M+.- La nueva película producida por el actor y director de cine mexicano, Diego Luna, llegará a México el 5 de noviembre, y con ello, se llevará a la pantalla grande una de las obras literarias contemporáneas más reconocidas de nuestros tiempos: se trata de Ceniza en la boca, novela de la escritora y socióloga mexicana Brenda Navarro, cuya historia se ha ido abriendo paso a un merecido reconocimiento gracias a las complejas temáticas sociales que la autora aborda y visibiliza en su escritura.
Narrada por una voz femenina carente de nombre, Ceniza en la boca expone un cuadro familiar atravesado por factores como la desconexión, la hermandad, el abandono, la violencia, la migración y, sobre todo, el suicidio. Por ello, a tan sólo cuatro años de su publicación, su cercanía con la cotidianeidad mundial es tangible, cercana y vigente.
En entrevista con MILENIO, Brenda Navarro señaló algunas de las relecturas que de Ceniza en la boca se pueden obtener frente a fenómenos sociales que han adquirido otra significación en el último año, como es el caso de la migración.
Sobre esto, Navarro señaló que, incluso dentro del marco histórico de su publicación, el tema de movilidad social presentaba una tensión latente en España, lo que pudo haberse interpretado como una suerte de oportunismo de Ceniza ante su propia actualidad; sin embargo, tal como la escritora señala, el tópico migratorio sigue siendo una situación de hoy, donde las fronteras han evolucionado para convertirse en puntos empresariales, productoras de dolor para múltiples familias e individuos, cuyo derecho es el poder transitar el mundo con libertad.
“Tenemos estas políticas migratorias de Estados Unidos, pero también el aumento de las fronteras en Europa, que cada vez se vuelve más evidente y los discursos de odio son cada vez más, yo diría que mezquinos y cínicos, tratando de hacer creer que la migración es un asunto de otredad, de pobreza”.
“Las fronteras, como tal, son una empresa que están causando muchísimo dolor a las personas, que la Declaración de los Derechos Humanos dice que tenemos derecho a movernos por el mundo sin ningún problema, pero que también nuestra civilización conocida ha tenido que ver con todos estos movimientos que, yo diría, son totalmente inherentes a la condición humana”.
El fracaso de una generación y el desencanto sobre la juventud
Aunado a lo anterior, Navarro destacó que el resultado de las fallas generacionales, que junto al insuficiente espíritu de lucha y exigencia pueden evidenciar, entre otros temas además de la migración, deviene en el desencanto sobre el futuro de la juventud.
“Como que nuestra generación está muy desencantada con lo que no hemos conseguido como ciudadanía. No hemos peleado, yo diría, lo suficiente por los derechos que nos heredaron nuestros padres, y de pronto nuestra narrativa oficial hace creer a la juventud que no hay espacios, que no va a haber un futuro, que no hay nada más allá de nuestra visión”.
Sin embargo, con convicción, la escritora mexicana no quitó méritos a las manifestaciones y protestas que se han avivado por la misma juventud en el continente europeo, las cuales sostienen una resistencia rebelde contra la pasividad y desencanto de las generaciones adultas, realidad que dialoga con Ceniza en la boca y que pone en juego las que, en un escenario distinto, serían las actuales aspiraciones de un personaje inconforme como Diego.
“Afortunadamente, en estos momentos estamos viendo un montón de manifestaciones sociales en México, en España, en Francia, en Europa del Este, es decir, afortunadamente ahora la juventud, las nuevas generaciones nos están mostrando que están totalmente descontentas con nosotros, con nuestra pasividad, y me parece como que justamente este libro podría conversar con esta realidad en la que, bueno, si Diego hubiese pensado que no tenía que construirse un futuro como el que nosotros creemos que debe de existir, sino que Diego podría estar ahora mismo manifestándose en alguna cosa, explicando que es lo que quiera, a lo mejor hubiese tenido la sensación de que podía tener una vida digna”.
Es por ello que la obra de Navarro pone en declive muchas de las creencias y censuras que la adultez piensa tener por encima de las nuevas generaciones, cuyo único instinto es el de moldear una realidad habitable, a partir del cuestionamiento y planteamiento de nuevas estructuras, genuina y esperanzadoramente, posibles.
“Regresando un poco a Diego, el personaje, yo recuerdo que cuando lo estaba construyendo en el libro, esta canción de Vampire Weekend que dice 'I don't want to live like this but I don't want to die', me parecía como súper contundente. Es claro; las personas, incluso por la propia biología de nuestro cuerpo, tenemos un instinto de querer vivir. La vida se abre paso siempre, incluso en momentos de crisis (...) nos olvidamos que los adolescentes, las adolescencias y la infancia en general son sujetas a derecho”.
“Como adultos no hemos sabido luchar por jornadas laborales menos extenuantes, derechos laborales, sindicatos”.
