La utopía y el jardín

Escolios.

Lewis Mumford.
Ciudad de México /

En el ya muy próximo 2016 se celebrarán los 500 años de que Tomás Moro, mediante su explorador Rafael Hitlodeo, diera a la humanidad las primeras noticias acerca de la isla de Utopía. La utopía es un género grato donde se dan la mano la imaginación literaria y la inventiva social. Mediante una escritura mixta, que a menudo se presenta como ficción, el utopista critica su sociedad y propone formas justas y armónicas de convivencia. No es poca la imaginación de urbanista, el oficio técnico y el sentido práctico que se necesitan para hacer una utopía sólida, es decir, verosímil, pese a su carácter ficticio. Así como el novelista debe conocer los paisajes que describe y los oficios de sus personajes imaginarios, el utopista debe tener el realismo suficiente para trazar los planos, los modelos de orden político, los arreglos jurídicos y la división del trabajo de su ciudad ideal. No es extraño que muchos de los grandes utopistas, aparte de notables escritores, hayan sido políticos (como Tomás Moro) o pequeños negociantes (como Charles Fourier). En su libro, Historia de las utopías, (Pepitas de calabaza, 2015), el inclasificable humanista norteamericano Lewis Mumford (1895–1990) hace una brillante evaluación de la tradición utópica conocida hasta su época (el libro fue concebido en 1922, cuando el autor contaba con apenas 27 años). Como especialista en urbanismo y hombre pragmático, Mumford juzga la utopía no solo por su fama póstuma, sino por la solidez de su planteamiento urbano. Con este criterio, elabora un canon personal de utopías y no duda en descalificar prestigios, como los de Campanella y Bacon, a favor de utopistas menos conocidos, pero más organizados y meticulosos.

Escrita con una precoz y desenvuelta erudición, esta historia comienza con los antecedentes utópicos de la República platónica, pasa por las utopías del Renacimiento y se demora en las que propicia la Revolución Industrial. Mumford advierte el carácter multiforme y la evolución de este género de filosofía–política–ficción, que pasa del relato casi fantástico renacentista a los proyectos detallados de comunidades y falansterios del socialismo utópico del siglo XIX. Por lo demás, advierte sobre el desarrollo, en los albores del siglo XX, de una estrafalaria aleación entre la utopía, la ideología política y el mercantilismo. Mumford valora el extraordinario acervo axiológico y práctico que contiene la tradición utópica, aunque es precursor en alertar de los peligros del género (las utopías políticas totalitarias apenas despuntaban cuando lo escribió), pues dado que la utopía es un modelo hecho para auto-perpetuarse, puede acabar por desplazar al individuo. De este bello y actual libro pueden desprenderse dos indispensables estrategias de lectura para la utopía: uno, leerla como género literario y no como prescripción literal y, dos, más que pretender imponer la utopía a la humanidad, cultivarla primero en nuestro jardín.

  • Armando González Torres
  • Armando González Torres. Ha ganado varios premios literarios. Es autor de alrededor de 20 libros, como los de poesía Los días prolijos y La peste, y los de ensayo y aforismo La lectura y la sospecha y Sobreperdonar.

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