México. El himno perdido, la historia detrás del símbolo nacional

Lo que comenzó como un reportaje de Federico Vale pronto se transformó en una investigación histórica de largo aliento: los himnos que no ganaron.

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Ciudad de México /
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Durante décadas, la historia del Himno Nacional Mexicano pareció estar contenida en una partitura y en unos cuantos datos oficiales; detrás de sus estrofas, sus notas y su solemne presencia en las ceremonias cívicas existe una historia mucho más compleja: la de un concurso olvidado, decenas de creadores relegados y un conjunto de documentos que terminó disperso en distintos archivos.

El investigador y periodista Federico Vale se acercó a este tema en 2014, cuando por su experiencia en la fuente cultural, realizó un programa sobre el Himno Nacional.

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Ahora cuenta la historia sobre los himnos que no ganaron la convocatoria de Antonio López de Santa Ana de 1853. Y lo hará acompañado del Ensamble de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Ciudad de México, que interpretó algunas de esas partituras, el 3 de septiembre en la Fundación Miguel Alemán, en Rubén Darío, en la colonia Chapultepec.

Este recorrido musical e histórico también lo compartirá en dos conferencias magistrales: el 11 de septiembre, en el CEPE de la UNAM, en Taxco; y el 30 de septiembre, en el Alcázar del Castillo de Chapultepec, a las 12:00 horas.

Vale relata que cuando inició su indagación, la información era escasa, los documentos no se encontraban reunidos en un solo recinto y las pistas aparecían fragmentadas en el Diario Oficial de la Federación, bibliotecas y archivos históricos.

La investigación reveló que la creación del himno fue un proceso de dimensiones mayores. En la convocatoria participaron 25 creadores literarios y 16 músicos, reconocidos en sus respectivos ámbitos. “Muchas de las obras que no resultaron ganadoras no fueron descartadas por su falta de calidad, sino por su complejidad, elaboración y carácter operístico, rasgos que dificultaban su interpretación y comprensión en el México de mediados del siglo XIX”, comparte.

Reconstruir esta historia implicó seguir una doble línea del tiempo: la del Himno Nacional y la de los documentos que permitieron recuperar su memoria. El resultado es también una invitación a escuchar de nuevo aquellas partituras, comprender el contexto en el que surgieron y valorar la dimensión artística, política e histórica de uno de los símbolos más importantes de México.

“En una entrevista que realicé, en 2014, siendo director del sistema de radio y televisión del GDF de entonces, y por mi experiencia en la fuente cultural, realicé un programa sobre este tema. No pude creer la poca información que existía al respecto y me di cuenta de que esta empresa no era para un reportaje, era para un libro: una investigación mucho más profunda, seria y prolongada”.

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Dos concursos

En las pesquisas se encontró que fue una convocatoria con dos vertientes: primero, la literaria, con base en el texto ganador; y en segundo lugar, estaban las versiones musicales; la entrega no fue letra y música.

“Habían concursado 25 creadores literarios y 16 músicos. Todos ellos eran figuras destacadas en su ámbito, desafortunadamente perdieron y los propios autores no les dieron la trascendencia que correspondía y prácticamente los olvidaron”.

Como investigador histórico, dice que no se deja llevar por la óptica u opiniones de algún personaje famoso, de manera positiva o negativa, sino por el hecho histórico.

México había perdido cinco años atrás más de la mitad de su territorio y era necesario convocar a la unidad del país, fortalecer nuestra sociedad y patriotismo, apoyarnos en todos los sentidos —recapitula—. Ese era el contexto de México en ese momento. Santa Anna encargó al ministro del interior, Miguel Lerdo de Tejada, este importante hecho”.

En este proceso descubrió que los talentosos autores no le dieron el valor suficiente a su trabajo y los destinaron al olvido.

“Es importante destacar que no perdieron por malos, sino por muy elaborados y fastuosos, complejos y bellos, con matices operísticos, difíciles de comprender en ese momento histórico —recalca Federico Vale—. También hay que recordar que no había energía eléctrica como la conocemos hoy, así que la música se escuchaba en vivo en parques y festivales, y en ocasiones, en casas donde contaban con instrumentos para interpretar las obras, no era tan fácil”.

Justo por esto, asegura a MILENIO, es de mayor relevancia el rescate de las partituras, su ejecución e interpretación, que se conozca el proceso de tan importante hecho y quede comprobado lo bello y majestuoso del Himno Nacional.

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Una investigación detectivesca

Recuerda que la información no estaba en un sólo recinto ya que se había separado, aunque no de manera deliberada, sino por razones de logística.

De manera que tuvo que hacer una línea de tiempo de la historia del mismo himno y otra de la investigación, para lograr un mejor entendimiento

“Todo comenzó cuando descubrí en el Diario Oficial de la Federación la publicación de la convocatoria; ese hecho me abrió el tema, puesto que me daba una pista de por dónde continuar este proceso”, recuerda.

Uno de los hallazgos que más le entusiasmó es que en el archivo también encontró la publicación original de la letra completa en el DOF. “Los sobres originales, con sus respectivos epígrafes, los rescaté en la biblioteca Orozco y Berra, en Tlalpan. Habían permanecido en algún momento en el Museo Nacional de Historia, en el Castillo de Chapultepec, y, por razones de espacio, trasladaron varios archivos a la biblioteca en Tlalpan”, cuenta.

Fue complejo dar con el paradero de todos los documentos involucrados, dando como resultado, una investigación que se fue armando como un rompecabezas.

Una vez reunidas las letras y las partituras de todos los himnos concursantes, su idea ha sido presentarlos en diversos lugares del país, para que sean conocidos y difundidos como una parte relevante de la historia de México.

Destacando, por supuesto, el Himno Nacional que resultó ganador del certamen y cuyo estreno tuvo lugar el 15 de septiembre de 1854 en el teatro Santa Anna, en aquel entonces Teatro Nacional, ubicado en lo que hoy es el Banco de México.

“El director de la Orquesta de la Ópera de México era Giovanni Bottesini, quien por cierto, era una celebridad musical mundial y dirigía la mencionada agrupación. Incluso él concursó para la música del himno mexicano, pero sin suerte”, relata.

El Himno Nacional se hizo constitucional por mandato del presidente Ávila Camacho en 1943. Estaba en pleno la Segunda Guerra Mundial, por lo que solicitó todo lo referente al himno nacional.

“Buscaron la partitura original de Jaime Nunó, con la letra de Francisco González Bocanegra, que había integrado justamente Nunó; era una sola partitura donde venía específicamente cómo interpretar la música y letra en un mismo documento”.

Tras elevar el Himno Nacional mexicano a nivel constitucional, se dio paso posteriormente a la Ley de uso de los símbolos patrios, vigente hasta nuestros días.

hc

  • Leticia Sánchez Medel
  • letymedel@yahoo.com.mx
  • Reportera cultural, cursó la maestría en Periodismo Político, es autora de tres libros sobre la historia inédita del Cervantino.

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