Un brindis por las bellas letras

Toscanadas

"Si hemos defendido el buen libro y las buenas lecturas como la única salvación del ser humano, ¿por qué habríamos de fuyir ante un riesgo de enfermedad?"

Algunos lectores y escritores valientes se dieron cita en la edición 2020 de la UANLeer. (Cortesía: Cultura UANL)

David Toscana

He vuelto a un Madrid de calles vacías. Su bullicio es ahora silencio, apenas roto por las sirenas y por mi vecino que no para de ver la tele. O tal vez murió con el aparato encendido. Estuve hasta el domingo 15 en Monterrey, en la feria del libro Uanleer2020. Hubo varios escritores que cancelaron su presencia por temor al virus. Otros nos presentamos con mayor aliento.

Si hemos defendido el buen libro y las buenas lecturas como la única salvación del ser humano, ¿por qué habríamos de fuyir ante un riesgo de enfermedad? Y, por supuesto, nuestra presencia tuvo la compañía de un público apasionado por los libros. Les aplaudo. También aplaudo al rector de la UANL, Rogelio Garza Rivera; al jefe de extensión cultural, Celso José Garza; al director de la feria, Antonio Ramos Revillas; y a los muchos colaboradores, que no flaquearon ante el virulento amago.

Ahí estuvo en la vanguardia el buen Marcelo Uribe, que celebra los sesenta años de esa joya editorial llamada Era; estuvieron Margarita de Orellana y Alberto Ruy Sánchez, editores de Artes de México, una revista bella, reveladora y sabia que, no sólo divulga el patrimonio cultural de México, sino que se convirtió en patrimonio cultural de México.

Al pie del cañón letrístico estuvieron Elsa Cross, Socorro Venegas, Luis Jorge Boone, Coral Bracho, José Javier Villarreal, Joumana Haddad, Ana García Bergua, Eduardo Antonio Parra, Ramón López Castro y los Mancuspios, entre otros.

Por la parte visual, Diego Osorno proyectó su interesante documental sobre el explosivo poeta Samuel Noyola; el cautivador fotógrafo Rogelio Cuéllar mostró en El rostro de las letras casi un centenar de fotografías de escritores; y, tengo que decirlo, la artista Sarah Kuźmicz presentó una exposición pictórica rostros inquietantes.

Como los libros van muy bien con la música y el vino, el oído se regodeó con Zuaraz, y con Litto Nebbia, quien sabía que recién había muerto en Madrid por causa del virus de marras un músico que había tocado con él.

Hubo editoriales que cancelaron la presencia de sus escritores, porque les preocupaba la salud de sus autores, o quizás porque notaron que habría poco público y ventas, pues que yo sepa los escritores son adultos y pueden decidir por sí mismos.

Yo no sé quiénes de los que asistimos descubramos en unos días que somos virupositivos. Sería un gaje del oficio. Sería la voluntad del azar y el estornudo; de la afición por estrechar las manos y ponerlas sobre hombros ajenos al posar en grupo para una foto. Por lo pronto alzo la copa una vez más por los lectores de buena literatura, los editores también de buena literatura y los escritores de esa misma calaña. Brindo por las bellas letras, que es tanto como brindar por la vida. Salud.

SVS | ÁSS

NOTAS MÁS VISTAS