Claudio Magris: fascinación por los abismos del tiempo

Reseña

Con su nuevo libro ‘Cruz del Sur. Tres vidas verdaderas e improbables’, el célebre triestino refrenda el músculo y la destreza adquiridos durante más de sesenta años de escritura.

Portada de ‘Cruz del Sur. Tres vidas verdaderas e improbables’. (Anagrama)
Héctor Orestes Aguilar
Ciudad de México /

Veinticuatro años después de la publicación en español de Otro mar, Claudio Magris regresa a nuestra lengua con un libro muy parecido, de cierto modo su segunda parte, donde se reconstruyen periplos sudamericanos de excéntricos europeos, marginados de los anales de la Gran Historia Universal. Si en aquel relato se abordaban narrativa y reflexivamente las incursiones por la Patagonia del filólogo goriziano Enrico Mreule, amigo del malhadado filósofo y pintor Carlo Michelstaedter, las páginas de Cruz del Sur. Tres vidas verdaderas e improbables (Anagrama, 2026, en la traducción de Pilar González Rodríguez) nos conducen de nuevo por esa región austral del continente americano, que para la mirada y el imaginario de los viajeros, cronistas y escritores europeos sigue siendo, a un tiempo, insondable y fascinante.

“Inescrutable es el pozo del pasado”, dice Magris, recordando a Thomas Mann, “especialmente cuando uno se pregunta por el pasado del hombre; cuanto más se excava en el mundo subterráneo del pasado, más insondables se revelan los albores de la humanidad, su historia, su civilización, y retroceden poco a poco hacia abismos sin fondo.” A sabiendas de lo anterior, del enorme desafío que plantea la reconstrucción convincente —literariamente convincente— de biografías inverosímiles, Magris se dedicó por casi dos decenios a escrutar los extraordinarios destinos de Janez Benigar, Orélie-Antoine de Tunens y Sor Angela Vallese, personajes que nunca coincidieron en tiempo ni espacio, pero que compartieron deslumbramientos, transformaciones y circunstancias críticas comparables en sus respectivos fines de mundo.

Al primero de esta muy extravagante triada es al que le dedica mayor atención y espacio el gran escritor triestino. Esto no es necesariamente por ser Benigar el más documentado de los protagonistas, sino por el hecho evidente de que, al ser esloveno, y al haber partido de Trieste hacia Argentina en 1908, le resulta mucho más próximo emocional y culturalmente a Magris. También resulta obvio que fue quien con mayor profundidad caló en la historia de su tierra de adopción y el que más huella ha dejado hasta nuestros días en la memoria histórica de su última patria. Cabe decir que la colectividad eslovena en Argentina es, después de la rusa, la minoría eslava más activa, visible y productiva del país, y que muchos políticos, intelectuales, artistas y académicos de origen esloveno han contribuido y siguen contribuyendo de manera notable a la civilización argentina. Finalmente, la de Benigar fue una aventura vital que compartió pulsiones con la del ya invocado Mreule: entre otras cosas, ambos se embarcaron en el mismo puerto para salir de Europa con menos de un año de diferencia, por lo que su peso mayoritario en el libro es irreprochable.

De acuerdo a Magris, Janez Benigar —quien terminará siendo llamado Don Juan; “El sabio europeo” en sus pagos de Neuquén; y “El sabio que murió sentado”, por su más íntimo biógrafo— era un austroeslavo nacido en Zagreb, nacido y criado en el mundo habsbúrguico, pero simpatizante de la unión de los eslavos del Sur, hombre minucioso, mesurado y rutinario, quien (y esto lo digo yo) como si fuera personaje de Arthur Schnitzler, un día de 1908 decide romper con el maléfico sonambulismo centroeuropeo que lo rodea y desde su modesta condición social (obrero, católico, soltero) zarpa a lo desconocido, arriba a un continente ignoto, rechaza la vida urbana, parte hacia la Patagonia y la Araucanía, se casa con una indígena mapuche y culmina un singular proceso de conversión. Como una parte muy estimable de los inmigrantes de esa época, nunca retornara al Viejo Continente, pero a diferencia de muchos de aquellos, no se involucrará de manera alguna en hechos de violencia ni de armas; no se entrega a una feroz “conquista de la Pampa”; no comparte el corazón aventurero de los soldados de fortuna, quienes, por lo general, se entregaron a un nomadismo hostil a las culturas locales, sino que logra integrarse como un sedentario, como agricultor hogareño y apacible. Un trotamundos que se transformará en etnógrafo, antropólogo e historiador de las costumbres patagónicas y araucanas, en un místico y esotérico defensor de los indígenas ante las injusticias de los gobiernos regionales y nacionales, de los ejércitos y los grandes terratenientes.

El segundo de los biografiados por Magris en Cruz del Sur es mucho más conocido que Benigar, pues incluso se han filmado películas acerca de su estrambótica historia de vida: La película del rey (1986), de Carlos Sorín; Le Roi de Patagonie (1990), filme para TV de Georges Campana y Stéphane Kurc; y Rey (2017), de Niles Atallah. Como apunta nuestro autor, tras sus huellas se lanzaron historiadores y narradores como François Gareyte; es a él a quien Saint-Loup y Jean Raspail recrearon en sus novelas, Le roi blanc des Patagons (1950) y Moi, Antoine de Tounens, roi de Patagonie (1981), respectivamente.

Orélie-Antoine de Tunens dista mucho, por tanto, de ser un caso secreto. Incluso la localidad de Tourtoirac, en Périgord, le dedica una fiesta anual, durante el mes de septiembre, con una visita y ofrenda floral a su tumba en el cementerio, cuya lápida lleva el título real, y con exposiciones y conferencias sobre su vida, en las que a menudo participan sus supuestos sucesores, pues el excéntrico personaje, abogado en la vida real, se proclamó Rey de Patagonia y Araucanía en territorio mapuche y tehuelche en 1860.

La delirante coreografía existencial del personaje sería un despropósito absoluto si no fuera porque representó uno de los momentos más insólitos del colonialismo francés en América Latina. Más bien, del anticolonialismo involuntario. De hecho, su figura ha tenido una relevancia lateral en la actualidad para las organizaciones sociales y políticas que reivindican los derechos humanos y civiles de los mapuches, sobre todo en Chile, donde —como bien registra Magris— la propia ex presidente Michel Bachelet se vio obligada a reconocer los atropellos históricos a los que ese grupo étnico ha sido sometido a lo largo de la historia.

Cruz del Sur cierra su centenar de páginas (y poco más) con uno de los capítulos más risueños de la bibliografía personal de Claudio Magris: “Monjas y pingüinos”, donde nos damos cita con una religiosa italiana de provincias, Sor Angela Vallese, quien, previsiblemente, debido a la combinación de sus hábitos, fue confundida por los indígenas onas, desde su llegada a la Tierra del Fuego el 20 de enero de 1880, con un ave marina sin plumas. Este segmento es particularmente entrañable para las lectores de Poe (“Arthur Gordon Pym”), Verne (La esfinge de los hielos), Lovecraft (En las montañas de la locura) y, sobre todo, de Daniele de Giudice (Horizonte móvil) , hermanazo de armas de Magris, recientemente fallecido, pues las referidas obras con sus penates, Claudio muestra el músculo y la destreza adquiridos durante más de sesenta años de escritura, un oficio ensayístico y narrativo admirable, que sus fieles celebramos por todo lo alto.


Claudio Magris, Cruz del Sur. Tres vidas verdaderas e improbables; Anagrama, Colección Panorama de Narrativas, 2026. Traducción de Pilar González Rodríguez.

AQ / MCB

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite