Javier Camarena: su Veracruz canta en Chapultepec

El tenor abrió la edición 37 de la Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia con un concierto memorable que conjuntó ópera, huapangos y canciones populares mexicanas, especialmente de Veracruz, invitado de honor junto a Francia.

Como acostumbra en sus conciertos, el tenor pidió al público hacerle coros en la alegre “Funiculì-Funiculà”. (Foto: Octavio Hoyos)
Ciudad de México /
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Cuando el tenor Javier Camarena, quien ha pisado los escenarios más famosos del mundo como el Metropolitan Opera de Nueva York, apareció en el patio central del Museo Nacional de Antropología, el público no sólo reconoció al tenor veracruzano de proyección internacional, sino al hijo musical de una tierra que en este día era protagonista de la Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia (FILAH) junto con Francia, como invitados especiales.

La Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX) afinó el último acorde de preparación y, en ese instante, el murmullo se apagó, era como si el museo entero, custodio de vestigios milenarios, se dispusiera a escuchar una de las voces más celebradas de México.

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Camarena puso a bailar y a cantar a los asistentes, nacionales y extranjeros, que acudieron a la apertura de la FILAH, cuya edición 37 tendrá lugar hasta el 23 de agosto.

Tras el acto protocolario de inauguración del encuentro editorial, artístico y académico llegó el momento esperado: la Orquesta Sinfónica de Xalapa desplegó las primeras notas y apareció el tenor con su voz impecable y ese fraseo que convierte cada palabra en caricia que dejó que sus interpretaciones de ópera, huapangos y canciones populares mexicanas, especialmente del estado de Veracruz, se escucharan en cada sala del recinto.

Camarena se presentó como “orgullosamente jalapeño” y agradeció estar en el museo: “Es un honor y un placer estar en la inauguración de la FILAH. Me acompaña la maravillosa Orquesta Sinfónica de Xalapa”.

Compartió parte del repertorio que más disfruta, como un aria de Romeo y Julieta, melodía que lo envolvió antes de lanzar la primera línea. No fue un inicio, fue una llegada, la de un veracruzano que desde Europa vuelve a casa, aunque esa casa, por unas horas, tuviera por techo el cielo de Ciudad de México.

Con el acompañamiento de la OSX cantó “La danza”, de Rossini, una canción cómica que alegró a los presentes, con quienes interactuó, pues les pidió que prácticamente se convirtieran también en cantantes: “Necesitamos un coro, la canción es mundialmente conocida, yo canto una parte y ustedes repiten el final de la frase”. Muchos sonrientes, otros con pena, pero la mayoría improvisó para asumirse como tenores o sopranos y entonar “Funiculì-Funiculà”, de Luigi Denza.

En una tarde radiante, el tenor dedicó la canción “Mi amor por ti”, del compositor Miguel Pous, a su esposa Marisol –la madre de sus hijos Braulio y Diana–, quien con una sonrisa cómplice le agradeció y no dejó de aplaudirle.

El programa incluyó una de las interpretaciones más famosas de la Sonora Santanera, que tanto le “encantaba a mi abuelita y por eso la recuerdo con mucho cariño: ‘Perfume de gardenias/tiene tu boca/ bellísimos destellos/ de luz en tu mirar/ tu risa es una rima/ de alegres notas…’”

Abrazo sonoro

Por supuesto que su interpretación de los boleros de Agustín Lara puso a todos a cantar apenas escucharon los primeros acordes de “Veracruz”, con arreglos de Ángel Rodríguez.

Autoridades e invitados en el acto inaugural de la feria. (Foto: Octavio Hoyos)

“Veracruz, rinconcito donde hacen su nido las olas del mar”. Cada sílaba parecía dibujar el malecón, el zócalo, el olor a café y a sal, la luz dorada que baña los balcones del centro histórico del puerto jarocho. La voz de Javier Camarena no necesitó gritar para llenar el patio, bastó con dejar que la emoción hiciera su trabajo, mientras la OSX armonizaba un tapiz musical que oscilaba entre la ternura del bolero y la solemnidad de un himno.

Hubo un compás, justo antes del estribillo, que el público de la FILAH, integrado por estudiantes, investigadores, familias, amantes del libro, respondió. Algunos tararearon, otros se atrevieron a cantar en voz baja, y por un momento “Veracruz” dejó de ser únicamente una canción para convertirse en un coro colectivo, en un abrazo sonoro entre el puerto y la capital del país.

Javier Camarena, con esa sencillez que lo caracteriza, sonrió y dejó que esa ola de voces lo sostuviera, fue como si el tenor quisiera decir, sin palabras, que esa canción no le pertenece sólo a él, sino a todos los que llevan a Veracruz en el alma. La OSX, sensible a ese clima, matizó la dinámica al tocar: ni tan fuerte que opacara al público, ni tan tenue que perdiera el hilo, fue un acompañamiento perfecto.

Posteriormente, invitó al escenario a la agrupación Tlenhuicani, dirigida por el maestro Alberto de la Rosa, que atrajo las miradas y los aplausos de la audiencia al interpretar “La bamba”.

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Para cantar con ellos, Camarena apareció en el escenario portando una guayabera y entonó “Serenata huasteca”, de José Alfredo Jiménez: “Canto al pie de tu ventana/ Pa’ que sepas que te quiero/ Tú a mí no me quieres nada/ Pero yo por ti me muero…”.

También interpretó acompañado por el arpa y la jarana del grupo Tlenhuicani, “El cascabel”, “La bruja” y “La cigarra”; entonces dijo que él quiere “morir cantando/ como muere la cigarra”.

Cuando llegó el último acorde, con su interpretación de “Solamente una vez”, de Agustín Lara, el patio estalló con bravos y vivas. No fue un aplauso protocolario de inauguración, fue un aplauso largo y sentido. Javier Camarena se inclinó y agradeció con la mirada. Antes de que el aplauso terminara, ya se sentía el eco de esa canción recorriendo los pasillos del museo para mezclarse con el rumor de los puestos de libros.

La actuación de Javier Camarena fue la carta de presentación musical de Veracruz como invitado de honor, un puente entre el patrimonio escrito de la FILAH y el sonoro de un estado que, a través de Agustín Lara y Javier Camarena, le recordó a México que la cultura también se canta. Y en esa tarde de agosto, con Francia al lado como testigo de lujo, en un año que celebra 200 años de relaciones diplomáticas entre México y Francia, el patio del Museo Nacional de Antropología fue, por unos minutos, un pedacito de puerto y de emociones inconfundibles que sólo Veracruz sabe provocar.

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BSMM

  • Leticia Sánchez Medel
  • letymedel@yahoo.com.mx
  • Reportera cultural, cursó la maestría en Periodismo Político, es autora de tres libros sobre la historia inédita del Cervantino.

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