En el caso del personaje de Diego en Ceniza, el mensaje es frívolamente más contundente: su mayor acto de rebeldía es negarse a vivir en un mundo transgredido por la violencia, interiorizada al punto de concebirse como una normalidad que él no está dispuesto a replicar.
“Creo que Diego se estaría revelando a todo esto y que un poco su decisión fue una especie de rebeldía, porque no quería vivir en un mundo en el que parece que nos hemos dado por vencidos y probablemente la decisión de Diego pudiese leerse así”.
Sin embargo, esta decisión no exime de daños a otros personajes de la historia, como es el caso de la narradora, quien, fungiendo el papel de hermana, resulta directamente afectada por el suicidio de Diego, problemática que supone un foco de atención urgente a nuestras propias comunidades ante la falta de escucha y visibilización de la vulnerabilidad mental. Una dualidad incomprensible y paradójica, quizás sin una respuesta concreta, que Navarro bien enmarca en su novela.
“Esa decisión de Diego impacta directamente en la narradora principal de la novela en donde, desde mi punto de vista, lo que ella logra comprender es eso: que no hay que rendirse sino reubicarte en el mundo, aunque sea doloroso. Nadie nos dijo que era un jardín de rosas vivir y ella lo entiende y creo que, a partir de ese entendimiento, como lo están haciendo las personas que están saliendo a protestar por vivienda, educación, agua, nos están diciendo eso, como no queremos que el mundo sea así y queremos que las cosas tan básicas se nos sean dadas y no estén destinadas a vivir de una manera tan precaria”.
Un personaje entrañable que ha demostrado dialogar con la adolescencia
Navarro señaló, a modo de precisión, que la historia narrada en Ceniza en la boca, dado su cruento y realista carácter literario, no fue pensada para un primer acercamiento de lectura con adolescentes; sin embargo, compartió a MILENIO una experiencia donde este mismo sector etario demostró una cálida recepción a su personaje más semejante, Diego, de donde la escritora pudo obtener una mayor dimensión del diálogo que su obra puede entablar por sí misma con el mundo.
“En el año 2024, recibí un premio que entrega Galicia, que se llama el Premio San Clemente de Narrativa en Español. Lo que sucede en ese premio es que se los dan a leer a personas de bachillerato y de preparatoria, y ellos son los que eligen las novelas finalistas, las que les gustan más, eso quiere decir que gente como de 15 a 18 años leyó el libro de Ceniza y lo eligieron como el libro que más les había gustado”.
“Ahí fue cuando yo comprendí que era un libro que quería leer ese rango de personas, y la retroalimentación que me dieron ellos en general fue preciosa (...) incluso hubo periódicos murales en las que también hacen una reivindicación de Diego, no como una persona víctima, doliente, sino como una persona que ellos abrazan, digamos, simbólicamente y dicen: pienso que a Diego le pasó tal cosa y pensó tal situación porque es lo que yo estoy viviendo. Entonces, si el libro permite que las personas jóvenes puedan explicarnos cómo les estamos haciendo creer que el mundo es terrible y cómo ellos lo ven de diferente manera, yo me siento como muy agradecida de que eso suceda, aunque no haya sido la intención.”.
Diego Luna y su apuesta por el cine de autor
Por otro lado, ante la próxima llegada de la adaptación de la obra de Navarro, dirigida por Diego Luna, la escritora expresó el privilegio que, ante las dificultades que campos culturales como la literatura atraviesan, simboliza ser una autora que resulta de interés para cineastas que, engarzados con la obra, deciden materializarla a través del séptimo arte, con lo que Ceniza en la boca podría tener un mayor alcance e impacto social en el público que la reciba.
“Creo que es uno de los mayores privilegios que puede tener una persona que trata de hacer una creación, que utiliza su tiempo de ocio o un tiempo que no le dedica a sobrevivir a algo que no es tangible y que no genera riqueza por sí misma, como es lo que se considera arte en este momento, y que de pronto alguien que tiene una visibilidad como Diego Luna, tome esta historia que yo escribí en casa sin imaginar que hoy iba a estar hablando contigo, me hace pensar en algo que parece muy romántico pero que me gustaría poner sobre la mesa”.
Navarro, quien proviene de una familia de clase trabajadora, cuya educación ha sido pública y que no habitó los parámetros necesarios para considerar la plena ejecución de su derecho a la cultura, observa en la oportunidad que a ella se le presentó con esta adaptación, la posibilidad de que más mujeres puedan acceder a esto, donde el factor económico no sea una limitante.
“Me parece muy esperanzador en términos de, si ya se consiguió dentro de mi generación, me encantaría que eso se consiguiera en las nuevas generaciones, no una persona, sino que se pudiera hacer más películas, más libros, más fotografías, como mayor disciplinas artísticas con personas que no tienen acceso tan fácil a ello".
