Alberto Sicilia Falcón: “La DEA es como la Santa Inquisición”

Doble filo

El famoso narcotraficante cubano-mexicano del siglo pasado obtuvo mayor notoriedad luego de escapar del penal de Lecumberri a través de un túnel y ser recapturado con prontitud.

Alberto Sicilia Falcón, narcotraficante cubano arrestado en México en los años 70. (Archivero)
Ciudad de México /

I

Hubo un tiempo en el que existieron sagradas reglas no escritas dentro del periodismo mexicano. En aquel entonces no era muy bien visto publicar artículos o reportajes que estuvieran apoyados únicamente en “fuentes bien informadas”, “mis contactos” y otros personajes etéreos similares. Hoy parece válido saltarse las trancas y hasta publicar libros sin sustento acerca de cualquier tema.

El cubano-mexicano Alberto Sicilia Falcón fue detenido en julio de 1975, en una casa del Pedregal de San Ángel de la Ciudad de México, acusado de tráfico de drogas a gran escala, portación ilegal de armas y falsificación de documentos. En abril de 1976 se fugó del penal de Lecumberri a través de un túnel de 40 metros de largo que daba a una humilde casa ubicada en la Tercera Cerrada de San Antonio Tomatlán.

En marzo de 1988 Sicilia Falcón estuvo en huelga de hambre y en abril de ese año me recibió en la oficina del entonces director del penal de Santa Martha Acatitla, quien fue testigo mudo de la plática.

De entrada, Sicilia comentó que su huelga de hambre había sido motivada por dos razones: “un pequeño problema de orden disciplinario que tuve aquí en la cárcel y, por otra parte, quise llamar la atención sobre mi situación jurídica”.

Se quejaba de que lo querían juzgar dos veces por un mismo delito y de que la Suprema Corte de Justicia llevaba seis años sin resolver un amparo que él había interpuesto a través de sus abogados.

Según el entrevistado, su mayor problema era que la DEA ejercía presión para que no saliera libre: “La DEA es como la Santa Inquisición, que en un principio servía a un propósito y al final terminó siendo la mancha más oscura en toda la historia de la Iglesia Católica. La resolución de mi caso se ha retrasado porque la DEA ejerce una presión enorme no sólo en México sino en todos los países de Latinoamérica. Ellos fueron los que iniciaron la investigación. Tenemos que partir del principio de que las personas que trafican con enervantes están fuera de la ley, pero en muchos casos los norteamericanos también están infringiendo la ley para llevar a proceso a sus acusados”.

II

La primera vez que fue detenido Alberto Sicilia Falcón, su caso se volvió mediático porque era amigo (o algo más) de Irma Serrano, La Tigresa. En su momento se dijo que la casa del Pedregal que él rentaba pertenecía a esa cantante y actriz, pero ella siempre dijo que la dueña del espacioso inmueble era Dolores Olmedo, quien supuestamente también se enamoró del cubano.

Según Irma Serrano, su amiga Dolores Olmedo consentía tanto a Sicilia Falcón que hasta le prestó caballos para que practicara equitación.

Sin saber lo anterior, le pregunté a Sicilia Falcón si había sufrido una fractura en una pierna antes o después de ser detenido. Dijo con buen humor: “Me cayó un caballo encima, me operaron en el Hospital Español y saliendo me cayó un elefante con la forma de la Procuraduría General de la República”.

III

Nacido en Matanzas, Cuba, en 1945, siendo aún adolescente, Sicilia Falcón se sumó a las protestas contra el dictador cubano Fulgencio Batista. Sin embargo, muy pronto se desilusionó del triunfante régimen castrista y viajó a Miami, donde se unió temporalmente a los contrarrevolucionarios. Cuando hablé con él, comentó socarronamente: “En el momento que me dediqué al tráfico de mariguana, me decidí a luchar por la república libre y soberana de Alberto Sicilia”.

Le comenté que también lo habían acusado de tráfico de cocaína y posesión ilegal de armas. Sin inmutarse, respondió: “Sí trafiqué con mariguana pero nunca cocaína, heroína o cualquier otro tipo de droga dura. Nunca se me detuvo en posesión de ningún tipo de droga ni de armas”.

