Mirar más allá de la arquitectura y el ornamento para que el espectador regrese a la intimidad de una época es la línea de la exposición El arte nuevo. Simbolismo y art nouveau en México, a inaugurarse mañana en el Museo Kaluz.
De acuerdo con Miguel Fernández, director del recinto, el punto de arranque de la exhibición, que se podrá visitar hasta el 8 de marzo, es mostrar cómo las corrientes del simbolismo y el art nouveau fueron exploradas en México e influyeron en la cultura artística de finales del siglo XIX y principios del XX.
Con pinturas, dibujos, grabados, revistas, películas, videos y representaciones que dan cuenta de los registros de ambas épocas, se presentan obras de artistas como Saturnino Herrán, Germán Gedovius, Roberto Montenegro, Alfredo Ramos Martínez y Julio Ruelas, que son un ejemplo de un diálogo establecido entre esas corrientes estéticas y la transformación económica, artística y cultural de México.
La lectura que ofrece la curaduría es que los artistas mexicanos fueron capaces de crear su lenguaje con una adaptación de estas estéticas globales.
Roxana Romero, coordinadora de mediación y programas públicos del Museo Kaluz, dijo que la exposición es una invitación a reconocer que la modernidad dejó su huella en el diseño, la arquitectura, la música, la pintura y la memoria urbana de Ciudad de México.
“La idea es sacar al museo y meter a la ciudad, es decir, salir de las salas y caminar por el Centro Histórico para descubrir que el art nouveau sigue presente en fachadas e interiores de los edificios a pesar de que muchos inmuebles han desaparecido”.
La exposición está ambientada con música de la época, piezas que se relacionan con los núcleos temáticos. También se editó un catálogo que reúne investigaciones de Javier Guzmán, Hugo Arcieniega, Pedro Luna y otros asesores del proyecto.
La urbe como obra artística
El Palacio de Bellas Artes, proyectado en su momento como Teatro Nacional, es el máximo representante del art nouveau en México y la exposición le dedica una sala especial.
Se ven planos, bocetos, fotografías y acuarelas del inmueble, que empezó su construcción en el siglo XIX y concluyó en la primera mitad del XX. Destaca una fotografía de la cortina Tiffany que luce su sala principal, además del plano original de Adamo Boari, que contemplaba un invernadero y un museo del libro.
Su propuesta arquitectónica se extendía al ámbito de lo urbano, en parques y otros espacios públicos porque se buscaba una democratización de la belleza.
También se rescata la historia de la Casa Requena, ubicada en la calle de la Santa Veracruz, en la colonia Guerrero, construcción también identificada como otro de los máximos ejemplos del art nouveau. Y aunque se encuentra prácticamente en ruinas, gracias a fotografías, muebles, objetos y obras de arte se puede ver la riqueza decorativa que resguardó.
Destaca el retrato de Pedro Requena Legarreta, realizado por Alfredo Ramos Martínez, cuyo marco es una lira con cuerdas rotas en alusión a la muerte temprana del poeta, hijo de José Luis Requena, quien mandó a edificarla. También la pintura Los fantasmas de la Casa Requena, del José García Ocejo.
Antes del recorrido por la exposición se proyectó un video inspirado en el texto “Tránsito, si demoras”, del arquitecto Carlos Mijares Bracho.
El video dirigido por Luis Villalobos muestra 22 inmuebles que aún permanecen de pie y que pueden visitarse para observar sus detalles, estilo y decoración: Palacio de Bellas Artes, Museo del Chopo, Museo del Estanquillo.
Romero explicó la importancia de resignificar ese patrimonio arquitectónico, dado que mucho se ha perdido por el desarrollo de la ciudad y la falta de conocimiento acerca de su valor. “En aquellos años se construía la nación moderna con un discurso político sobre cómo deberían ser los edificios públicos y privados de carácter residencial”, finalizó.
BSMM