Encuentro de arte chicano busca cuestionar y derribar estereotipos racistas y clasistas

Como parte de la exposición 'Aztlán, túnel del tiempo', el encuentro reflexiona sobre la memoria visual y la resistencia cultural chicana.

La exposición propone una reflexión crítica sobre la historia compartida entre México y Estados Unidos . (Foto: Javier Ríos)
Ciudad de México /
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Pensar hoy el arte chicano desde una perspectiva binacional es indispensable porque la migración, la diáspora y la frontera no son temas del pasado, sino condiciones vivas del presente como se analiza en la exposición Aztlán, túnel del tiempo, en el Palacio de Bellas Artes, curada por Rubén Ortiz-Torres y Jesse Lerner.

El curador en jefe del Museo del Palacio de Bellas Artes, Joshua Sánchez, afirma que la discusión “puede ir más allá de una perspectiva nacional” y pensar incluso en una dimensión “internacional y panamericana”.

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El arte chicano no sólo habla de México y Estados Unidos, sino también de comunidades indígenas, centroamericanas y de múltiples historias de desplazamiento, resistencia y mestizaje cultural. En ese sentido, se organizó un encuentro de arte chicano que incluye una programación de cine y conversatorios que permiten desplazar la experiencia del museo hacia el debate público, la memoria compartida y la lectura política de las imágenes.

Lo que se pretende, detalla el curador en jefe del Museo del Palacio de Bellas Artes, es “ampliar la discusión y construir un proyecto integral capaz de abordar el territorio, la resistencia política, el feminismo y la frontera desde múltiples lenguajes”.

El “Encuentro Internacional de Arte Chicano” es un espacio para reflexionar sobre la memoria visual y la resistencia cultural chicana. El evento, que forma parte de la exposición Aztlán, túnel del tiempo, se llevará a cabo del 30 de julio al 1 de agosto, a las 10:00 horas, con conferencias y mesas de análisis alrededor de las manifestaciones artísticas, sociales y políticas de la migración, además de un ciclo de cine en la Cineteca Nacional

El encuentro cuenta con la participación de curadores, investigadores, escritores, docentes, promotores culturales, escritores y artistas como Alice Bag, Beatriz Cortez, Chaz Bojórquez, Daniela Lieja, Graciela Iturbide, Luis J. Rodríguez, Rita Gonzalez, Jesse Lerner y Sayak Valencia.

El cine chicano ocupará un lugar central, ya que, además de dialogar con la historia visual del movimiento, confronta directamente los estereotipos con los que durante décadas se ha representado a la comunidad mexicana y mexicoamericana. El ciclo de cine tendrá lugar del 28 de julio al 1 de agosto en la sala 9 de la Cineteca Nacional México a las 19:00 horas.

De ahí que, destaca el curador en entrevista con MILENIO, uno de los ejes del programa sea “derribar, cuestionar o criticar muchos de estos prejuicios denigrantes, estereotipos de carácter racista y clasista”. El cine no funciona aquí como ilustración de la muestra, sino como una herramienta de pensamiento y de disputa simbólica.

Las charlas serán en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. (Foto: Javier Ríos)

—¿Por qué incluir en el marco de la exposición una programación de cine y, además, una serie de conversatorios?

El encuentro internacional de arte chicano es una extensión crítica de la exposición que actualmente se presenta en el Museo del Palacio de Bellas Artes, dividida en cuatro secciones. Es la primera exposición de arte chicano que tenemos acá en el museo que busca dar una dimensión mucho más amplia de uno de los movimientos más importantes que ha habido en el siglo XX. 

Ya ha tenido repercusiones a nivel político, estético, social y en muchos campos. Por ejemplo, en el arte desde la pintura pasando por la fotografía e instalaciones culturales. En fin, este es un proyecto hecho de manera integral, un proyecto binacional, y en este contexto, nosotros consideramos pertinente organizar un encuentro para reunirnos y poder platicar en un momento importantísimo para nosotros desde un punto de vista político.

Como hay una armonización de la comunidad mexicana en Estados Unidos, de la diáspora mexicana en contra de los estereotipos sobre los mexicanos que trabajan y viven de manera irregular en los Estados Unidos, nos parece muy pertinente poder ampliar la discusión y hacer un proyecto integral que nos permita abordar, además del territorio y la resistencia política, las manifestaciones desde el feminismo. 

Nuestras charlas inician en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes y por la tarde tenemos un ciclo de cine de cinco sesiones relacionadas con los temas de la exposición, la cual también incluyó un catálogo.

—¿Qué tan necesario es pensar hoy el arte chicano dentro de una perspectiva binacional?

La misma migración ha existido en el pasado, existe en el presente y existirá en el futuro. Como hemos dicho muchas veces, nadie va a parar, y la historia no nos dejará mentir, que es inherente a los seres humanos de los distintos grupos sociales a lo largo de la tierra y civilizaciones. Entonces, creemos que la discusión incluso puede ir más allá de una perspectiva nacional; puede tener una noción internacional y panamericana.

Como ejemplo de ello incluimos en la exposición no sólo artistas de México y de Estados Unidos, sino también algunos artistas centroamericanos, como es el caso de Beatriz Cortes, de El Salvador,  que vive en Estados Unidos. Así como a artistas que vienen de comunidades de pueblos originarios de México, de la zona zapoteca y de Centroamérica.

Pensamos desde la diversidad estética, material, narrativa e histórica con múltiples visiones sobre sobre la vida y sobre la realidad.

—¿Qué aporta el arte, y particularmente el cine, para la comprensión de estas relaciones culturales entre México, Estados Unidos y la región?

Desde el cine, los artistas han buscado derribar, cuestionar y criticar muchos de estos prejuicios y estereotipos denigrantes de carácter racista y clasista que se difunden y construyen alrededor de los mexicanos desde la industria cinematográfica hollywoodense.

A través de un programa con la curaduría de Jesse Werner podemos ver como en 1908 se puede se personificaba a los mexicanos con características negativas como Speedy Gonzales. Tenemos una pieza de Lalo Guerrero que cuestiona la forma en que los chicanos aparecen en los medios de comunicación masiva, ya sea el cine, la televisión o la prensa, vinculados con actos de carácter negativo.

La respuesta de los artistas chicanos ha pasado por la organización, por la manifestación y por la acción. En este caso, en nuestro campo desde el museo, con acciones críticas desde el terreno de la reflexión y desde la estética.

PCL

  • Leticia Sánchez Medel
  • letymedel@yahoo.com.mx
  • Reportera cultural, cursó la maestría en Periodismo Político, es autora de tres libros sobre la historia inédita del Cervantino.

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