Cuando dije que traficar con varias toneladas de mariguana implicaba tener una red criminal muy grande, se defendió así: “No necesariamente. Cuando cometí los ilícitos no se tomaba mucho en cuenta a la mariguana, y la cocaína apenas era conocida. Nunca soborné a nadie ni he tenido relación con ningún tipo de oficiales del gobierno mexicano o de algún otro país. Antes usted llenaba de mariguana la cajuela de su coche y ni siquiera se la abrían para verla al pasar la frontera. El comercio de enervantes ha tomado un cariz político y a mí se me sigue juzgando por la situación actual”.

IV

Al abandonar el movimiento anticastrista en Miami, Sicilia Falcón recibió presiones y amenazas que lo llevaron a radicar en Tijuana. Hizo buenos negocios inmobiliarios y otros relacionados con la exportación de maricos. Existe la leyenda de que en esa ciudad fronteriza organizaba grandes fiestas a las que asistían políticos, empresarios y celebridades de todo tipo; también reventones parecidos en Acapulco, Guerrero, estado que al parecer lo proveía de una buena parte de la mariguana que traficaba. Sinaloa (¡ejem, ejem!) también era un gran productor de cannabis, pero quienes la manejaban en ese estado de la República eran sus competidores.

Alberto Sicilia Falcón fue detenido cuando apenas tenía 30 años de edad y en el momento de la entrevista ya llevaba casi 13 años recluido en diversos penales. Cuando le dije que tenía buen semblante a pesar de la reclusión, respondió con sarcasmo: “Esto es como un refrigerador de reses”.

Al decirme que él había sido condenado a 20 años de prisión y que ya debería estar fuera de la cárcel si le dieran los beneficios que ofrecía la ley por buen comportamiento, comenté que tal vez su fuga del Palacio Negro le restaba méritos. Replicó: “La Constitución consagra el derecho a conseguir la libertad siempre y cuando no se dañe a terceros en el proceso. Yo no dañé a nadie. Por la horadación en el piso de la cárcel me añadieron cuatro meses de cárcel y pagué una multa”.

V

Sicilia Falcón me dijo que intentó suicidarse “cuando era sometido a torturas en los separos que tenía la Procuraduría General de la República en la calle de Valerio Trujano”.

Al preguntarle cómo recordaba la tortura, comentó: “Es muy traumatizante cuando se le niega el menor derecho a un individuo. Toma tiempo normalizar el sistema nervioso”. Quise saber si requirió tratamiento psiquiátrico y él contestó: “Creo que uno mismo tiene que curar sus propias dolencias”.

Le pregunté qué había aprendido en prisión después de tantos años: “En la cárcel se conoce intrínsecamente al ser humano. Se conoce el comportamiento de los animales en cautiverio. Se valora la libertad. Desde aquí se tiene una perspectiva de la sociedad muy diferente. En el penal nosotros somos una sociedad en miniatura. También aquí se sabe si uno tiene amigos o no. Con el paso de los años se es muy afortunado si se tiene a tres amigos de verdad”.

Me dijo que a diario hacía un poco de ejercicio y que la mayor parte del día se la pasaba leyendo. ¿Qué lee?, pregunté: “De todo, menos novelas”. ¿Y qué estudió de joven?: “La carrera se llama en Estados Unidos Liberal Arts, una especie de humanidades, algo que te convierte en aprendiz de todo y oficial de nada”.

Sicilia Falcón recuperó la libertad en 1999 y desde entonces desapareció del radar público. Si acaso vive, tendría 81 años de edad.

VI

En la primera temporada de la serie Narcos: México, el actor puertorriqueño Luis Roberto Guzmán interpretó al narcotraficante Alberto Sicilia Falcón, alias Falcón. Entre ambos sí existe cierto parecido, aunque la historia que ahí se cuenta es totalmente descabellada, tal como sucede en muchos best sellers basados en “mis contactos” y “fuentes bien informadas”.

AQ / MCB

  • Fernando Figueroa
  • Estudió periodismo en la UNAM y es autor de El mejor oficio del mundo. 60 entrevistas, libro de charlas con personajes de la cultura, espectáculos y deportes, realizadas durante cuatro décadas.

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