. Yo demostré lo contrario. Publiqué una novela, un libro de cuentos y una obra de teatro, pero de repente me sequé. Dejó de interesarme. 

“Un día en que alguien molestaba mucho con su descalificación, le pregunté qué obras había estrenado, por qué estaba tan dolido, pero confesó que no había estrenado nada. Solo tenía la idea, como muchos, de que el crítico está comprado, es un ser resentido, o hace crítica porque no puede hacer otra cosa”.


Articulista desde 1973 en el suplemento Diorama de la Cultura en Excélsior, para la autora de La ley de Creón el mayor obstáculo de la crítica en México es la falta de espacios.

“Quizá tenía razón Stanislavski cuando escribió su crítica a los críticos, en la que cuestionaba cómo podían evaluar en dos horas un trabajo de meses, pero en la actualidad el espacio que tenemos en los periódicos o suplementos y lo que nos pagan por nuestro trabajo apenas nos permite ver una función de cada obra. Uno hace esta labor por gusto, no por lo que pagan. De hecho, debería haber una escuela de crítica para cada disciplina artística porque los críticos, aun quienes estudiamos la carrera, nos hacemos sobre la marcha”. 

Crítica teatral de La Jornada desde su fundación, Olga Harmony dejó de publicar en 2013, al morir su yerno con quien iba al teatro. “Cuando me preguntan qué le sugiero a un joven crítico, les digo que sea honesto y firme con sus ideas, que conozca primero qué es el teatro, que entienda el gran esfuerzo que hacen los teatristas y que busque espacios para trabajar, porque Héctor Mendoza decía: ‘El trabajo de un actor es buscar trabajo’ y lo mismo se puede decir para un crítico.

“Mendoza está entre mis directores más admirados porque transformó el teatro con Poesía en Voz Alta, junto con Gurrola, que también hizo obras importantes, aunque después hizo cosas espantosas. En cuanto a Miguel Sabido, por sabido se calla. Luis G. Basurto fue importante y creó el entrañable personaje de La Tacón Dorado, pero también hizo tratos con Echeverría. José Solé hizo teatro serio y sabía mover muy bien los grupos, pero luego tuvo que hacer teatro comercial. La carrera de Margules fue muy buena, aunque había reclamos por su personalidad”. 

Alejandro Luna, quien diseñó la escenografía para Las alegres comadres de Windsor, que dirigió Olga Harmony con sus alumnos de la prepa, es uno de los escenógrafos que más la impactaron: “es de los pocos que puede crear el clima de cada obra. Guillermo Barclay y Gabriel Pascal, cada uno con su creatividad, hacen acercamientos y generan profundidad con gran sentido del espacio”. 


Para Olga Harmony, entre la gama de actrices extraordinarias se hallan Ana Ofelia Murguía y Laura Almela. Daniel Giménez Cacho entre los mejores actores que saben dirigir. Mario Espinosa, Mauricio Jiménez, Martín Acosta y Mauricio García Lozano son importantes directores, y David Olguín es un gran escritor, dramaturgo y director que hace todo con solvencia. 

Contrario a la teoría de que no le gustaba la comedia musical, este es un género que, confesó aquella tarde, le fascinaba, pero sobre el que no se sentía preparada para escribir, así que se mantuvo enfocada en la seriedad de su profesión que, entre la cólera y el disfrute, le permitió plasmar un valioso legado sobre nuestro teatro.

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