'Juguetes rotos', la obra de teatro que combate el discurso de odio

La obra, escrita y dirigida por Carolina Román, es uno de los platos fuertes del Festival Cervantino.

Permite a los asistentes trasladarse en el tiempo a la época de la represión de la España franquista. (Festival Cervantino)

Leticia Sánchez Medel

La edición 49 del Festival Internacional Cervantino se preparó para recibir a quienes se atrevieron a viajar o a salir de sus casas para reencontrarse con las mejores expresiones escénicas del orbe.

Es el caso de la compañía española Rokambolskas, que viajó a México con la impactante obra Juguetes rotos (2017), de Carolina Román.

Ver a Nacho Guerreros y a Kike Guaza en el escenario del Teatro Principal, bajo la dirección de la propia Carolina Román, permite a los asistentes trasladarse en el tiempo a la época de la represión de la España franquista, de la década de los 70 del siglo pasado.

En ese tiempo, donde asumirse como homosexual era tipificado por la ley como ser un maleante, el valiente que desafiara al poder y a la sociedad estaba destinado a la represión y hasta la muerte, porque en los años 70 del siglo pasado en la dictadura de Franco se vociferaba: ¡En España no hay maricones!


El diseño de la escenografía, la iluminación, y el vestuario a cargo de Alessio Meloni, de David Picazo y de Cristina Rodríguez, respectivamente, logran en conjunto diversas atmósferas para abordar, analizar y cuestionar ese discurso de odio en el que era prácticamente imposible asumirse como una persona homosexual, en contra de la tradicional impuesta por la religión católica.

Juguetes rotos, que tiene más de dos años de escenificar con una respuesta muy favorable tanto del público como de la crítica especializada, se ha hecho merecedora de premios como lo mejor del teatro español en 2018 y 2019.

La peso de los prejuicios

Mario, quien es incomprendido y no termina de autoaceptarse, se ve obligado a dejar su tierra natal, a tomar un rumbo distinto. Parte a Barcelona huyendo de los prejuicios, donde conoce a Doring, quien se asume como homosexual y le ayuda a Mario con su mundo de dudas, a asumir su historia y el gusto por la vida que le permitirán transformarse.

Cualquier parecido con la realidad, no es coincidencia: en México las personas todavía siguen siendo señaladas, abusadas y perseguidas como lo expone la obra de teatro Juguetes rotos.


El montaje plantea las dos caras de la situación: de un lado a Mario, que se reprime por los convencionalismos sociales, y del otro extremo a Doring, quien vive de manera plena su sexualidad, simplemente por la educación de su padre, que era republicano, y se lo dice a Mario tal cual: “Mi padre decía que era mejor tener un hijo como yo, que a un hijo cura”.

Pese a las pláticas, al ánimo que le daba a Mario no era suficiente para que diera el paso decisivo. Lo que le cambió la vida a Mario fue una llamada, una triste llamada: la muerte de Doring, que le dolió en el alma, pero que le permitió “romper las cadenas de los prejuicios”.

Medidas sanitarias

El retorno al teatro en la 49 edición del Festival Internacional Cervantino ha sido tímido; los organizadores prefirieron reducir los aforos que arriesgarse a ser un foco de contagio. Establecieron estrictas medidas sanitarias y clausuraron algunas filas de butacas para impedir que los espectadores se sienten uno al lado del otro, como lo hacían antes de la pandemia del coronavirus.

En las funciones de Juguetes rotos se percibe un ambiente extraño al ver a un público reducido, el cual es distribuido de manera estratégica en todo el Teatro Principal, uno de los dos únicos foros cerrados (Teatro Juárez) que estará ofreciendo espectáculos de aquí y hasta el 31 de octubre.

La obra Juguetes rotos, escrita y dirigida por Carolina Román, es uno de los platos fuertes del Cervantino que también se presentará los días martes 19 y miércoles 20 de octubre a las 20:30 horas en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, ubicado en la calle de Donceles 36, en el Centro Histórico, de la Ciudad de México.

yhc

NOTAS MÁS VISTAS