Sobre el producto que Diego Luna ya ha presentado en diferentes festivales, el cual Navarro ya ha podido vislumbrar en múltiples ocasiones, destacó la elección actoral de la producción, ya que, bajo el rostro de Anna Díaz y Sergio Bautista, reflejan la emocionalidad, inscrita con precisión, de la hermandad expuesta en Ceniza en la boca, por lo que reconoció la labor de ambos actores.
“Una obra literaria no puede reflejarse como está escrito en un lenguaje que es ya la apuesta en sí, pero yo creo que la actriz Anna Díaz, la que hace la protagonista, lo hace excepcionalmente bien, tiene una capacidad de expresar muchas emociones que convencen a las personas que estamos viendo la película y que sostiene todo lo que pasa ahí dentro.
“En el caso de quien personifica a Diego también me pareció una gran elección porque tiene una ternura que yo quise captar dentro del libro que a lo mejor no se captó, pero que ya audiovisualmente sí ha sido posible que sea visible y yo creo que esos son unos grandes aciertos en términos de toma de decisión de dirección, ¿no? O sea, lograr que la autora piense que ellos lo han sabido, personifican bien lo que yo quise describir me parece que es maravilloso”.
Además, Brenda Navarro calificó a esta nueva cinta de Diego Luna como una apuesta por el cine de autor, ya que la decisión del director alude más bien a reproducir una muestra independiente, por lo que merece su apoyo en cines y espacios donde el público pueda encontrarse con Ceniza en la boca y aportar nuevas críticas o perspectivas que a la autora de la novela, en la que se inspira este filme, le gustaría recibir.
“Diego Luna está apostando por un cine de autor. Yo un poco lo que diría a las personas que escuchen lo que estoy diciendo en este momento es un cine de autor con una distribución corta porque es un cine independiente y entonces habría que ir a verlo o a las salas de cine para que, digamos, se pueda seguir apostando por el cine de autor”.
“Y todavía vivimos una desigualdades tremendas”
Por su parte, la autora de Ceniza en la boca expresó la inquietud que tiene por conocer, mediante una lectura actualizada de su libro en convivencia con la juventud, las nuevas perspectivas con las que este grupo social percibe al mundo, tal como ella, a través de Diego o de la narradora, devela su propia propuesta de percepción ante el mundo diegético que crea en su novela, el cual, sin lugar a dudas, se nutre de la realidad.
“Ya no puedo hablar el nombre de la juventud, creo que ya soy una persona con un lenguaje bastante anacrónico, que ya no podría escribir sobre juventud de una forma auténtica y me encantaría mucho como reconocer cómo están hablando ustedes, cómo se están relacionando, cómo es que están viendo al mundo. Si este libro me permite hacer eso estaría, yo me sentiría muy agradecida con la vida”.
Asimismo, Navarro destacó el impacto que una obra como Ceniza ha tenido y sigue teniendo en su vida, con lo que aprovechó el espacio para agradecer a las lectoras y el impulso de su narrativa, el mismo que le ha permitido, como mujer, sostenerse de manera autónoma, una posibilidad que, en una sociedad con muchos rastros todavía vivos de patriarcado, no debería ser imposible de imaginar y concretar.
“Esta novela, por todo el recorrido que tú comentas, en cine, en traducciones, ha permitido que yo crezca como ser humana, que tenga mucha mayor conciencia de mi papel dentro del mundo, de mi finitud en el mundo también, pero especialmente yo lo diría, y con muchísimo orgullo, son las lectoras las que me han hecho, insisto, autónoma económicamente, y puedo tomar decisiones que antes no podía tomar porque no era yo, digamos, solvente en ese sentido, y ahora lo soy".
Finalmente, con un emocionante mensaje feminista, Brenda Navarro señaló a MILENIO el mundo de posibilidades que las mujeres, atravesadas por diversos vectores sociales y económicos, aún tienen en puerta, reavivando con esperanza los sueños desde la juventud, recordando la importancia de vivir bajo un espíritu de lucha e inconformidad, y no dejando de señalar que el mundo sigue lleno de desigualdades, a las que es necesario hacerles frente con las capacidades que bien poseen todas las mujeres.
“Quiero que mis hijas sepan que si lo haces con el interés de sentirte satisfecha, a lo mejor eso repercute en otros espacios, no trabajar para ganar dinero, que sí, que es necesario, vivimos para eso, pero que se den la oportunidad de soñar un poco que a lo mejor hay que seguir rompiendo ciertos hechos de cristal o de cemento que para mí fueron muy difíciles, que los tuve que romper ya con una edad mayor, y que mis hijas y todas ustedes piensen desde los 20 años que pueden hacerlo porque las mujeres somos muy inteligentes, muy autónomas, muy capaces, y todavía vivimos unas desigualdades tremendas”, concluyó.
CQ