Deseo, exilio y madurez: ‘El cielo está vacío’, de Sara Jaramillo Klinkert

Reseña

Sara Jaramillo Klinkert explora el deseo, el exilio y las relaciones de poder en una novela donde el amor, la escritura y la identidad se forjan entre la adversidad.

Portada de ‘El cielo está vacío’, de Sara Jaramillo Klinkert. (Lumen)
César Gándara
Ciudad de México /
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Una mujer madura recibe inesperadamente un mail de un antiguo amante, quien le anuncia que va a estar en Colombia y desea verla. Ella duda, han pasado décadas y ahora está casada, estable. La última vez que lo vio, ella era una joven de veintitrés años que dejó su país para llegar a Inglaterra en busca de escribir una novela. Huía de un futuro ya escrito con Antonio, su prometido de aquel entonces, un hombre demasiado bello y demasiado rico que le ofrecía una vida ordenada, casa, hijos y la comodidad de una familia acomodada en Medellín.

La protagonista, de quien no sabemos su nombre, comienza a escarbar en sus recuerdos y nos narra cómo llega a ese país sin paraguas, sin dominar el idioma y sin una red de contención que la acompañe. Londres la recibe con lluvia permanente y con ese prejuicio que convierte a los colombianos en sospechosos criminales por su origen. No conoce a nadie, no tiene dinero, pasa hambre y sus únicos conocidos en ese nuevo mundo son un pandillero del barrio y un editor de periódico latinoamericano que le ofrece su primer trabajo después de muchas penurias.

En ese contexto aparece de la nada un hombre maduro en un museo gratuito donde ella se refugia para no mojarse. El hombre, a quien ella nombra como El inglés, es reconocido entre los suyos como un estudioso de las letras, seguro de sí mismo, y veinte años mayor. La distancia de la edad no frena la atracción, y lo que comienza como un juego de seducción va creciendo despacio, igual que una orquídea exótica que florece cuando nadie la espera.

La imposibilidad de comunicarse en dos idiomas no impide que la relación se vaya construyendo. Se plantea entre ellos una relación asimétrica en la que nunca queda clara la línea que divide la atracción, el deseo y la pasión frente a la necesidad, el hambre y la falta de una figura paterna. Y mientras, el lenguaje del cuerpo se abre paso.

Sara Jaramillo construye en El cielo está vacío un relato de formación que se toma su tiempo, la autora deja que su protagonista madure a través del roce constante con la adversidad. Es una novela donde el mundo le arrebata sus certezas, una por una, y en ese despojo se va formando su identidad. La protagonista llega a Inglaterra para escribir, pero ese país la despoja de las herramientas con las que pensaba hacerlo. El idioma no le pertenece, la ciudad no la reconoce, el frío y el hambre reducen su existencia a lo más básico. Y sin embargo, o precisamente por eso, escribe. Cuando el lenguaje verbal falla, Jaramillo apuesta por el lenguaje del cuerpo, y ahí es donde la prosa alcanza sus momentos más logrados.

Si algo queda flotando al cerrar el libro es la pregunta que la propia novela plantea sobre el juego de seducción: quién controla realmente la relación entre una joven autoexiliada y un hombre poderoso, y quién arriesga más. Jaramillo sostiene la ambigüedad en vez de resolverla.

AQ / MCB

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